La Entidad de Conservación de La Moraleja ha puesto en marcha oficialmente el proceso electoral para la renovación de su Consejo Rector. La convocatoria formal, firmada por el actual presidente, Julio Iranzo Méndez, fue aprobada tras la reunión del Consejo Rector celebrada el pasado 22 de septiembre de 2025. El punto álgido del proceso será la Asamblea General Extraordinaria convocada para el jueves 4 de diciembre, cuyo único objetivo será la votación para elegir a los nuevos miembros del órgano de gobierno.
La Asamblea se celebrará en el Real Club de Golf de La Moraleja, con primera convocatoria a las 18:00 horas y segunda a las 19:00, momento en que se prevé se constituya oficialmente al no requerir quórum. Las elecciones se regirán por los plazos y directrices establecidos en el Reglamento Electoral en vigor, y marcarán el inicio de una nueva etapa para la entidad vecinal más influyente del norte de Madrid.
El proceso electoral, que comenzó el pasado 17 de octubre con la exposición del censo provisional, culminará el 17 de diciembre con la proclamación definitiva de los electos. Entre tanto, los vecinos podrán presentar candidaturas, revisar el censo y participar en una votación que, aunque estrictamente vecinal, tiene un impacto directo en la gestión cotidiana de la urbanización.
MÁS DE MEDIO SIGLO DE HISTORIA EN ESPAÑA
La convocatoria de elecciones en La Moraleja ofrece una oportunidad para recordar qué son y por qué existen las Entidades de Conservación, figuras jurídicas singulares en el urbanismo español que nacieron hace más de medio siglo. Según explica Julio Iranzo, presidente de la Entidad de Conservación de La Moraleja, «es una figura jurídica del urbanismo español con más de 50 años de existencia. Básicamente, ayuda a los ayuntamientos en la gestión de servicios complementarios en urbanizaciones. Prestamos servicios adicionales a los municipales».
Estas entidades se crearon en la segunda mitad del siglo XX, cuando comenzaron a desarrollarse grandes urbanizaciones privadas en las afueras de las ciudades, muchas de ellas con infraestructuras y servicios que el municipio no estaba preparado para asumir. Las Entidades de Conservación surgieron, así, como instrumentos de colaboración público-privada: los ayuntamientos delegaban parte de la gestión de mantenimiento, limpieza, alumbrado, jardinería o incluso seguridad en los propios vecinos, que se organizaban y financiaban colectivamente.

«Estas entidades colaboradoras administran las cuotas vecinales, que en nuestro caso representan más del 90% del presupuesto, con el objetivo de gestionar servicios como la seguridad o el paisajismo en zonas donde la administración pública no suele llegar», añade Iranzo. En el caso de La Moraleja, la entidad complementa las funciones de la Policía Local y Nacional con un sistema de seguridad privada sufragado por los vecinos.
AUTOGESTIÓN VECINAL
La experiencia de La Moraleja, pionera en este modelo, ha servido de referencia a otras zonas residenciales del norte de Madrid, como El Soto y El Encinar. En todas ellas, las Entidades de Conservación han asumido un papel determinante en la gestión diaria, desde el mantenimiento de jardines hasta la planificación de obras o la implantación de medidas de seguridad y tráfico.
Beatriz Navarro, máxima responsable de la Entidad de Conservación de El Soto de La Moraleja, lo resume con sencillez: «Una entidad suele crearse cuando surge un desarrollo nuevo de población y estás alejado de la población, tienes servicios específicos que necesitas y, a priori, el ayuntamiento no está capacitado para ofrecerlos. De ahí surgen las Entidades de Conservación».
Navarro, que lleva catorce años al frente de la entidad, destaca que su función es «mantener, conservar, dar brillo y esplendor a la urbanización». Y subraya un aspecto fundamental: «La seguridad nos ayuda a proteger casas y da valor a las propiedades». En El Soto, la colaboración con el Ayuntamiento de Alcobendas también ha sido clave. «En la actualidad la relación es muy buena. Hemos pasado momentos complicados. Siempre que cambia el partido político entra gente nueva», explica.
Esta cooperación público-privada es, de hecho, el alma de las Entidades de Conservación: los vecinos financian y gestionan servicios que, en otros contextos, serían municipales, pero bajo un modelo de autonomía y corresponsabilidad. En La Moraleja, la Entidad de Conservación afronta retos contemporáneos como la movilidad, la sostenibilidad o la gestión de infraestructuras maduras.
«Hemos propuesto al Ayuntamiento medidas para controlar el paso de vehículos que usan la urbanización como atajo. En 2025 queremos implementar un plan de tráfico con base técnica», señala Iranzo. «Hemos contratado expertos y realizado encuestas entre vecinos para proponer soluciones respaldadas por datos». También persisten problemas heredados de décadas anteriores, como el sistema de pluviales. «Durante décadas ha estado abandonado. Parte de la competencia corresponde al Canal de Isabel II, pero también se requiere acción del Ayuntamiento. Se trata de actualizar unas infraestructuras ya maduras».
El modelo financiero de estas entidades es claro: «De los 4 millones de euros de presupuesto, aproximadamente un 8% proviene del Ayuntamiento y el 92% lo sufragamos los vecinos. Estas cuotas son obligatorias, como en cualquier comunidad de propietarios», explica Iranzo.
CONTINUIDAD
Más allá de las cifras, las Entidades de Conservación son un ejemplo de implicación cívica. En palabras de Iranzo: «Como vecino, también vivo aquí y tengo patrimonio. Pongo mi granito de arena para mejorar lo que compartimos. En algunas ocasiones algún vecino me ha comentado que tengo intereses en el barrio, lo cual es normal entre más de un millar de residentes. No oculto que tengo interés: vivo aquí y tengo activos. Pero me siento ampliamente respaldado y recibo muchísimas muestras de cariño».

Cada año, los presupuestos y planes de actuación de la entidad son aprobados por los vecinos con más del 80% de apoyo, un dato que revela el nivel de confianza en la gestión y el sentido de pertenencia a una comunidad que se gobierna a sí misma.
Las elecciones del próximo 4 de diciembre, por tanto, no parecen un trámite. Representan la esencia misma de la autogestión local: los vecinos eligen a quienes se encargarán de mantener y mejorar su entorno.


