Los empresarios tecnológicos y altos ejecutivos que han hecho de La Moraleja su nuevo hogar

La Moraleja, en el término municipal de Alcobendas, al norte de Madrid, es desde hace décadas uno de los enclaves residenciales más caros de España: chalés con jardín sobre parcelas amplias y una ubicación a medio camino entre el aeropuerto de Barajas y los parques empresariales que jalonan la A-1. Esa mezcla de intimidad y cercanía a los centros de decisión ha hecho de la urbanización un destino recurrente para quienes ocupan puestos de máxima responsabilidad en compañías internacionales.

Los cinco perfiles de esta relación comparten dos rasgos: han ocupado o siguen ocupando posiciones de primer nivel en organizaciones de alcance global —un banco central, un grupo editorial, un fabricante tecnológico, una empresa de telecomunicaciones y un vehículo de inversión— y han fijado su residencia en esta zona. El criterio de selección combina ese peso profesional contrastable con el vínculo residencial, sin atender a patrimonios ni a cuotas de poder. La nómina no es exhaustiva: en el entorno viven más directivos que no figuran aquí.

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Tomás Zumárraga Ortiz: expresidente de Nokia España y residente en La Moraleja

Tomás Zumárraga Ortiz (Bilbao, 1950) construyó su carrera en Bridgestone, donde permaneció algo más de tres décadas hasta su jubilación el 31 de diciembre de 2009, a los 59 años. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao, entró en los años setenta en Firestone Hispania —entonces una sociedad cien por cien española con acuerdo de importación con el grupo estadounidense— y vivió desde dentro la fusión de 1988 que creó el gigante nipón del neumático. En 1995 fue nombrado consejero delegado de la División de Ventas de Bridgestone Hispania y ocupó también un puesto en el consejo de administración de Bridgestone Europa. Al dejar el cargo, la filial española se situaba entre las 200 mayores empresas del país, con tres fábricas (Burgos, Basauri y Galdakao), más de 4.400 empleados, una facturación de 1.011 millones de euros y un beneficio neto de 7,6 millones en 2008.

Su segundo gran eje ha sido el puente empresarial entre España y Japón. Es uno de los socios fundadores de Shacho Kai, la asociación que agrupa a presidentes y directores generales de compañías establecidas en España con al menos un 10% de capital japonés; la presidió entre 2008 y 2010 y después asumió su dirección general, labor por la que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón le concedió en 2015 el Premio del Ministro. Antes había creado y presidido Signus Ecovalor, la entidad de reciclado de neumáticos fuera de uso impulsada por los cinco grandes fabricantes. En el ámbito local, su vínculo con La Moraleja pasa por el club de golf: fue consejero de Golf La Moraleja SA y vicepresidente desde agosto de 2020, y en 2019 concurrió como número dos de la candidatura encabezada por Juan Pablo Ridruejo; su cese como vicepresidente quedó inscrito en el BORME en enero de 2025.

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