El crecimiento de Alcobendas como motor económico y residencial de la Comunidad de Madrid parece haber pasado factura a su tejido social. Según los datos del Estudio Sociológico Municipal de abril de 2026, realizado por NC Report para LaMoraleja.com, el municipio enfrenta una crisis de identidad sin precedentes: el 48,9% de los ciudadanos afirma no sentirse identificado con su distrito o barrio de residencia. Esta «desafección de barrio» es especialmente palpable en el casco urbano, donde el sentimiento de pertenencia se desvanece frente a un modelo de ciudad que muchos perciben como impersonal.
Mientras que en décadas anteriores la identidad de «pueblo» vertebraba la vida social en el centro, los datos actuales dibujan un panorama de desarraigo. Esta falta de cohesión social plantea un reto mayúsculo para el Ayuntamiento de Alcobendas, que ve cómo la participación ciudadana y el cuidado del entorno se resienten ante una población que reside en la ciudad, pero no «vive» el barrio.
El casco urbano: el epicentro del desarraigo
En el denominado resto del municipio (que engloba el casco histórico y los distritos de reciente expansión no vinculados a las grandes urbanizaciones), los indicadores de identidad son los más preocupantes de todo el informe. El 49% de los encuestados en estas zonas reconoce abiertamente su falta de vínculo con el distrito.
Este fenómeno se explica por varios factores detectados en el estudio:
- Movilidad residencial: El encarecimiento de la vivienda (el principal problema para el 16,3% de los vecinos) obliga a una rotación constante de inquilinos, impidiendo que se echen raíces.
- Percepción de abandono: En el casco urbano, el 25,8% de los vecinos opina que la ciudad ha empeorado en el último año, una cifra superior a la media local. La insatisfacción con el asfaltado, la limpieza (15,3%) y el estado de las aceras genera una desconexión emocional con el entorno inmediato.

- Ciudad dormitorio: Para una gran parte de la población del casco, el barrio ha pasado a ser un lugar de paso entre la jornada laboral y el descanso, perdiendo el componente de comunidad.
La brecha entre el casco urbano y las urbanizaciones
Aunque la desafección es un mal compartido, existe una diferencia de matiz según la zona de residencia. En las urbanizaciones (La Moraleja, El Soto, El Encinar), el sentimiento de identidad es ligeramente superior, aunque sigue siendo minoritario. Allí, la seguridad y la exclusividad actúan como un pegamento social más fuerte que en el centro.
En el casco urbano, sin embargo, el vecino es mucho más crítico. La nota media que los residentes del centro otorgan al estado general de la ciudad es de un 5,43, frente al 5,64 de las zonas residenciales de lujo. Esta menor valoración está directamente ligada a la falta de identidad: es difícil sentirse parte de un lugar que no se percibe como cuidado o seguro. De hecho, la seguridad ciudadana en el casco recibe un suspenso o aprobado raspado (4,84) por parte de sus habitantes, lo que incrementa la sensación de «ajenidad».
Jóvenes y nuevos residentes: los más desconectados
El informe de NC Report pone el foco en la brecha generacional. La falta de identidad es alarmante entre los jóvenes de 18 a 30 años, donde el porcentaje de desapego supera la media municipal. Para este colectivo, Alcobendas es un lugar difícil para emanciparse debido al precio de la vivienda, lo que genera un sentimiento de exclusión más que de pertenencia.
Curiosamente, el sentimiento de identidad solo repunta entre los mayores de 65 años, quienes conservan la memoria de la Alcobendas asociativa y vecinal de antaño. Sin embargo, este grupo es cada vez menor frente a la masa crítica de nuevos residentes que trabajan fuera del municipio y apenas hacen vida en las plazas y comercios del casco urbano.
Un reto para la cohesión social
La desafección de barrio no es solo un dato sentimental; tiene consecuencias directas en la gestión pública. Un vecino que no se identifica con su distrito tiende a ser menos cuidadoso con el mobiliario urbano, participa menos en las consultas municipales y muestra una mayor desconfianza hacia las instituciones.

Para el equipo de gobierno de Rocío García Alcántara, estos datos suponen una señal de alerta. La alta valoración de la gestión en términos generales no está logrando traducirse en un mayor orgullo de pertenencia. El estudio sugiere que la inversión en limpieza, seguridad y vivienda pública (demandada por el 11,5% en el centro) es la única vía para recuperar al ciudadano.
En definitiva, el casco urbano de Alcobendas corre el riesgo de convertirse en un conjunto de códigos postales sin alma. El reto de cara a 2027 no será solo gestionar infraestructuras, sino reconstruir el vínculo emocional de un 49% de la población que hoy siente que su casa está en Alcobendas, pero su corazón no.


