La siempre polémica Isabel Díaz Ayuso arrasó en las elecciones autonómicas madrileñas de mayo de 2021. Su victoria fue tan rotunda que dejó poco espacio para el matiz: Madrid viró en bloque hacia la derecha, con resultados históricos en barrios acomodados y cifras humillantes para la izquierda en sus feudos tradicionales. En La Moraleja —la urbanización más rica de España, ese lugar donde no hay chalés sino mansiones— el triunfo fue aún más obsceno.
Allí, en la sección censal 35, el Partido Popular rozó la unanimidad. Y sin embargo, entre 555 papeletas, apareció una grieta. Una sola. Un voto a Podemos que lideró el exvicepresidente Pablo Iglesias. La anécdota habría quedado enterrada en una hoja de Excel del escrutinio si no fuera porque alguien decidió tomársela en serio. O, mejor dicho, tomársela en broma, que suele ser una forma más eficaz de hacer periodismo.
Un año después de aquellas elecciones, la periodista Eva Lamarca volvió a La Moraleja para responder a una pregunta tan absurda como irresistible: ¿quién fue la persona que se atrevió a votar a Podemos en el corazón simbólico del capitalismo madrileño?
Así nació Misterio en La Moraleja, el podcast que Lamarca firma y protagoniza junto a Álvaro de Cózar, que se ha convertido uno de los grandes nombres del podcast narrativo en España tras XRey. Lo que podría haberse quedado en un chascarrillo político se convierte en cinco episodios que oscilan entre la comedia de enredos, la crónica social y la investigación periodística ligera. Un true crime sin cadáveres.
LA INVESTIGACIÓN COMO EXCUSA PARA CONOCER LA MORALEJA
La premisa es tan sencilla que roza lo infantil. En esa sección concreta de La Moraleja, donde viven algunas de las mayores fortunas del país, el reparto de votos fue casi monocolor: mayoría aplastante para el PP, una presencia testimonial de Vox, migajas para PSOE y Más Madrid, y un único voto para Podemos. Uno.
El dato tenía algo de afrenta simbólica. Lamarca decidió seguir el rastro. No tanto para señalar al culpable —aunque el juego funciona precisamente porque hay sospechosos que niegan la mayor— como para entender qué significa ser diferente en un ecosistema diseñado para la homogeneidad.
A partir de ahí, el podcast se puebla de personajes: aristócratas, empresarios, agentes inmobiliarios, celebrities, vecinos de toda la vida, y trabajadores que conocen La Moraleja desde la trastienda. Cada uno aporta una pista y, sobre todo, una idea preconcebida sobre quién podría haber sido el votante de la formación morada. Ahí aparece uno de los grandes aciertos del proyecto: el uso consciente del estereotipo para desmontarlo. Los ricos votan a la derecha. Los deportistas también. Los nobles, por supuesto. Los trabajadores, quizá no.

Pero nada es tan simple cuando se escucha con atención. Las entrevistas —muy relajadas— van mostrando contradicciones deliciosas, prejuicios heredados, inseguridades ideológicas y una sorprendente incomodidad ante la idea de que alguien cercano piense distinto.
Lejos de adoptar un tono acusatorio, el podcast opta por la ironía. La Moraleja no es retratada como un nido de villanos, sino como un lugar hermético, autorreferencial, donde la política funciona más como identidad que como debate. Hay frases que condensan esa lógica sin necesidad de subrayado: la idea de que ciertos partidos ‘no pueden’ ganar allí, no por sus programas, sino por pura incompatibilidad moral; la dificultad para admitir que se tienen amigos de izquierdas, aunque se sospeche que existen; la convicción de que votar es, ante todo, una forma de pertenencia, lo cual ya no ocurre en las clases populares que en parte se han desviado a la ultraderecha.
Álvaro de Cózar explicó que el misterio era solo una excusa narrativa. Y se nota. El interés real del podcast no está en resolver el enigma —aunque lo haga, y de una manera tan inesperada como autoconsciente— sino en acceder a un territorio normalmente blindado, no solo por vallas y seguridad privada, sino por una cultura del silencio y la autosuficiencia. La Moraleja no suele hablar. Aquí, habla. Y lo hace porque se le propone un juego.
Ese tono lúdico marca una diferencia clara con trabajos anteriores de sus autores. XRey era denso, político, institucional. Misterio en La Moraleja es veraniego, ligero, casi pop. No renuncia a la mirada crítica, pero la disfraza de curiosidad. Lamarca se presenta como una investigadora un poco ingenua, a veces sorprendida por lo obvio, consciente de su propio papel dentro del relato. El cierre, deliberadamente inspirado en la novela de misterio clásica, no busca una moraleja política clara.
LOS AUTORES
Eva Lamarca y Álvaro de Cózar forman una de las parejas creativas más singulares del actual periodismo narrativo español, especialmente en el ámbito del audio. Comparten formación en la Escuela UAM–El País, pero también una manera de entender el periodismo como relato: rigor en la investigación y libertad formal en la escritura. Lamarca procede del cruce entre filosofía, periodismo e investigación.
Tras más de una década en Vanity Fair, donde se especializó en política y poder, desarrolló una mirada muy centrada en los personajes de las altas esferas.

De Cózar aporta la experiencia del gran reportaje y la arquitectura narrativa. Tras catorce años en El País y coberturas internacionales en contextos de conflicto, se consolidó como uno de los principales creadores de podcast narrativo en España, con títulos como V, XRey o Los papeles, premiados con Ondas y reconocimientos internacionales. Su último trabajo fue la dirección de la docuserie La última llamada, de Movistar Plus+, en la que Lamarca trabajó como guionista.


