Alcobendas, una ciudad en constante transformación y crecimiento, guarda en su memoria colectiva rincones que marcaron un antes y un después en la vida social de sus vecinos. Entre ellos destaca, con luz propia, la emblemática piscina Cielo de Madrid, un espacio de ocio e historia estival que durante décadas congregó a residentes locales y visitantes ilustres junto a la carretera Nacional I.
Este emblemático complejo acuático no solo transformó las costumbres estivales de la comarca, sino que se convirtió en un símbolo intergeneracional de convivencia, cultura y entretenimiento. Su legado permanece grabado en el recuerdo colectivo de la ciudadanía como uno de los enclaves más singulares del norte de la región madrileña.
El alivio estival en el viejo Alcobendas
Antes de la llegada de las comodidades modernas, los calores veraniegos en el viejo Alcobendas se combatían de manera muy diferente a la actual. Los vecinos encontraban alivio en las aguas de las fuentes, los pozos tradicionales o desplazándose hasta el río Jarama, el arroyo de la Vega y los estanques de las huertas de la zona.

La situación cambió radicalmente con la llegada de las infraestructuras hidráulicas. En el año 1961, las aguas del Canal de Isabel II llegaron al municipio, permitiendo el acceso directo del agua corriente a los hogares. Pocos años después, en 1966, se produjo un hito en el ocio local con la aparición de las primeras piscinas alcobendenses: la piscina Cielo de Madrid, situada junto a la N-I, frente a lo que hoy conocemos como El Soto de La Moraleja, y la del Motel Avia, ubicada en la misma carretera junto a la gasolinera, en el actual bulevar Salvador Allende.
Dos opciones y una clara preferencia popular
Durante años, estas fueron las dos únicas piscinas disponibles en la localidad hasta que, en 1975, se inauguró la primera instalación del polideportivo municipal en la carretera de Barajas.
Aunque la piscina del Motel Avia era más inmediata al casco urbano, resultaba más pequeña y con tarifas más elevadas. Además, en aquella época, el término ‘motel’ se asociaba popularmente a encuentros amorosos y discretos, lo que provocaba cierta reticencia social. Por este motivo, los alcobendenses preferían coger el utilitario o el coche de línea para ‘ir al Cielo’.
El origen de un nombre celestial
El curioso nombre de la piscina Cielo de Madrid tenía un origen muy particular ligado a su fundador. Respondía al mote de su propietario, Julián López Aguado, cariñosamente conocido como ‘Diosito’. Dado que la piscina era su morada y el ambiente era tan idílico que uno se sentía ‘en el Cielo’, el bautizo del recinto vino casi solo.
El coche de línea de Casado Arroyo tenía parada oficial en El Cielo en ambos sentidos de la marcha. Este transporte no solo abastecía a los bañistas de Alcobendas, sino que atraía a un numeroso público procedente de Madrid, al tratarse de uno de los complejos acuáticos más amplios y mejor equipados de los alrededores. Para garantizar la seguridad de los visitantes, se instaló una pasarela peatonal que permitía cruzar sin peligro la concurrida carretera Nacional I.
Un punto de encuentro para el cine, la televisión y la cultura
La relevancia del complejo traspasó las fronteras locales, convirtiéndose en un reclamo estival frecuentado por famosos de la época. No era extraño pasear por sus instalaciones y encontrar a conocidas personalidades tomando el sol o tumbadas sobre su verde césped.

Entre los clientes más asiduos figuraban la actriz Silvia Tortosa, que se encontraba en el cénit de su carrera cinematográfica; el musculoso luchador Hércules Cortés; el popular actor Sancho Gracia; o el prolífico novelista Marcial Lafuente Estefanía. Su popularidad era tal que incluso los célebres humoristas Tip y Coll y el actor Fernando Esteso eligieron este emblemático escenario para grabar algunas de sus humoradas y gags televisivos.
La llegada de la competencia municipal y el declive
Con la inauguración en 1975 de la primera piscina pública en el actual polideportivo José Caballero, impulsada con precios populares, el escenario cambió. Sin embargo, en sus primeros años, El Cielo supo competir con soltura, ya que la nueva instalación municipal carecía todavía de las sombras que proporcionaba la joven y naciente arboleda del recinto privado.
El Cielo de Madrid se mantuvo abierto durante numerosos veranos, registrando siempre una gran afluencia de bañistas, hasta el estío de 1990, que supuso el último año de actividad en su trayectoria.
El cierre definitivo
La puntilla para las instalaciones llegó a causa de las grandes obras de infraestructura viaria. La pérdida de la totalidad de su aparcamiento, provocada directamente por la ampliación de la autovía A-1, asestó un golpe comercial insuperable que determinó el cierre definitivo del recinto.
Hoy en día, la memoria de El Cielo de Madrid permanece viva en los recuerdos de aquellos alcobendenses que disfrutaron de sus aguas, simbolizando una época dorada del verano en la Comunidad de Madrid que ya forma por derecho propio de la historia local.


