En el corazón de Alcobendas late un problema que no es nuevo, pero sí persistente. Diez años después de que el debate sobre el estado del casco antiguo ocupara titulares y sesiones plenarias, el Distrito Centro sigue enfrentándose a una realidad que muchos vecinos describen como estancada. Aceras estrechas, calles deterioradas, comercio en dificultades y una gestión cuestionada del aparcamiento configuran un escenario que, lejos de mejorar con el tiempo, parece haberse cronificado.
La reciente visita del nuevo partido Alcobendas Adelante al barrio ha vuelto a poner el foco en una situación que los residentes conocen bien. Escuchar a pie de calle ha servido para recoger testimonios directos, pero también para confirmar que muchas de las demandas actuales ya estaban sobre la mesa hace una década.
No se trata, por tanto, de problemas nuevos, sino de cuestiones que han resistido el paso del tiempo sin una solución efectiva. No hace falta un estudio técnico para detectar los fallos del Distrito Centro. Basta con caminar. Eso es precisamente lo que hicieron representantes de Alcobendas Adelante hace unos días: recorrer las calles, hablar con vecinos y comprobar en primera persona las dificultades del día a día.
Entre los problemas más señalados destaca el estado de las aceras. En algunos tramos, la estrechez obliga literalmente a los peatones a invadir la calzada. Esta situación no solo resulta incómoda, sino que supone un riesgo evidente, especialmente para personas mayores, familias con carritos o ciudadanos con movilidad reducida.
SENSACIÓN DE ABANDONO
A esta realidad se suma una sensación de abandono que va más allá de lo puramente físico. Algunos vecinos señalan que el deterioro del entorno acaba influyendo también en la percepción de seguridad y en la calidad de vida. Calles menos cuidadas, menos tránsito peatonal y menor actividad comercial generan un círculo vicioso en el que el barrio pierde atractivo tanto para residentes como para visitantes.
El estado del firme en varias calles agrava aún más la situación. Baches, grietas y zonas mal asfaltadas no solo afectan a la circulación de vehículos, sino que incrementan el peligro para peatones y ciclistas. En un entorno donde el espacio ya es limitado, cualquier deficiencia se magnifica. La movilidad, entendida como un derecho básico en la ciudad, se convierte así en un obstáculo cotidiano.

Otro elemento controvertido son los bolardos. Instalados en teoría para mejorar la seguridad y ordenar el tráfico, en la práctica se han convertido en obstáculos. Vecinos denuncian tropiezos y caídas, especialmente entre personas mayores.
Este tipo de intervenciones urbanas, cuando no se planifican teniendo en cuenta a todos los perfiles de usuarios, pueden generar más problemas de los que pretenden resolver. Pero el deterioro urbano no es el único desafío. El tejido comercial del centro también atraviesa dificultades que amenazan su supervivencia por el cambio de hábitos y la falta de apoyo institucional.
Mantener un negocio abierto en el centro de Alcobendas se ha convertido, según explican, en una tarea cada vez más complicada. El comercio de proximidad, que durante décadas ha sido uno de los pilares del barrio, se enfrenta a múltiples presiones. Aumento de costes energéticos, alquileres elevados, competencia de grandes superficies y el auge del comercio online han cambiado por completo el panorama.
A esto se suma, en el caso del Distrito Centro, la pérdida progresiva de afluencia, lo que impacta directamente en las ventas.
EN 2016 YA SE ARRASTRABAN LOS MISMOS PROBLEMAS
Esta situación no es nueva ni propia del actual Gobierno que comanda Rocío García, del Partido Popular. Ya en 2016, el grupo Sí Se Puede Alcobendas alertaba de la caída de la oferta de ocio y servicios en el centro. En aquel momento se hablaba abiertamente de «abandono y desolación», con una proliferación de locales cerrados que afectaba tanto a la economía como a la vida social del barrio. Aquella advertencia, lejos de ser puntual, parece haber anticipado una tendencia que no ha logrado revertirse.
Hace una década, el pleno municipal abordó una moción que proponía medidas concretas para revitalizar el casco antiguo. Entre ellas, la creación de zonas peatonales, la eliminación de restricciones urbanísticas que limitaban la apertura de locales recreativos y el impulso al comercio.
SÍ SE PUEDE ALCOBENDAS YA PROTESTÓ EN 2016 POR SITUACIONES SIMILARES
El diagnóstico era claro: el centro necesitaba más vida, más actividad y más facilidades para emprender. También se planteaba priorizar al peatón frente al vehículo, una idea que hoy sigue siendo central en el urbanismo contemporáneo. Muchas ciudades han apostado en estos años por peatonalizar sus centros históricos, fomentar la movilidad sostenible y crear espacios más habitables.
El resultado es que, en 2026, los problemas persisten y, en algunos casos, se han agravado. La falta de una estrategia sostenida en el tiempo ha impedido consolidar cambios estructurales. En lugar de una transformación progresiva, lo que se percibe es una sucesión de intentos parciales que no han logrado modificar la dinámica del barrio. Uno de los aspectos más llamativos de la situación actual es el aparcamiento.
A pesar de la percepción generalizada de escasez, los datos revelan una realidad distinta: el Ayuntamiento dispone de más de 1.200 plazas, pero solo una pequeña parte está en uso. La empresa municipal SOGEPIMA gestiona este patrimonio, pero su eficacia está en entredicho. Con apenas unas 150 plazas alquiladas, la infrautilización es evidente. Las causas parecen claras.
Por un lado, el mal estado de algunas instalaciones y accesos desincentiva su uso. Por otro, el precio de los abonos —en torno a 70 euros mensuales— resulta poco competitivo frente a la oferta privada. En un contexto económico complicado, este tipo de decisiones puede marcar la diferencia para muchos vecinos.
La consecuencia es paradójica: mientras los residentes tienen dificultades para encontrar aparcamiento en superficie, cientos de plazas públicas permanecen vacías. Esto apunta a un problema de gestión más que de falta de recursos.
En otros municipios del entorno, se han puesto en marcha soluciones que combinan planificación urbana y políticas públicas más flexibles. Aparcamientos disuasorios, tarifas reducidas para residentes o incentivos para el uso de plazas públicas han permitido aliviar la presión en determinadas zonas.
PROPUESTAS
Ante este panorama, Alcobendas Adelante ha planteado una serie de propuestas que buscan abordar los problemas desde una perspectiva integral. En materia de movilidad, se apuesta por mejorar el asfaltado de las calles y ampliar las aceras para garantizar la seguridad y accesibilidad.

En cuanto al comercio, se propone la concesión de ayudas económicas directas que permitan a los pequeños negocios afrontar el incremento de costes. La intención es evitar el cierre de más establecimientos y recuperar la actividad económica del centro. Se trata, en definitiva, de reforzar un modelo de comercio de proximidad que no solo genera empleo, sino que también contribuye a la cohesión social.
Respecto al aparcamiento, las medidas pasan por rehabilitar las instalaciones existentes, reducir los precios y facilitar el acceso a los residentes. También se plantea mejorar la transparencia en la gestión de SOGEPIMA, con objetivos claros y resultados medibles. Este punto resulta especialmente relevante en un contexto en el que la ciudadanía demanda cada vez más claridad en el uso de los recursos públicos.


