Aunque la inauguración del megaproyecto Valgrande en la Carretera del Goloso de Alcobendas ocurrió hace tiempo, las nuevas precisiones del gobierno municipal solo agravan la percepción de lentitud crónica, con un equipo del PP incapaz de acelerar un desarrollo vital para paliar la crisis habitacional. La alcaldesa ha detallado que el vallado perimetral con seguridad privada comienza mañana, acotando la zona frente a ecologistas, y se reafirma el soterramiento parcial de la Carretera del Goloso. A priori, 2027 marcará el movimiento de tierras y la comercialización inmobiliaria, pero no se sabe absolutamente nada de las entregas, un silencio que crítica la ineficacia de un gobierno que promete soluciones rápidas pero condena a vecinos a años de incertidumbre.
«A partir de mañana vamos a vallar esta zona para que vean los ecologistas que esto va en serio», declaró la alcaldesa de Alcobendas, con el Ayuntamiento como propietario mayoritario. Este paso protege dos millones de metros cuadrados durante la reparcelación, prevista para aprobarse en las próximas semanas, pero resalta la torpeza gubernamental: tras la inauguración previa y el desbloqueo del plan parcial y del convenio de agua, solo ahora se anuncian vallas en vez de obras reales. Heredaron un problema paralizado y judicializado, sí, pero su gestión posterior ha sido tan lenta que convierte cada pequeño avance en un parche visual más que en una solución real. Para los vecinos, lo que se espera no es un cierre perimetral, sino una fecha clara de inicio de las viviendas.
«A partir de mañana vamos a empezar vallar la zona»
El problema de fondo es que el gobierno local ha preferido alimentar la imagen de un proyecto que avanza, cuando en realidad todavía queda demasiado por hacer. El vallado puede tener sentido para ordenar el ámbito, proteger el suelo y delimitar la futura urbanización, pero políticamente transmite otra cosa: que todo sigue todavía en fase preparatoria. Y eso, en un proyecto que llevaba años anunciándose, genera una sensación de cansancio e impaciencia entre quienes llevan demasiado tiempo oyendo promesas.
Soterramiento de Carretera del Goloso
El soterramiento parcial en dos tramos de la Carretera del Goloso será uno de los elementos más importantes del proyecto, porque permitirá unir mejor Valgrande con Valdelatas, además de coser el nuevo barrio con el tejido urbano existente. Sobre el papel, es una intervención muy relevante, pero en la práctica llega acompañada de un calendario que vuelve a empujar todo hacia adelante. El propio planteamiento apunta a que esa actuación arrancará con las obras generales, previsiblemente en 2027, lo que confirma que el proyecto sigue instalado en una larga fase de espera.

Ese soterramiento no es un detalle menor: condiciona la movilidad, la conexión entre barrios y la calidad final del desarrollo. Por eso sorprende que, después de tanto tiempo, todavía se hable de una obra que “se hará” pero que sigue sin fecha concreta de arranque más allá de una previsión amplia. Esa forma de comunicar el proyecto da la impresión de que el gobierno municipal va siempre un paso por detrás de las expectativas que él mismo ha creado.
2027: ventas sí, pero entregas en el limbo
Lo que sí parece claro es que en 2027 comenzarán los trabajos de movimiento de tierras y también la comercialización de las viviendas de Valgrande. Eso significa que el proyecto entrará en una fase más visible, con maquinaria, obras y ofertas inmobiliarias. Pero, y aquí está la parte más delicada, no se conoce nada de cuándo se entregarán las viviendas. Esa es la gran ausencia del discurso oficial y también la principal fuente de desconfianza.
No basta con decir que se venderán casas en 2027 si nadie puede explicar cuándo estarán listas para vivir. Esa falta de concreción alimenta la crítica de que el proyecto va para largo, muy largo. El Ayuntamiento de Alcobendas y la Junta de Compensación hablan de futuro, pero siguen sin ofrecer una hoja de ruta cerrada para quienes esperan una vivienda real y no solo una promesa en fase de urbanización. Para muchos vecinos, la sensación es que se está construyendo primero un relato político y después, mucho después, la realidad material.
Un barrio prometido que todavía no llega
Valgrande aspira a ser un gran barrio con viviendas de distintos tipos, zonas verdes, equipamientos y más de 6.000 árboles. Sobre el papel, el proyecto es ambicioso y puede transformar una gran superficie de suelo en un nuevo distrito urbano. Pero esa ambición también deja en evidencia lo mucho que tardan las administraciones en convertir los anuncios en hechos. A día de hoy, el lenguaje oficial sigue lleno de previsiones, trámites y próximas fases, pero escaso de certezas.

El resultado es una sensación de desgaste. Cada anuncio nuevo confirma que el proyecto sigue vivo, sí, pero también que sigue lejos. Y esa distancia entre el anuncio y la entrega es precisamente lo que alimenta la crítica: Valgrande avanza, pero avanza despacio, demasiado despacio. Mientras tanto, los vecinos siguen esperando una respuesta clara sobre el momento en que esas viviendas dejarán de ser una promesa para convertirse en hogares de verdad.



Para que vean los tribunales que os los intentáis pasar por el forro. Le recuerdo a toda la población de Alcobendas que el tema está en los tribunales admitido a trámite. Porque la gente que está en contra de esta barbarie también va en serio. Es cierto que no tenemos la pasta y el poder de los que pretendéis este pelotazo, pero las convicciones son férreas. Tanto como vuestras intenciones crematísticas.