Los 4 restaurantes de La Moraleja y El Soto preferidos por empresarios y futbolistas para sus reuniones privadas

El criterio de esta selección no es la fama ni el número de estrellas, sino la capacidad de cada casa para acoger una comida privada

La Moraleja y El Soto forman una de las zonas residenciales más exclusivas del norte de Madrid, ya en el término municipal de Alcobendas y a pocos minutos de la A-1. Entre parcelas ajardinadas y calles sin tráfico viven empresarios, directivos y futbolistas de élite, un vecindario acostumbrado a mantener su vida social lejos de los focos y a elegir dónde sentarse con la misma cautela con la que se cierra un acuerdo. De esa rutina ha ido naciendo un pequeño ecosistema gastronómico en torno a la plaza de La Moraleja y sus calles inmediatas.

El criterio de esta selección no es la fama ni el número de estrellas, sino la capacidad de cada casa para acoger una comida privada: reservados o salas cerradas, servicio discreto, aparcamiento a la puerta y cocinas que aguantan mesas largas sin prisa. Hay parrilla pensada para grupos grandes, recetario gallego, carne a la brasa y hasta una sociedad gastronómica vasca donde se come a puerta cerrada. Son, en su mayoría, proyectos de socios hosteleros con oficio, algunos con nombres conocidos al frente.

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Txoko La Moraleja: la sociedad gastronómica vasca con reservados para comer a puerta cerrada

Txoko La Moraleja no es un restaurante al uso, sino la traslación a la zona norte de las sociedades gastronómicas vascas: ese espacio donde la cuadrilla se reúne para comer y beber a puerta cerrada, sin más testigos que los de la propia mesa. Abrió en noviembre de 2016 en el número 39 de la Avenida de Bruselas, en el Soto de La Moraleja (Alcobendas), sobre el local que antes ocupaba el Vegamar, y lo hizo con el respaldo de Valentín Mora, restaurador nacido en Las Arenas y responsable, junto a su mujer Juana Macía, de otros establecimientos como Josetxo (Madrid) y La Esfera (Alcobendas). Esa raíz vasca no es un detalle decorativo: marca la carta, el servicio y, sobre todo, la manera de entender la privacidad como parte de la experiencia.

Merece un hueco en esta lista por cómo resuelve el reservado sin renunciar a la cocina de producto. El local reparte su espacio en varios ambientes —comedor interior, terraza acristalada y jardín con estanque y zona chill out— y separa las mesas lo suficiente como para que las conversaciones no salgan de la propia mesa, una discreción que el servicio aplica con naturalidad. Ofrece menús especiales para grupos, la fórmula habitual de las comidas de trabajo cerradas, y su parrilla, visible desde un gran ventanal, firma piezas como el chuletón de vaca gallega, el rape o la merluza a la bilbaína, junto a clásicos vascos como las kokotxas al pil pil, la tortilla de bacalao, las anchoas de Santoña o el pimiento del piquillo relleno de txangurro. El precio medio ronda los 35 euros.

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