Hace unos días, mientras paseaba por la Dehesa Boyal y veía a los ciclistas subir hacia el Mirador de Pichón, en esta redacción no podíamos quitarnos de la cabeza la historia de Miguel. No es un corredor cualquiera. Es el vecino de San Sebastián de los Reyes que se desplomó sobre el manillar, pasó 22 minutos sin pulso y hoy, meses después, ha vuelto a pedalear. Su caso es la demostración más cruda, y también más esperanzadora, de lo que los sanitarios llaman cadena de supervivencia.
Qué pasó aquella mañana de marzo en la Dehesa Boyal
Era un día de esos que salen después de semanas de lluvia. Miguel, ciclista habitual de la zona, decidió hacer una ruta corta, de unos 20 o 25 kilómetros, por los alrededores de la Dehesa Boyal de Sanse. Iba solo. Según contó después en SER Madrid Norte, notaba cierto agobio, pero nada que hiciera presagiar lo que se le venía encima.
Al coronar una cuesta y tomar una curva, perdió el conocimiento de golpe. Una parada cardiorrespiratoria. Sin avisar. Sin dolor previo. Sin tiempo para frenar.
Por suerte, a esa hora había más gente por la zona: paseantes, otros deportistas. Fueron ellos los que vieron a Miguel tendido junto a la bici y llamaron al 091. La patrulla de la Policía Nacional más cercana recibió el aviso y se dirigió al punto, pero el acceso no era fácil. El agente Juan Antonio explicó luego que, sin las indicaciones de los ciudadanos que esperaban en el camino, llegar hasta el lugar exacto habría llevado mucho más tiempo.
Cuando los policías llegaron, una enfermera y un bombero que estaban casualmente en la zona ya le estaban practicando maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) a Miguel. Sin perder un segundo, los agentes les tomaron el relevo mientras esperaban el desfibrilador que ya se había solicitado al mismo tiempo que el aviso.
Durante 12 minutos, los policías siguieron con la RCP y aplicaron varias descargas con el desfibrilador, hasta que llegaron los servicios de emergencias.
Todo ese tiempo, el corazón de Miguel no latía. Su vida pendía de unas manos entrenadas, un aparato que llegó rápido y una coordinación de película. Cuando los profesionales del Summa 112 se hicieron cargo, lograron estabilizarlo y lo trasladaron de urgencia al hospital. Allí le indujeron un coma del que no despertó hasta tres días después, con amnesia a corto plazo y sin recuerdo alguno de lo que le había pasado.
Por qué funcionó la cadena de supervivencia (y lo que todos deberíamos saber)
Cualquier sanitario te dirá que una parada cardíaca fuera del hospital tiene muy mal pronóstico si no se actúa en los primeros minutos. En este caso, hubo cuatro eslabones que encajaron a la perfección: el aviso inmediato de los testigos, la RCP precoz, el desfibrilador y la llegada de los equipos de emergencias. Sin uno solo de ellos, probablemente Miguel no estaría hoy contando la historia.
Pero hay un detalle que a menudo se nos escapa. La RCP que practicaron la enfermera y el bombero no la hicieron porque sí; sabían lo que hacían. Y los policías nacionales, igual. La formación en primeros auxilios que reciben determinados profesionales marca la diferencia entre una maniobra efectiva y una que solo sirve para esperar a que llegue la ambulancia. Eso, y la existencia de un desfibrilador cerca, algo que en la Dehesa Boyal no está garantizado. La clave fue que el aviso al 091 incluyó la petición inmediata del aparato, que llegó con la patrulla.
Meses después, Miguel se reencontró con Juan Antonio, el policía que le auxilió, en los estudios de la SER. Las fotos del abrazo han dado la vuelta a los grupos de WhatsApp de Sanse. Y con razón.
La pregunta que deberíamos hacernos en Sanse tras el susto de Miguel
La historia acaba bien, pero deja un poso de vértigo. ¿Cuántos de nosotros sabríamos hacer una RCP si nos encontramos a alguien tirado en el carril bici de la Dehesa? ¿Dónde está el desfibrilador más cercano en nuestra urbanización o en el municipio? El Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes impulsó en 2025 campañas de formación en colegios e instalaciones deportivas, pero la Dehesa Boyal sigue siendo un punto negro: un espacio natural, alejado de los centros de salud, donde la primera ayuda depende casi exclusivamente de los testigos.
No hace falta ser bombero ni enfermera. Un curso básico de RCP dura unas horas y puede salvar una vida. En Sanse, tanto la Cruz Roja como el Ayuntamiento (a través del área de Salud) organizan talleres periódicos. Este periódico ha preguntado a fuentes municipales y nos confirman que la próxima convocatoria está prevista para después del verano, aunque aún no hay fecha cerrada. También existen desfibriladores en edificios públicos y algunos centros deportivos, pero conviene saber dónde están antes de que los necesites de verdad.
La reflexión es tan simple como incómoda: Miguel tuvo la suerte de que en el momento exacto pasaban por allí personas con conocimientos y un dispositivo que llegó a tiempo. No siempre ocurre. Y no queremos que el próximo ciclista que se quede sin pulso en la Dehesa dependa de la casualidad.


