La Moraleja aparece en pantalla antes de que nadie pronuncie su nombre. Basta una cancela de forja, un seto alto y un coche con chófer para que el espectador español entienda que ha entrado en territorio de dinero viejo. La urbanización, situada en Alcobendas, al norte de Madrid, se ha convertido en decorado recurrente para las ficciones que necesitan mostrar poder sin explicarlo: parcelas amplias, calles sin tráfico y una privacidad que también se rueda. El sitio ahorra explicaciones: nadie pregunta cuánto cuesta una casa ahí.
El criterio de la lista es estricto: solo figuran series que han llevado un equipo de rodaje a la urbanización, no las que la citan en un diálogo o la evocan de oídas. Tampoco las que se limitan a recrear su estética en plató. Lo que queda es una mezcla de thriller, comedia y drama en la que el mismo paisaje sirve para el chalé del millonario y para la casa familiar con piscina. Casi todas son ficciones de plataforma o de televisión generalista, y en casi todas la urbanización interpreta otro lugar: la mansión que la serie no quiere situar en un mapa.
4Los favoritos de Midas: La Moraleja como símbolo del dinero viejo
Netflix estrenó el 13 de noviembre de 2020 Los favoritos de Midas, una miniserie de seis capítulos creada por Mateo Gil y Miguel Barros a partir del relato de Jack London The Minions of Midas (1901), producida por Nostromo Pictures y protagonizada por Luis Tosar en el papel del empresario Víctor Genovés, junto a Marta Belmonte, Willy Toledo y Carlos Blanco. El rodaje arrancó el 4 de noviembre de 2019 y se extendió durante 15 semanas por distintas localizaciones de la Comunidad de Madrid. Lo que la ata a La Moraleja es el registro municipal: Alcobendas contabilizó 14 producciones audiovisuales en 2020 y el Ayuntamiento citó la serie de forma expresa entre ellas, dentro del programa ‘Alcobendas, plató de cerca’, que presume de despachar permisos en 72 horas. La ficha de Madrid Film Office, en cambio, no consigna ninguna dirección de la urbanización: detalla las Cuatro Torres, el edificio Matesanz, el cementerio de La Almudena y la estación de Chamartín.
Su valor para esta lista no está en un plano reconocible, sino en el tipo de dinero que pone en pantalla. Genovés no es un emprendedor recién enriquecido: acaba de heredar el control de Grupo Malvar, un conglomerado familiar de comunicación, y el chantaje —vender acciones por 50 millones de euros o asumir que morirá un desconocido elegido al azar— le obliga a decidir cuánto vale una fortuna que ya venía puesta. Ese es el terreno del dinero viejo, y La Moraleja es su traducción residencial en el imaginario audiovisual español: parcelas grandes, discreción y seguridad privada antes que fachadas. La serie, sin embargo, coloca la casa del protagonista en un ático de la Gran Vía y su oficina en una de las Cuatro Torres, y reserva Lavapiés para el Madrid que no manda. Esa decisión refuerza el contraste que hace valiosa la entrada: aquí el poder se exhibe en vertical y en el centro, no se esconde en una urbanización del norte.


