Los 7 retos pendientes de la alcaldesa de Alcobendas con La Moraleja

Han pasado más de dos años desde las elecciones municipales de 2023, y La Moraleja sigue planteando retos históricos al gobierno local de Alcobendas. Seguridad, limpieza, movilidad y servicios públicos se mantienen como asignaturas pendientes, mientras desde la oposición creen que el poder que irradia la Comunidad de Madrid condiciona muchas de las decisiones de la alcaldesa Rocío García Alcántara (PP), que se enfrenta a desafíos de gran calado.

García Alcántara presume de haber cumplido el 74% de su programa electoral. y por haber reducido a deuda municipal en un 40% (en parte, por la falta de inversiones estratégicas, denuncian en la oposición), rebajado impuestos como la plusvalía y el estacionamiento de residentes, y mantenido el IBI en el mínimo legal.

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El Plan de Vivienda 2023-2027 incluye la construcción de 10.000 viviendas en una década, de las cuales 8.600 estarán en el nuevo barrio de Valgrande, más de la mitad de protección pública. Ya se han reanudado proyectos paralizados y se prevé la entrega de las primeras promociones municipales en 2026.

En el ámbito social y sanitario, destacan la creación del Semura, que es un servicio municipal de urgencias con más de 2.000 atenciones en su primer año; y se ha iniciado la construcción de una nueva residencia de mayores, un centro de familias y un hospital general mediante colaboración público-privada.

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Aun así, no todo son luces en la gestión de la alcaldesa. También existen sombras y retos pendientes que matizan su gestión y podrían marcar el tramo final del mandato.

1. Ganar autonomía política frente a la Puerta del Sol

La alcaldesa, nombrada como candidata en 2023 por el dedo de Isabel Díaz Ayuso, enfrenta el reto de consolidar un liderazgo propio que le permita negociar recursos y proyectos directamente con instituciones externas, sin depender únicamente de la estrategia regional del PP.

Según las mismas fuentes, la falta de autonomía se refleja en retrasos de proyectos estratégicos, en la dificultad para implementar a algunas iniciativas de movilidad relacionadas con La Moraleja; en la falta de ‘colmillos’ para protestar por la pérdida de la Oficina Regional de Empleo o por a tardanza en la llegada de un centro de salud mental; o en la percepción de que la gestión municipal, que afecta en buen grado a la urbanización, está subordinada a intereses ajenos a la zona.

Ayuso
Rocío García Alcántara e Isabel Díaz Ayuso. Foto: Europa Press.

2. Apostar por la transparencia y la pluralidad en la prensa municipal

En dos años se han registrado una catarata de denuncias de manipulación de contenidos en la revista municipal 7 Días, lo que genera preocupación sobre la falta de transparencia y objetividad en la información que reciben los vecinos. La publicación, que debería servir como un canal de comunicación confiable entre el Ayuntamiento y la ciudadanía de zonas como La Moraleja, en ocasiones prioriza la propaganda política sobre la difusión de datos claros y verificables acerca de obras, presupuestos y gestión de servicios.

Esta falta de transparencia, unido al autobombo en favor de la alcaldesa, contribuye a un clima de desconfianza. Parece necesario implementar mecanismos que garanticen la objetividad, claridad y accesibilidad de la información municipal, tales como auditorías independientes de publicaciones y espacios de rendición de cuentas abiertos a la comunidad.

A este hecho se le une hechos como la negativa de la alcaldesa y la concejala de Distrito Cristina Capdevila a ser entrevistadas por LaMoraleja.com, lo cual evidencia de que la estrategia mediática que sigue el Partido Popular de Alcobendas es más propia del siglo XX que del XXI.

3. Mejorar la seguridad ciudadana

Aunque las estadísticas oficiales no muestran un aumento significativo de delitos graves, la percepción de inseguridad sigue siendo elevada, especialmente en zonas residenciales de La Moraleja. Robos, hurtos y conflictos vecinales generan una sensación de vulnerabilidad que afecta la calidad de vida de los vecinos y puede tener repercusiones en la economía local, como en la valoración de propiedades o la actividad comercial.

