La Moraleja y Alcobendas forman una de las concentraciones de deporte privado más densas de la Comunidad de Madrid. Entre la urbanización cerrada, el kilómetro 26,400 de la antigua Carretera de Burgos y los aledaños de Diversia, el golf, el pádel, el tenis y la hípica funcionan menos como afición que como infraestructura social: el lugar donde se cierran acuerdos, crecen los hijos y se organiza buena parte de la vida del barrio. A ese vecindario de renta alta se le suma un corredor de sedes corporativas a lo largo de la A-1 que también usa estas instalaciones.
El criterio de esta lista no es el precio —las cuotas no son públicas ni verificables en todos los casos— sino el grado de cierre y el peso de cada entidad sobre su entorno: acceso reservado a socios o accionistas, varias disciplinas bajo un mismo techo y capacidad de arrastrar a las familias durante generaciones. Se quedan fuera las instalaciones municipales y los gimnasios de acceso libre; entran los clubes que exigen pertenencia y los estudios que trabajan a puerta cerrada, a menudo sin escaparate. Algunos se fundaron hace medio siglo; otros ocupan locales reformados hace pocos años.
3Los clubes de pádel y tenis de La Moraleja y Arroyo de la Vega: la pista como sala de reuniones
En el Arroyo de la Vega, a espaldas del centro comercial Diversia y a un paso de las sedes corporativas de la A-1, el Club de Pádel La Moraleja ha convertido más de 14.000 metros cuadrados en un despacho sin techo: 23 pistas (once de muro, ocho de ellas cubiertas, y doce de cristal), restaurante con terraza para 200 personas, spa y aparcamiento subterráneo con más de 700 plazas. Lo que lo distingue no es el ladrillo, sino la agenda: dos títulos de mejor club de pádel del mundo en los Padel Spain World Padel Awards (2016 y 2020), una liga interempresas que arranca en febrero y se disputa de lunes a jueves al mediodía hasta junio —equipos de cuatro a seis jugadores, 250 euros de inscripción— y la fase madrileña del Campeonato de España de Empresas, que ha llegado a reunir aquí a medio centenar de escuadras de Telefónica, Caser, Expansión o Madison. La letra pequeña: la sociedad que explotaba el complejo entró en concurso de acreedores en 2025 con un pasivo cercano a los dos millones y la titular de la concesión reclama la posesión de las instalaciones.
A dos kilómetros, el Club de Tenis La Moraleja se rige por otras reglas: las de la acción. Fundado en 1972 sobre 45.000 metros cuadrados de arbolado en el Camino Nuevo, solo se accede a la condición de socio titular comprando un título de Cerromoraleja S.A. —el club no emite participaciones nuevas, de modo que todo depende de que alguien venda—, con una cuota de mantenimiento de 123,05 euros al mes (IVA incluido) y aparcamiento reservado a los socios. Reúne 14 pistas de tenis (seis de tierra batida) y seis de pádel, además de piscina, gimnasio y restaurante. Su capital es el tiempo: tres generaciones que no suben a entrenar sino a quedarse, un ranking interno con máster en primavera, torneos benéficos y salones que se reservan con meses de antelación para comuniones. Los comités de padres de los colegios internacionales del entorno han encontrado en estas pistas y en las del club de Arroyo de la Vega la sede de sus ligas privadas, con el partido como primera parte de la conversación y la terraza como segunda. Para ser socio titular hay que adquirir una acción de Cerromoraleja S.A., un título escaso que no se amplía, con una cuota de mantenimiento de 123,05 euros al mes; la entidad ronda el millar de socios.


