La Moraleja y El Soto forman una de las zonas residenciales más exclusivas del norte de Madrid, ya en el término municipal de Alcobendas y a pocos minutos de la A-1. Entre parcelas ajardinadas y calles sin tráfico viven empresarios, directivos y futbolistas de élite, un vecindario acostumbrado a mantener su vida social lejos de los focos y a elegir dónde sentarse con la misma cautela con la que se cierra un acuerdo. De esa rutina ha ido naciendo un pequeño ecosistema gastronómico en torno a la plaza de La Moraleja y sus calles inmediatas.
El criterio de esta selección no es la fama ni el número de estrellas, sino la capacidad de cada casa para acoger una comida privada: reservados o salas cerradas, servicio discreto, aparcamiento a la puerta y cocinas que aguantan mesas largas sin prisa. Hay parrilla pensada para grupos grandes, recetario gallego, carne a la brasa y hasta una sociedad gastronómica vasca donde se come a puerta cerrada. Son, en su mayoría, proyectos de socios hosteleros con oficio, algunos con nombres conocidos al frente.
4A’kangas by Urrechu: la cocina de Iñigo Urrechu en La Moraleja
A’kangas by Urrechu es la apuesta carnívora del Grupo Urrechu en el distrito gastronómico que recibe a La Moraleja, ya en término de Alcobendas (plaza de la Moraleja, 4). El chef Íñigo Urrechu firmó aquí una casa donde la parrilla manda y todo el proceso se muestra sin cortinas: las cámaras de maduración y el parrillero quedan a la vista del comensal. Su carta cruza orígenes y razas —buey Valles del Esla, ternera asturiana Xata Roxa o novillo argentino— con chuletones de alta maduración que reposan más de 48 días. La Guía Michelin reconoció el local con su Placa en 2024 y describe el espacio como un interior cuidado con amplia y diáfana terraza.
Lo que lo hace idóneo para citas reservadas es su configuración: salones formales y espacios apartados pensados para la intimidad, unidos a un servicio atento pero discreto que los propios clientes destacan en sus valoraciones (9,5 sobre 10 en TheFork, con más de un millar de reseñas). A ello suma una cocina que va más allá de la brasa, con guiños vascos y asturianos: brioche de sardina ahumada, alcachofa de Tudela con foie, txangurro de centolla gratinado o tartar de carabinero con caviar, además de arroces melosos y una bodega de más de 300 referencias. El ticket medio se mueve entre los 70 y los 90 euros por persona.


