La Moraleja aparece en pantalla antes de que nadie pronuncie su nombre. Basta una cancela de forja, un seto alto y un coche con chófer para que el espectador español entienda que ha entrado en territorio de dinero viejo. La urbanización, situada en Alcobendas, al norte de Madrid, se ha convertido en decorado recurrente para las ficciones que necesitan mostrar poder sin explicarlo: parcelas amplias, calles sin tráfico y una privacidad que también se rueda. El sitio ahorra explicaciones: nadie pregunta cuánto cuesta una casa ahí.
El criterio de la lista es estricto: solo figuran series que han llevado un equipo de rodaje a la urbanización, no las que la citan en un diálogo o la evocan de oídas. Tampoco las que se limitan a recrear su estética en plató. Lo que queda es una mezcla de thriller, comedia y drama en la que el mismo paisaje sirve para el chalé del millonario y para la casa familiar con piscina. Casi todas son ficciones de plataforma o de televisión generalista, y en casi todas la urbanización interpreta otro lugar: la mansión que la serie no quiere situar en un mapa.
2Secretos de Estado: una mansión de La Moraleja como residencia de la presidenta del Gobierno
El palacio de La Moncloa de Secretos de Estado no está en Moncloa. La residencia presidencial de la ficción de Telecinco se levantó en el Palacio Villalís, una mansión neoclásica de unos 2.700 metros cuadrados construidos —sobre una parcela de 10.000— en el interior de La Moraleja, a escasos metros de los chalés que Alicia Koplowitz y la baronesa Thyssen tienen en la urbanización. La casa, con nueve dormitorios, catorce cuartos de baño, cinco salones, biblioteca y dos piscinas, una interior y otra exterior, la construyó hace más de dos décadas el periodista y publicista Manuel Romero, que tardó dos años en rematarla. Según contó a EL MUNDO el creador de la serie, Frank Ariza, el equipo dio con ella por medio de amigos que conocían al dueño, no a través de una agencia de localizaciones.
El rodaje en un recinto privado y vigilado añadió dificultades: no se podía llegar en coche hasta la puerta, así que la producción instaló una base fuera de la urbanización y entró el material en lanzaderas para no llamar la atención. A cambio, Villalís apenas necesitó cambios, porque allí se grabó el ala privada del palacio tal y como está; los despachos y las estancias oficiales se recrearon en la Real Academia de Farmacia y los jardines del antiguo Hospital de la calle Maudes, y todo se unificó después con un plano aéreo digital. Sin plató —la serie se filmó íntegramente en localizaciones naturales entre septiembre de 2017 y mayo de 2018—, el caserón hizo creíble la intimidad del presidente Alberto Guzmán y de la primera dama, Ana Chantalle: «La sensación que tuve cuando entré por primera vez es que La Moncloa tenía que ser como esto», resumía Emmanuel Esparza. El palacio, que ya había acogido anuncios de El Corte Inglés e Ikea, ha seguido alquilándose después para La Valla, Sequía o la serie de Netflix Kaos.


