El Ayuntamiento de Alcobendas ha puesto en marcha uno de los proyectos más ambiciosos de los últimos años en materia de infraestructuras urbanas, un acuerdo marco para la rehabilitación de la calzada municipal que se desarrollará entre 2026 y 2029. Con un valor estimado de 18,4 millones de euros, esta iniciativa busca no solo mejorar el estado de las calles, sino también incorporar criterios de sostenibilidad, innovación tecnológica y comunicación con los vecinos.
Si bien el gran problema al que se enfrentan los vecinos es que, entre el asfaltado y la rehabilitación de la calzada municipal, las calles complican el tráfico por la zona de La Moraleja y Alcobendas, además de los cortes de varias calles donde los obreros recopilan el material en medio de las calles. Una imagen que agrava la dejadez de la zona y los vecinos tachan de incomodidad y suciedad.
Tal y como se explica en el informe de necesidad basado en la licitación para el Ayuntamiento de Alcobendas, «el acuerdo marco y los posteriores contratos basados en las actuaciones de la rehabilitación de los pavimentos asfálticos en el término municipal de Alcobendas son Obra de Reforma a los efectos de calificación del artículo 232 de la Ley 9/2017, del ocho de noviembre, de Contratos del Sector Público».

ALCOBENDAS IMPULSA LA MAYOR RENOVACIÓN DE SU RED VIARIA
En este contexto, dicho plan responde a una necesidad fundamental en cualquier ciudad, que es mantener en condiciones óptimas la red viaria para garantizar la seguridad, la movilidad y la calidad de vida de los ciudadanos. Tal como recoge el documento oficial al que ha tenido acceso LA MORALEJA, el objetivo principal es asegurar «la uniformidad y seguridad de la capa de rodadura asfáltica» en las vías públicas del municipio.
Sin ir más lejos, lo que sobre el papel se presentaba como un ambicioso plan de rehabilitación de la calzada municipal se ha transformado en el día a día de los vecinos de La Moraleja y Alcobendas en una carrera de obstáculos que pone a prueba la paciencia de los conductores más experimentados. El gran problema al que se enfrentan los residentes no es la mejora en sí, sino la ejecución y las complicaciones que le siguen.
La rehabilitación de la calzada municipal ha complicado el tránsito hasta puntos críticos, especialmente en las conexiones con la A-1 y las arterias que unen el Distrito Urbanizaciones con el centro de Alcobendas. Para el comercio local de Alcobendas, la situación es alarmante. El acceso de proveedores es una misión imposible y los clientes potenciales evitan las zonas en obras por la dificultad de aparcar y la suciedad ambiental. Lo que debería ser una mejora del valor patrimonial de la zona se está percibiendo como un castigo temporal que muchos temen que se prolongue más de lo anunciado.
Un laberinto de asfalto y hormigón
Circular hoy por las arterias que conectan estas zonas es, para muchos, un ejercicio de fe. Las obras de asfaltado han convertido trayectos de cinco minutos en odiseas de media hora. La rehabilitación de la calzada, aunque vital para la seguridad vial a largo plazo, ha provocado que las calles principales presenten una saturación inédita. El diseño de los desvíos y la falta de señalización clara en ciertos tramos han creado un efecto embudo.
No obstante, el punto crítico no está solo en el movimiento de los vehículos, sino en lo que queda estático. Los cortes de varias calles no solo impiden el paso, sino que se han convertido en almacenes improvisados. Es común observar cómo los obreros recopilan el material —gravilla, palés de adoquines y maquinaria pesada— en mitad de las vías, reduciendo aún más el espacio de maniobra y dando una sensación de desorden crónico.

Dentro de la licitación, el Ayuntamiento de Alcobendas ha incluido criterios específicos para mejorar la comunicación con los vecinos durante las obras. Las empresas deberán ofrecer canales de información telefónica y digital, así como generar contenidos informativos sobre el avance de los trabajos. Incluso se exigirá la designación de un responsable de atención vecinal, encargado de gestionar quejas, sugerencias e incidencias. Este enfoque busca reducir el impacto negativo de las obras en la vida diaria de los ciudadanos y mejorar la percepción pública de estas intervenciones.
El plan tendrá una duración inicial de tres años, con posibilidad de prórroga hasta un máximo de cuatro. Durante este periodo, se ejecutarán múltiples actuaciones en diferentes puntos del municipio, adaptándose a las necesidades específicas de cada zona. El sistema de contratos basados permitirá intervenir de forma ágil en aquellas calles que requieran mantenimiento o rehabilitación, optimizando los recursos disponibles y evitando demoras innecesarias.


