El caso Epstein alcanza a Astrid Gil-Casares y suspende su presentación en La Moraleja

Correos electrónicos intercambiados entre 2017 y 2019, ahora incorporados al dominio público, documentan una interlocución directa y prolongada entre la escritora española y el financiero estadounidense, con un tono que evoluciona del intercambio creativo y literario a un trato personal y emocional, según consta en los archivos del caso.

La nueva desclasificación de documentos vinculados al caso Jeffrey Epstein continúa ampliando el alcance público de las relaciones que el financiero estadounidense mantuvo durante años, incluso después de haber sido condenado por delitos sexuales. Miles de archivos incorporados recientemente al dominio público —entre ellos registros administrativos, agendas, facturas y correos electrónicos— permiten reconstruir con mayor precisión el entorno personal y social de Epstein en la última etapa de su vida.

Entre los nombres que aparecen en esta última remesa figura el de la escritora española Astrid Gil-Casares, exesposa del presidente de Ferrovial, Rafael del Pino. La documentación no alude a ella de forma indirecta ni circunstancial, sino que recoge una interlocución directa, prolongada y documentada, compuesta por 24 páginas de correos electrónicos y mensajes intercambiados entre 2017 y 2019.

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El contenido de esas comunicaciones describe una relación que evoluciona con el tiempo. Lo que comienza como un intercambio afectuoso y creativo, centrado en la literatura y el asesoramiento de textos, deriva progresivamente hacia un trato personal más estrecho, con referencias emocionales, comentarios cotidianos y tentativas de encuentro en distintas ciudades europeas.

El escándalo ha motivado que Gil-Casares haya suspendido un acto de presentación de su último libro ‘No digas nada’ en su lugar de residencia, La Moraleja. 

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EL TONO

Los mensajes más antiguos incluidos en esta remesa sitúan el vínculo, al menos, en 2017. En uno de los primeros correos conservados, Gil-Casares se dirige a Epstein con un tono marcadamente cercano y plantea retomar el contacto por una vía más directa. En ese mensaje escribe que ha borrado su número —»ahora puedes deshacerte de mí fácilmente»— y añade que echa de menos «que me enseñes», antes de pedirle explícitamente que se lo envíe de nuevo porque prefiere comunicarse por WhatsApp.

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Astrid Gil-Casares. Foto: SER.

Desde ese primer intercambio, el registro dista de cualquier formalidad institucional. No hay fórmulas de cortesía ni referencias profesionales explícitas. El tono transmite familiaridad y una voluntad clara de mantener una comunicación frecuente, algo que se repite de forma sostenida a lo largo de los meses siguientes.

Durante 2017 y 2018, la relación adquiere un componente claramente creativo. Astrid Gil-Casares envía a Epstein borradores literarios y le solicita opinión sobre ellos. En un correo fechado en enero de 2018, le agradece sus observaciones y le confirma que ha incorporado «todos tus comentarios». En ese mismo mensaje explica que ha tratado de ajustar el enfoque narrativo para hacerlo «menos cliché» y concreta el objetivo del proyecto: quiere una comedia comercial, no una película pensada para el circuito de festivales.

La escritora reconoce además que el final de la historia aún no está cerrado y le pide una nueva lectura del texto. Los correos de diciembre de 2017 profundizan en ese papel de Epstein como lector crítico. En uno de ellos, él realiza observaciones sobre el ritmo del relato, las escenas y los personajes, señalando que cada página debe resultar relevante. Ella responde aclarando interpretaciones y planteando cambios específicos, llegando a preguntarle qué modificaría de uno de los protagonistas para que resulte atractivo para las mujeres.

En ese intercambio aparecen también referencias personales. En un momento, Gil-Casares menciona que un personaje está inspirado en alguien real, pero que no puede hablar demasiado de él «desde mi ex». En otro punto corrige una interpretación errónea causada, según explica, por un problema de traducción: no hay ninguna mujer de 70 años en la escena a la que Epstein se refiere.

