La Moraleja y El Soto forman una de las zonas residenciales más exclusivas del norte de Madrid, ya en el término municipal de Alcobendas y a pocos minutos de la A-1. Entre parcelas ajardinadas y calles sin tráfico viven empresarios, directivos y futbolistas de élite, un vecindario acostumbrado a mantener su vida social lejos de los focos y a elegir dónde sentarse con la misma cautela con la que se cierra un acuerdo. De esa rutina ha ido naciendo un pequeño ecosistema gastronómico en torno a la plaza de La Moraleja y sus calles inmediatas.
El criterio de esta selección no es la fama ni el número de estrellas, sino la capacidad de cada casa para acoger una comida privada: reservados o salas cerradas, servicio discreto, aparcamiento a la puerta y cocinas que aguantan mesas largas sin prisa. Hay parrilla pensada para grupos grandes, recetario gallego, carne a la brasa y hasta una sociedad gastronómica vasca donde se come a puerta cerrada. Son, en su mayoría, proyectos de socios hosteleros con oficio, algunos con nombres conocidos al frente.
2La Penela: el recetario gallego como sala de negociación
La Penela ocupa la Plaza de la Fuente con la calle Estafeta, en pleno corazón de La Moraleja, y es la delegación madrileña de una casa de comidas gallega nacida en Betanzos (A Coruña) en 1989 y desembarcada en Madrid en 2006. Su carta no busca fuegos artificiales: tortilla de Betanzos poco cuajada —tan jugosa que casi exige cuchara, en ración pensada para cuatro personas por 17,50 euros—, empanada artesanal, pulpo á feira con cachelos, merluza del pincho en caldeirada, callos con garbanzos y la ternera asada con patatas que funciona como sello de la casa. El producto llega de lonjas gallegas y de explotaciones agrícolas propias, y la bodega presume de un albariño Barallobre con D.O. Rías Baixas elaborado por la propia familia. El precio medio a la carta ronda los 40-60 euros.
Su verdadera singularidad está, sin embargo, en cómo trata a las mesas que no quieren llamar la atención. El local dispone de espacios versátiles para eventos y comidas privadas, servicio de aparcacoches y un equipo acostumbrado a clientes que llegan con coches oficiales y escolta. El propietario, Javier Simón, explicaba en El País que alrededor del 80% de las reservas de entre semana tienen que ver con negocios y que allí no aparece el famoso de foto fácil, sino «gente de otra esfera, más alta». En una de sus mesas cenó Mariano Rajoy la víspera de proclamarse presidente del Gobierno. La regla no escrita es la discreción absoluta: nadie escucha lo que se habla en la mesa, y de ahí que el recetario gallego actúe como auténtica sala de negociación.