El Ayuntamiento necesita un plan integral de seguridad que combine medidas visibles, mayor presencia policial en puntos críticos, patrullas nocturnas y sistemas de vigilancia tecnológica, con estrategias preventivas.

La Moraleja
Rocío García Alcántara. Foto: EP.

4. Recuperar la limpieza y el mantenimiento urbano

La limpieza y el mantenimiento de la ciudad siguen siendo una de las principales quejas de los vecinos. Calles, aceras, parques y contenedores requieren un modelo de gestión preventivo que supere la reacción ante denuncias puntuales.

La Moraleja presenta desafíos específicos: urbanizaciones privadas con grandes zonas verdes, caminos secundarios y servicios compartidos que dependen del Ayuntamiento para su conservación, lo que obliga a coordinar esfuerzos con comunidades y empresas privadas.

Un plan eficiente debería incluir calendarios claros de mantenimiento, inversión en maquinaria y personal suficiente, además de campañas de concienciación para que los vecinos respeten los espacios públicos y colaboren en su cuidado. La tecnología puede ser aliada: aplicaciones para reportar incidencias en tiempo real, sensores en contenedores y sistemas de riego inteligente podrían optimizar los recursos municipales.

La mejora visible del entorno urbano no solo aumentaría la satisfacción vecinal, sino que también tendría un impacto positivo en la imagen de La Moraleja.

5. Movilidad y tráfico: un cuello de botella estructural

El crecimiento urbanístico de La Moraleja ha superado la capacidad de sus vías y ha generado congestionamientos recurrentes en rutas escolares, accesos a carreteras principales y calles residenciales. El tráfico no solo genera estrés diario en los residentes, sino que afecta la seguridad vial, la eficiencia del transporte público y el desarrollo económico local.

El Ayuntamiento debiera liderar un plan de movilidad integral que contemple la reestructuración de rutas de autobuses, carriles preferentes para transporte público, ampliación de pasos peatonales seguros y la optimización de accesos a través de coordinación con la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Transportes. La movilidad eficiente se traduce directamente en calidad de vida y competitividad urbana, convirtiéndose en un pilar clave para la mejora de La Moraleja.

Alcobendas
Ayuntamiento de Alcobendas. Foto: Europa Press.

6. Infraestructura y mantenimiento urbano

La Moraleja y sus calles adyacentes presentan un deterioro evidente en el asfaltado y en el mantenimiento general de la vía pública. Muchas calles muestran baches de distintos tamaños, levantamiento de pavimento por raíces de árboles y aceras irregulares que dificultan la movilidad de peatones, ciclistas y personas con movilidad reducida. Además, la falta de señalización adecuada y de mobiliario urbano en buen estado contribuye a un entorno poco funcional y estéticamente descuidado.

La gestión municipal actual no ha implementado los planes de mantenimiento anunciados, y las reparaciones se realizan de manera reactiva, solo tras recibir quejas vecinales. Esta práctica provoca un deterioro acumulativo de la infraestructura y repercute negativamente en la seguridad vial, la accesibilidad y la calidad de vida de los residentes. Es urgente desarrollar un plan integral de conservación urbana que contemple auditorías periódicas de calles, aceras y mobiliario urbano, un calendario anual de mantenimiento preventivo y correctivo, y un presupuesto transparente.

Asimismo, la planificación debería incluir soluciones sostenibles, como pavimentos permeables y materiales de larga duración, así como estrategias de gestión de recursos que reduzcan costos a largo plazo y mejoren la seguridad y funcionalidad del espacio público.

7. Iluminación pública

Desde algunas entidades de conservación se denuncia que La Moraleja presenta un déficit significativo en iluminación pública, especialmente en calles secundarias, parques y zonas de tránsito peatonal. Esta carencia genera riesgos importantes de seguridad durante la noche, aumentando la vulnerabilidad de vecinos, ciclistas y peatones.

Actualmente, la planificación del alumbrado público carece de un enfoque integral: no se priorizan las áreas con mayor afluencia o riesgo, no se han adoptado tecnologías eficientes ni sostenibles, y el mantenimiento es irregular.

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