La Moraleja y Alcobendas forman una de las concentraciones de deporte privado más densas de la Comunidad de Madrid. Entre la urbanización cerrada, el kilómetro 26,400 de la antigua Carretera de Burgos y los aledaños de Diversia, el golf, el pádel, el tenis y la hípica funcionan menos como afición que como infraestructura social: el lugar donde se cierran acuerdos, crecen los hijos y se organiza buena parte de la vida del barrio. A ese vecindario de renta alta se le suma un corredor de sedes corporativas a lo largo de la A-1 que también usa estas instalaciones.
El criterio de esta lista no es el precio —las cuotas no son públicas ni verificables en todos los casos— sino el grado de cierre y el peso de cada entidad sobre su entorno: acceso reservado a socios o accionistas, varias disciplinas bajo un mismo techo y capacidad de arrastrar a las familias durante generaciones. Se quedan fuera las instalaciones municipales y los gimnasios de acceso libre; entran los clubes que exigen pertenencia y los estudios que trabajan a puerta cerrada, a menudo sin escaparate. Algunos se fundaron hace medio siglo; otros ocupan locales reformados hace pocos años.
1Club de Golf La Moraleja: el campo privado que ordena la vida social de la urbanización
El Real Club La Moraleja nació en 1973 como sociedad anónima impulsada por una docena de inversores —con César de Zulueta y Antonio García entre los principales— para dotar a la urbanización de un club de golf «como los ingleses y americanos», concebido, en palabras de sus fundadores, como una extensión de la propia casa de los socios. Los terrenos del Campo 1 se compraron en 1974 y Jack Nicklaus firmó el recorrido, el primero que diseñaba en Europa: comenzó a jugarse en 1975 y se inauguró en junio de 1976 con una partida en la que tomaron parte el propio Nicklaus, Sam Snead, Tom Weiskopf y Valentín Barrios. La fórmula de acceso no ha cambiado: 6.000 acciones, una por usuario, que se compran y venden entre particulares y cuyo precio ha oscilado entre los 100.000 euros que llegaron a pagarse y los 20.000 que rondaba en 2023, con una cuota mensual de unos 250 euros y el visto bueno del Consejo a cada aspirante.
Su peso en la vida de la urbanización no se explica solo por el golf. Los campos 1 y 2 están integrados en el propio residencial, junto a la N-1 y la M-12, y a ellos se suman el 3 y el 4 en Soto de Mozanaque (Algete), hasta completar 81 hoyos contando el recorrido corto de pares 3, una cifra que el club presenta como única entre los complejos privados europeos. El Campo 3 fue designado por Golf Digest segundo mejor de España en 2014, y por sus calles han pasado un Open de España (1986 y 1997), la Copa del Mundo de 1992 y el Johnnie Walker Classic de los ochenta. Alrededor de esa historia han crecido dos casas club, ocho pistas de tenis, una docena de pádel, squash, piscinas, spa, gimnasio, salón de bridge y peluquería: el calendario social que hace que muchos vecinos se vean más dentro del club que en la calle.


