La Moraleja no nació como escaparate de famosos. Su plan de ordenación se aprobó en 1946 para levantar una ciudad jardín sobre una finca de caza de unas 1.150 hectáreas en Alcobendas, y fueron las sagas empresariales de los cincuenta y sesenta las que convirtieron aquel suelo en sinónimo de estatus. Esta lista repasa a los personajes que han contado la urbanización a quien nunca ha vivido en ella: no es un ranking de fortunas ni de metros cuadrados, sino un recorrido por quienes han dejado una huella reconocible en su imagen pública.
El criterio es esa huella, no el patrimonio. Rocío Jurado abrió el barrio a la copla en un territorio de apellidos industriales; Ana Obregón convirtió su casa en plató y en escenario de su propia vida televisada; Isabel Pantoja llegó a comienzos de los noventa aconsejada por Encarna Sánchez y levantó allí un chalet; Tita Cervera sumó el relato de la aristocracia. Todas comparten lo mismo: su intimidad se siguió como un serial y La Moraleja acabó siendo parte del guion.
5Tita Cervera: la baronesa Thyssen y su residencia en La Moraleja
La baronesa Thyssen compró su casa de La Moraleja en el otoño de 1988, junto a Heini Thyssen, y la estrenó en 1989 tras siete meses de reforma. El resultado fue una finca de unos 35.000 metros cuadrados de jardín y cerca de 2.000 construidos en los que Tita imprimió su sello: tonos rojizos inspirados en el palacio Imperial de Pekín, ambientes de aire tailandés, un patio interior acristalado con vegetación tropical y dos piscinas, una de ellas climatizada en rojo, la estancia donde ella decía sentirse más cómoda. En el despacho del barón colocó un Monet y un Gauguin traídos del castillo de Daylesford, y en el salón de la piscina, un retrato familiar encargado al pintor Alberto Soler Miret. Fue ella, y no él, quien supervisó hasta el último detalle: «Él confía en mi gusto y lo dejó todo en mis manos», contó a Lecturas en el reportaje de inauguración.
Esa casa es hoy mucho más que una vivienda de lujo: es la sede oficiosa donde se cerró el acuerdo que mantiene la colección Carmen Thyssen en España, un alquiler de 15 años por 6,5 millones anuales para algo más de 420 obras, con opción de compra final y con el regreso del Mata Mua de Gauguin al museo madrileño. La negociación se resolvió en una comida en la finca que se alargó hasta las seis y media de la tarde, con la baronesa, sus abogados y el entonces ministro de Cultura. Por sus salones han pasado jefes de Estado y delegaciones extranjeras, y en 2015 saltó a los medios otra arista menos amable del personaje: una demanda por acoso laboral de un antiguo escolta que señalaba al administrador de la residencia. Frente a vecinos como Ana Obregón, Tita Cervera aporta a la lista un perfil distinto: el de la aristócrata que convirtió La Moraleja en despacho de la mayor operación cultural privada del país.