PLANO CREATIVO 

A partir de 2019, el contenido de los mensajes cambia de registro. Las referencias literarias disminuyen y el intercambio se vuelve más breve y funcional, centrado en viajes, agendas y posibles coincidencias. En uno de los correos, Epstein pregunta escuetamente si estará en Miami. En otros, es Gil-Casares quien plantea fechas y ciudades para verse, preguntando cuándo estará en París o si se encontrará allí entre el 1 y el 5 de mayo. En uno de esos mensajes, tras confirmar que podría volar el día 2 y quedarse hasta el 5, concluye con un «¿tenemos trato?» que refleja un tono de complicidad.

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Epstein junto a Trump. Foto: Europa Press.

Entre finales de abril y mayo de 2019, la conversación adquiere un carácter más íntimo. En uno de los mensajes más extensos, Gil-Casares relata una ruptura sentimental, una mudanza reciente y el fallecimiento del padre de su mejor amiga, describiendo la semana como emocionalmente muy dura. En ese contexto, le pregunta si viajará a Europa y le propone pasar una noche en Madrid, añadiendo que, por alguna razón extraña, siente que lo necesita.

La respuesta de Epstein sitúa su ubicación en París y menciona que ha pasado sobre Madrid en avión. Posteriormente, ella matiza el sentido de su mensaje, aclarando que cuando dice que lo necesita se refiere a una amistad y que no pretende presionarlo. Añade, no obstante, que percibe una conexión fuerte entre ambos y reflexiona sobre la posibilidad de que esa sensación sea fruto de su imaginación.

El intercambio continúa con invitaciones explícitas a Madrid, precisando que no tendrá a sus hijas durante varios días y subrayando el atractivo del país. A lo largo de los mensajes aparecen bromas compartidas, comentarios sobre lecturas —desde novelas románticas hasta títulos de contenido más explícito— y referencias a un personaje literario inspirado en Epstein, al que describe como una especie de Rhett Butler contemporáneo.

PERFIL

Astrid Gil-Casares nació en Madrid en 1973 en el seno de una familia estrechamente vinculada a la élite académica, política y social española. Es hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada y de la aristócrata francesa Catherine Marlier. Por línea paterna, su genealogía incluye a figuras relevantes de la vida institucional española, como su bisabuelo Felipe Gil-Casares, catedrático universitario, rector de la Universidad de Santiago, alcalde en los años treinta, diputado y magistrado del Tribunal Supremo. En su árbol familiar figura también el general golpista Alfonso Armada, implicado en el 23F.

ASTRID GIL-CASARES ESTABA EMPARENTADA CON EL GOLPISTA ALFONSO ARMADA

Tras formarse en economía, desarrolló parte de su carrera en Londres, donde trabajó en banca de inversión en entidades como JP Morgan. En 2004 fundó su propia sociedad de consultoría y ese mismo año conoció al empresario Rafael del Pino, con quien contrajo matrimonio. La boda, celebrada en Chinchón, fue uno de los grandes acontecimientos sociales del momento. De esa unión nacieron tres hijas.

El divorcio, formalizado en 2014, tuvo un fuerte impacto mediático y económico. La Audiencia Provincial de Madrid fijó una indemnización millonaria y una pensión compensatoria elevada, al considerar acreditado que Gil-Casares había interrumpido su carrera profesional durante una década para dedicarse a la familia.

Tras la ruptura, inició un proceso de reinvención personal y creativa. Se volcó en la escritura y el guion cinematográfico y adoptó una imagen pública alejada de los códigos tradicionales de la alta sociedad en la que se había criado. En paralelo, mantuvo un perfil discreto en lo sentimental y centró su vida cotidiana en la crianza de sus hijas, con residencia en la urbanización de La Moraleja.

Es en ese contexto vital —marcado por la redefinición personal, creativa y emocional— donde se encuadra la correspondencia ahora recuperada con Jeffrey Epstein. Un intercambio que, sin interpretaciones añadidas, queda fijado en los documentos y se suma al mosaico de relaciones que siguen saliendo a la luz a medida que el caso continúa desclasificándose.

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