Alcobendas tiene una curiosa campana que Japón le regaló a Estados Unidos hace 70 años y que suena dos veces al año

La Campana de la Paz Mundial de Alcobendas volvió a sonar en la pagoda japonesa del Arroyo de la Vega para conmemorar el Día Internacional de la Paz con una réplica española que pasó olvidada en un almacén de Madrid antes de que el municipio decidiera acogerla.

Este lunes 21 de septiembre, el Jardín Botánico del Arroyo de la Vega de Alcobendas volvió a ser escenario de uno de los actos más singulares que tiene el municipio en su calendario: el repique de la Campana de la Paz Mundial coincidiendo con el Día Internacional de la Paz, que este año cumple su 45ª edición.

Cuatro alumnos de 4º de Primaria del CEIP Castilla leyeron sus deseos de convivencia y ayudaron a la alcaldesa, Rocío García Alcántara, a hacer sonar la campana junto al ministro de la Embajada de Japón en España, Shinichi Sato, el presidente de la Asociación de la Campana de la Paz Mundial en España, José Manuel Rodríguez, y la presidenta comarcal de Cruz Roja del Jarama, Almudena Rivero. La Coral de Alcobendas puso música al acto, que incluyó también un minuto de silencio por las víctimas de las guerras, el terrorismo y las misiones de paz.

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El lema que la ONU ha elegido para el Día Internacional de la Paz de 2026 es «Invertir en la paz: para todos, en todas partes y todos los días», y sitúa el foco en los llamados «arquitectos cotidianos de la paz»: las personas que desde el ámbito local, sin cargos diplomáticos ni grandes tribuna, contribuyen a la convivencia y a la estabilidad. Es precisamente ese espíritu el que la alcaldesa García Alcántara quiso encarnar en sus palabras durante el acto: «La paz se construye con una suma de pequeños gestos y bondades y aunque el mundo esté en guerra, siempre queda un lugar para la humanidad.» Y añadió que la campana es un símbolo de «reconciliación, diálogo y apuesta por la vida en armonía», y la pagoda que la alberga, un espacio permanente de encuentro, memoria y compromiso.

El acto tiene una carga simbólica muy superior a la de una efeméride de calendario. En un mundo donde los conflictos armados en Ucrania, Gaza y otros territorios acumulan años de víctimas civiles, hacer sonar una campana cuyo origen está directamente vinculado a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y a la esperanza de que algo así no vuelva a ocurrir tiene un peso que va mucho más allá del municipio de Alcobendas.

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La historia de la Campana de La Paz de Alcobendas

Para entender por qué Alcobendas tiene este objeto y por qué importa, hay que remontarse a 1954. Ese año, la Asociación Mundial Campana de la Paz, con el impulso del diplomático japonés Chiyoji Nakagawa, entonces consejero de la ONU, donó a Naciones Unidas una campana tradicional japonesa como símbolo de la esperanza mundial por la paz. La campana fue fundida con medallas, monedas y fragmentos metálicos donados por niños y ciudadanos de más de 60 países, una colecta que convirtió el objeto en algo literalmente construido con la voluntad popular de evitar nuevas guerras.

La más conocida de todas estas campanas fue donada a las Naciones Unidas en junio de 1954 y desde entonces se repica dos veces al año en la sede neoyorquina: en el equinoccio de primavera y el 21 de septiembre. Posteriormente se fabricaron réplicas que se distribuyeron entre tres ciudades japonesas y 14 países de los cinco continentes, entre los que está España con Alcobendas como ciudad que ha acogido esta campana.

Campana de La Paz de Alcobendas
Campana de La Paz de Alcobendas | Fuente: Ayuntamiento de Alcobendas

¿Cómo llegó esa réplica al Jardín Botánico del Arroyo de la Vega? La historia tiene una vuelta de tuerca que muchos vecinos desconocen. La Asociación Mundial Campana de la Paz donó el ejemplar con destino a Madrid, donde estuvo almacenado durante ocho años en un depósito del Ayuntamiento de la capital sin que nadie le encontrara un lugar adecuado. Fue el Ayuntamiento de Alcobendas el que decidió acogerla, construir la pagoda para alojarla y darle el uso simbólico que merece. El campanario fue diseñado por el arquitecto Fernando Parrilla y la construcción supuso una inversión municipal de 212.000 euros. Los materiales elegidos para levantarlo tienen una intención: piedra de la sierra madrileña y madera de pino de Valsaín, en Segovia, materiales del entorno que anclan el símbolo en el territorio que lo acoge.

La campana, que pesa media tonelada, mide un metro de altura y tiene un diámetro de 50 centímetros, y el campanario que la protege combina los cinco elementos del Feng Shui —tierra, fuego, agua, metal y madera— en una arquitectura que integra la estética oriental con los materiales locales. Desde 2003, la pagoda japonesa del Arroyo de la Vega es uno de los rincones más singulares del norte de Madrid: un lugar donde el visitante puede detenerse, observar el jardín, leer la inscripción de la campana y hacerse cargo de la escala de lo que representa.

Japón manda a su representante diplomático a Alcobendas cada septiembre

La presencia de representantes de la Embajada de Japón en el acto de Alcobendas no es protocolo vacío. La campana original fue entregada a Naciones Unidas por Japón en 1954 y se convirtió en uno de los símbolos vinculados a las iniciativas de paz de la organización. Para Japón, el país que sufrió los únicos bombardeos atómicos de la historia en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945, la Campana de la Paz tiene un significado que ningún otro país puede compartir de la misma manera. Que una réplica de esa campana esté en Alcobendas y que cada año un representante diplomático japonés venga al municipio a participar en su repique es una expresión de ese vínculo histórico y simbólico.

El representante diplomático japonés destacó asimismo los vínculos existentes entre Japón y Alcobendas, tanto por la presencia de empresas japonesas en el municipio como por diferentes iniciativas culturales. No es un vínculo retórico: el Parque Empresarial de Alcobendas alberga la sede española de empresas como Honda, Mitsubishi Electric, Brother o NTT DATA, una concentración de capital y empleo japonés que da una dimensión económica real a la relación entre el municipio y el país asiático.

La campana suena dos veces al año: en el equinoccio de primavera y el 21 de septiembre. El resto del tiempo, la pagoda permanece abierta a los visitantes del Jardín Botánico del Arroyo de la Vega, donde convive con el Museo del Bonsái y con los estanques y zonas naturales de uno de los parques más tranquilos del municipio. Para quien no la conozca, es una visita que puede hacerse cualquier día del año sin desplazarse más de diez minutos desde La Moraleja o El Soto.

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