Las fiestas de Sanse ya se han apagado, pero dejan más de 230 actividades en el recuerdo y unas cuantas cuentas pendientes. El programa del Cristo de los Remedios se cerró con la última noche de agosto, y aquí seguimos con la revista oficial doblada encima de la mesa.
La fiesta arrancó el 24 de agosto con el chupinazo y con un pregón que este año no lo dieron ni un torero ni un cantante: lo firmaron los operarios de Limpieza Viaria, Recogida de Residuos y Parques y Jardines. A más de uno le pareció el mejor guiño del programa. Ya sabemos quién recoge después de cada noche de orquesta.
Lo que dejaron las 230 actividades: tres escenarios y un cartel que ha dado que hablar
El Anfiteatro Municipal Adolfo Conde se llevó la parte internacional del cartel: Malú, Siloé, Cali y el Dandee y Celtas Cortos. En el campo de fútbol de la calle Teide tocaron las orquestas Panorama, París de Noia y La Misión, y por la plaza de la Constitución pasaron Nueva Línea, Modestia Aparte, Los Inspectores, Los Bomberay y los artistas locales Rubén Madrid y Andrea Villalba.
Para los más pequeños llegaron las Pequefiestas, con Cantajuego como broche final. Y dos novedades dieron mucho de qué hablar en las terrazas: la suelta de reses destinada a capea general tras la cabestrada y el reparto gratuito de arroz con rabo de toro en la plaza de la Constitución hasta agotar existencias. Se agotaron, claro.
Los encierros: por qué Sanse llena hoteles en agosto y qué ha cambiado este año
Del 25 al 31 de agosto, a las once de la mañana, las reses de nueve ganaderías —Hermanos Tardieu, Hermanos García Jiménez, Zalduendo, São Torcato, La Castilleja, Núñez de Tarifa, Juan Pedro Domecq, Álvaro Núñez, y Montealto— corrieron el recorrido de siempre. La cita nocturna fue el 25 de agosto a las 22 h, y la feria contó con Morante de la Puebla, con el matador local Diego García y con el novillero Álvaro Serrano, además del Concurso Nacional de Recortadores.
El encierro no se mide por los corredores de las fotos, sino por los vecinos que llevan una semana sin mover el coche.
Los cortes de tráfico, el refuerzo de los autobuses interurbanos desde el intercambiador de Plaza Castilla y el trasiego de gente en el Cercanías C-4 son la otra cara de una fiesta que presume de ser familiar. Los comercios de la zona de la estación hacen caja esos días; en los portales del centro, en cambio, se habla de ruido y de limpieza cuando se apaga la última orquesta.
Qué queda ahora que la música ya no suena
Queda la revista oficial de las fiestas, que el Ayuntamiento de Sanse mantiene accesible y que reúne horarios, recorridos, escenarios y teléfonos de contacto. Y queda la maquinaria de 2027: la programación se confecciona durante los doce meses con las peñas, asociaciones y entidades locales metidas en la cocina.
Lo que el modelo de Sanse enseña a los municipios de al lado
Sanse presume, con razón, de unos festejos que el propio Ayuntamiento describe como herederos de una tradición de siglos. La clave no está en el cartel, está en la estructura: nueve ganaderías, peñas trabajando todo el año y una programación que va del deporte a las actividades para personas mayores. Pocos municipios de la zona norte pueden decir lo mismo.
Ahí está el contraste con lo que venimos viendo en localidades del entorno, donde la apuesta se ha concentrado en cabezas de cartel caras y el resto del programa se ha ido adelgazando. Sanse hace lo contrario: trae a Malú, sí, pero mantiene el arroz con rabo de toro gratuito y las Pequefiestas. Para contexto histórico, su entrada de Wikipedia.
El riesgo, y lo decimos con el dato delante, es la inflación del capítulo musical. Cada año el cartel del Anfiteatro Adolfo Conde sube un escalón, y ese escalón lo acaba pagando el presupuesto municipal. No hemos encontrado el desglose de lo que ha costado este 2026, y sin ese detalle cualquier debate sobre el modelo se queda a medias.
Con las peñas ya metidas en el programa de 2027, la pregunta que toca no es si habrá fiestas, sino con cuánto margen de descanso para quien vive en el recorrido del encierro.


