La Moraleja no nació como escaparate de famosos. Su plan de ordenación se aprobó en 1946 para levantar una ciudad jardín sobre una finca de caza de unas 1.150 hectáreas en Alcobendas, y fueron las sagas empresariales de los cincuenta y sesenta las que convirtieron aquel suelo en sinónimo de estatus. Esta lista repasa a los personajes que han contado la urbanización a quien nunca ha vivido en ella: no es un ranking de fortunas ni de metros cuadrados, sino un recorrido por quienes han dejado una huella reconocible en su imagen pública.
El criterio es esa huella, no el patrimonio. Rocío Jurado abrió el barrio a la copla en un territorio de apellidos industriales; Ana Obregón convirtió su casa en plató y en escenario de su propia vida televisada; Isabel Pantoja llegó a comienzos de los noventa aconsejada por Encarna Sánchez y levantó allí un chalet; Tita Cervera sumó el relato de la aristocracia. Todas comparten lo mismo: su intimidad se siguió como un serial y La Moraleja acabó siendo parte del guion.
2Rocío Jurado: la vecina ilustre que llevó la copla y la crónica rosa a La Moraleja
Rocío Jurado fue la primera gran estrella de la copla que plantó su casa en La Moraleja y, con ello, cambió el relato de la urbanización: antes de los futbolistas y los fondos de inversión, allí vivía una cantaora de Chipiona que había convertido el barrio en parada obligada de las revistas. Su chalé, bautizado Montealto y conocido también como Villa Jurado, se levantó en los años ochenta sobre una parcela de 2.680 metros cuadrados, con 940 construidos, dos plantas, seis dormitorios, ocho baños, gimnasio y piscina climatizada. En el sótano se hizo un tablao flamenco y una bodega, el gesto de quien no quería perder sus raíces andaluzas en el corazón del lujo madrileño. Allí vivió con Pedro Carrasco y después con José Ortega Cano, con quien se casó en febrero de 1995 y con quien anunció que fijaría su residencia tras la luna de miel. Un refugio con verja, cerca de los platós y lejos del ruido, que su sola presencia transformó en escenario cultural.
Montealto fue también un plató permanente de la crónica rosa. Cada 18 de septiembre, día de su cumpleaños, Jurado salía a la verja a brindar con los periodistas; en el porche presentó a Gloria Camila y José Fernando al llegar de la adopción; desde esa casa contó que tenía cáncer y allí volvió en agosto de 2004, recién operada, para pasar sus últimos meses. Murió en ella el 1 de junio de 2006 y fue su hermano Amador quien salió de madrugada a dar la noticia. Su testamento fue un último gesto de control: la vivienda debía venderse y el dinero repartirse entre sus tres hijos, sin que ningún familiar pudiera quedarse con ella. Se vendió en 2008 por unos 3,6 millones de euros; el comprador quebró, el banco la subastó en 2017 sin encontrar postor y en 2023 halló dueño. Una reforma integral que borró el tablao la devolvió al mercado por 12 millones a finales de 2025 y la venta se cerró a comienzos de 2026; de la casa original apenas quedan la estructura, el tejado abuhardillado y el muro de piedra.


