La Moraleja y El Soto forman una de las zonas residenciales más exclusivas del norte de Madrid, ya en el término municipal de Alcobendas y a pocos minutos de la A-1. Entre parcelas ajardinadas y calles sin tráfico viven empresarios, directivos y futbolistas de élite, un vecindario acostumbrado a mantener su vida social lejos de los focos y a elegir dónde sentarse con la misma cautela con la que se cierra un acuerdo. De esa rutina ha ido naciendo un pequeño ecosistema gastronómico en torno a la plaza de La Moraleja y sus calles inmediatas.
El criterio de esta selección no es la fama ni el número de estrellas, sino la capacidad de cada casa para acoger una comida privada: reservados o salas cerradas, servicio discreto, aparcamiento a la puerta y cocinas que aguantan mesas largas sin prisa. Hay parrilla pensada para grupos grandes, recetario gallego, carne a la brasa y hasta una sociedad gastronómica vasca donde se come a puerta cerrada. Son, en su mayoría, proyectos de socios hosteleros con oficio, algunos con nombres conocidos al frente.
3A Brasa: la parrilla pensada para mesas grandes
A Brasa ocupa el número 2 de la calle de la Estafeta, en plena plaza de La Moraleja (Alcobendas), y abrió a principios de 2019 impulsado por socios de Experience Group, el equipo que ya había puesto en marcha Carbón Negro y Umo. Se define como asador contemporáneo y su eje es una parrilla de carbón vegetal con tres niveles, concebida para sellar y asar sin que la pieza pierda jugosidad. Su carta está construida para compartir: entrantes como la txistorra de Arbizu o las croquetas de jamón ibérico, arroces al fuego y, por encima del resto, carne, con la chuleta de vaca madurada como plato estrella, junto a la pluma ibérica o la picaña. El ticket medio se mueve entre los 25 y los 55 euros por comensal, según lo que se pida y se beba.
Lo que la convierte en un local apto para mesas grandes es la combinación de espacio y formato. El restaurante dispone de comedor privado y salones reservados, además de una terraza acristalada y cubierta, climatizada, que permite comer o cenar resguardado de miradas en cualquier época del año. La sala interior, con maderas y tonos claros, no cierra entre el servicio de comida y el de cena, de modo que las sobremesas se alargan sin la presión del reloj, algo decisivo cuando la comida es en realidad una reunión de trabajo o un encuentro entre socios. La fórmula de piezas al centro —chuleta, picaña o pescados a la brasa— facilita servir a diez o doce comensales de una sola vez, con reserva previa en el 910 88 39 58.


