El comportamiento electoral de La Moraleja podría facilitar el cambio en Alcobendas en 2027

La Moraleja ha sido, durante décadas, uno de los territorios políticamente más estables de Alcobendas. Urbanización de alto poder adquisitivo, con un peso demográfico importante dentro del distrito de Urbanizaciones, ha mantenido un voto consistentemente fiel al Partido Popular.

De hecho, este apoyo ha funcionado tradicionalmente como un contrapeso a la fortaleza del PSOE en el casco urbano, dificultando que los socialistas pudieran recuperar la alcaldía en numerosos ciclos electorales. Sin embargo, el escenario de 2027 podría no ser una simple repetición de patrones anteriores.

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La gestión municipal de la alcaldesa Rocío García Alcántara —marcada, según sus críticos, por problemas de seguridad, movilidad y limpieza— está generando un malestar creciente en distintos sectores del municipio. Y aunque La Moraleja no es un barrio políticamente volátil, la percepción de abandono o de agravio comparativo, cada vez más extendida entre sus vecinos, podría desembocar no necesariamente en un voto hacia la izquierda, sino en algo igualmente decisivo: desmovilización.

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Rocío García Alcántara ejerce como alcaldesa de Alcobendas desde 2023.

Los socialistas de Alcobendas detectan esta oportunidad. El nuevo líder del partido en la ciudad, Ángel Sánchez Sanguino, no oculta que el distrito de Urbanizaciones será un eje estratégico de su proyecto: «No podemos dar la espalda a ningún territorio de la ciudad. El distrito de Urbanizaciones, donde está La Moraleja, es estratégico y aporta mucho valor al municipio». La dirección local del PSOE parte de una lectura clara:

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La Moraleja no suele votar en clave estrictamente municipal, pero la política local importa más de lo que a veces se cree. «Sabemos que en La Moraleja los factores nacionales influyen, pero el voto local se basa en la cercanía y las preocupaciones diarias; por eso hay que individualizar el trabajo y escuchar a cada barrio», explica Sánchez Sanguino.

MALESTAR

Los diagnósticos socialistas coinciden en un punto: el PP, sostienen, ha actuado durante años bajo la lógica del voto garantizado en esta urbanización. Esa confianza habría derivado en una falta de planificación a largo plazo y en la incapacidad para resolver problemas históricos que afectan a la vida diaria de sus residentes. Entre esos problemas, destacan tres: movilidad, seguridad y limpieza.

La movilidad irrumpe con un problema estructural La Moraleja sufre desde hace décadas un colapso creciente en horas punta. El socialista Jorge Rodríguez Barrientos, concejal y miembro de la Junta de Urbanizaciones, destaca que no se trata de un fenómeno reciente, sino acumulado: «Muchos vecinos han notado un incremento de coches, pero esos coches no han aparecido de repente.

En los últimos 25 años se aumentó la presencia de viviendas y población sin un plan estratégico de movilidad». La llegada de nuevas urbanizaciones en el entorno —Carrascosa, La Solana o Valdebebas— ha intensificado los flujos de tráfico, complicando la entrada y salida de la urbanización. Según el PSOE, la falta de visión a largo plazo está en el origen de estas tensiones que comienzan a ser, para algunos residentes, un factor de desgaste.

La seguridad es otro de los puntos críticos. Sánchez Sanguino recuerda que en la legislatura anterior se reforzó ampliamente la estructura policial, «con 40 nuevas plazas, flota renovada, un nuevo centro de comunicaciones y cámaras de seguridad». Sin embargo, acusa al equipo de gobierno actual de no gestionar adecuadamente esos recursos: «La percepción de inseguridad ha aumentado entre los vecinos, aunque la alcaldesa manipula datos para minimizarlo».

Rodríguez Barrientos va más allá al señalar un repunte del tráfico de drogas en el municipio y criticar que el gobierno haya eliminado epígrafes de los informes para evitar que ese incremento se visibilice. Aunque La Moraleja no padece la misma tipología de delitos que el casco urbano, la sensación de vulnerabilidad ha ganado terreno.

Además, la limpieza es el desencanto más visible Si hay un elemento que los vecinos mencionan con más frecuencia es el estado de las calles, parques y zonas verdes. Tanto Sánchez Sanguino como Rodríguez coinciden en que la gestión actual es reactiva y falta de planificación. «Hay zonas mal cuidadas, malas hierbas creciendo, suciedad acumulada y malos olores», enumera el líder socialista.

Su compañero de filas añade que solo se actúa cuando hay una denuncia vecinal, lo que para él refleja que no existe un modelo de mantenimiento integral. La Moraleja es un territorio extenso, con gran superficie verde y un tipo de urbanización que exige más recursos para mantener estándares altos. Sin embargo, el PSOE sostiene que la solución no pasa por inversiones puntuales, sino por una inversión sostenida y constante año tras año.

AGRAVIO

En las conversaciones con el vecindario aparece un mensaje recurrente: la percepción de agravio respecto al resto del municipio. Sánchez Sanguino recuerda que en la etapa socialista de Pepe Caballero (2003-2007) se intentó equilibrar las inversiones entre el casco urbano y las urbanizaciones, aunque reconoce que el desarrollo de La Moraleja no iba al mismo ritmo.

Más duro es con el PP, a quien acusa de incumplir repetidamente su promesa de eliminar las entidades de conservación y evitar así el pago doble por servicios básicos. Rodríguez, por su parte, incide en la falta de una voz colectiva en La Moraleja: «No hay tejido asociativo fuerte ni una voz articulada. Es un voto cautivo que no se moviliza».

Paradójicamente, esa baja movilización histórica es lo que podría jugar un papel clave en 2027. Si los niveles de participación caen y Ciudadanos pierde el concejal que hoy mantiene de forma testimonial, el margen electoral podría estrecharse lo suficiente como para que el PSOE vuelva a competir por la alcaldía.

El PSOE no espera un giro electoral radical en la urbanización; sería irreal. Pero sí observa la posibilidad de un escenario favorable: un PP que no consigue activar a su electorado tradicional, un Cs en retroceso y una izquierda que, sin necesidad de crecer demasiado en La Moraleja, puede beneficiarse de un cambio en el equilibrio general. «La Moraleja vota al PP, pero el PP no tiene un plan para La Moraleja», resume Rodríguez Barrientos.

Esa frase sintetiza la paradoja de un distrito cuyo peso electoral puede resultar decisivo en unas municipales reñidas. Si la desmovilización cala y el malestar se mantiene, La Moraleja —territorio históricamente conservador— podría convertirse, por primera vez, en un factor que facilite un cambio de color en la alcaldía de Alcobendas.

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Luis M. Casco Santillana

No sé si el PP tiene plan para la Moraleja, pero si lo tiene, que lo cambie porque la percepción de los vecinos es que no funciona, no hay ni inversión en viales ni gasto en limpieza.

Antonio

Pues lo mismo que en el resto el pueblo.Peor incluso y el PSOE lo mismo solo gobierna para los de arriba.