La Moraleja ocupa una franja de urbanizaciones de baja densidad en el término municipal de Alcobendas, junto al límite con Madrid, donde la vida de barrio se organiza en torno a unos pocos puntos fijos. Entre ellos, el más reconocible es el religioso: el templo parroquial, la iglesia histórica de El Soto y una ermita en el municipio completan la práctica totalidad de la actividad católica de la zona. No hay aquí una trama densa de capillas ni grandes conjuntos monumentales, sino tres lugares concretos que sostienen el calendario litúrgico y la catequesis de los residentes.
El criterio de esta selección es la centralidad: figuran los templos que, por historia, comunidad estable y uso continuado, articulan la vida religiosa del entorno, frente a otros espacios de culto de carácter privado o sin atención regular. Dos de ellos permiten fijar fechas documentadas: la parroquia se segregó de San Pedro de Alcobendas el 15 de diciembre de 1978 por decisión del cardenal Vicente Enrique y Tarancón, cuando la feligresía rondaba las dos mil personas, y la iglesia de El Soto se levantó en terrenos cedidos en 1949 por el Conde de los Gaitanes, José Luis Ussía y Cubas.
3Ermita de Nuestra Señora de la Paz: el templo católico de La Moraleja dedicado a la Virgen de la Paz
La ermita se levanta en el número 277 de la calle de la Begonia, en El Soto de la Moraleja, adosada al cementerio de Nuestra Señora de la Paz y a un conjunto de edificaciones tradicionales. Su origen se remonta a la Edad Media: el catálogo municipal de bienes protegidos la describe como una construcción románico-gótica del siglo XII con reformas posteriores, sobre todo del XVI, levantada con machones y verdugadas de ladrillo macizo y cubierta de teja curva. Figura como Bien de Interés Cultural con protección integral, y con la misma consideración quedan la cruz situada frente al templo y los nichos antiguos del camposanto. La tradición sitúa aquí la aparición de la Virgen a una pastora manca sobre una higuera entre 1087 y 1110, en el desaparecido poblado de Fuentidueña, en el solar que hoy ocupa la urbanización. A ese relato se suman la devoción de san Isidro, que según las crónicas de la hermandad oraba ante la imagen camino de Torrelaguna, y la predicación de san Vicente Ferrer en el siglo XV. En 1841 el Ayuntamiento evitó su venta durante la desamortización.
El edificio es, ante todo, la casa de la patrona de Alcobendas, declarada como tal el 2 de febrero de 1644, y conserva piezas ligadas a su historia, como la tinaja del milagro del vino de 1677, cuando el recipiente que Juan Perdiguero había llenado con unos 115 litros para las fiestas apareció rebosante y de él se extrajeron del orden de 1.700. La imagen actual es una réplica de la destruida en la Guerra Civil, tallada por Talleres de Arte Granda, y fue coronada canónicamente en 1991 por el cardenal Ángel Suquía; en enero de 2023 el pleno municipal la nombró alcaldesa perpetua y honorífica. La Virgen permanece en la ermita del 19 de marzo al 25 de diciembre, y el resto del año se traslada en procesión a la parroquia de San Pedro. En torno a esos traslados y a las fiestas de enero se reúnen decenas de miles de personas, con una hermandad de unos 3.000 priostes que también impulsa iniciativas solidarias, como la carrera de 5 kilómetros que sale cada año desde el atrio.


