La terapia contra el alzhéimer que ya se aplica en La Moraleja: Quién puede pedirla y quién se queda fuera

El centro ya administra donanemab y prepara la llegada del lecanemab, dos anticuerpos que ralentizan el deterioro entre un 27% y un 35% a los 18 meses

La terapia contra el alzhéimer en el Hospital La Moraleja ya es una realidad: el hospital administra donanemab a pacientes en fases tempranas. En breve llegará también el lecanemab. Y la pregunta que nos llega, una y otra vez, desde el grupo de vecinos de Arroyo de la Vega es siempre la misma: ¿quién puede pedirla?

Los dos son anticuerpos antiamiloide: atacan directamente la beta amiloide, la proteína que se acumula de forma anormal en el cerebro y que está detrás del alzhéimer. No curan. Frenan su avance. Y eso, en una enfermedad que hasta ahora solo se trataba con medicación para los síntomas, cambia el escenario.

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Los números los dio el propio centro: en los ensayos clínicos, los pacientes tratados mostraron una ralentización del deterioro del 27-35% a los 18 meses frente al placebo. Los seguimientos más largos sugieren que el beneficio se acumula si el tratamiento arranca pronto, con una reducción de entre el 30% y el 50% del riesgo de pasar al siguiente estadio. Lo explica Cristina Fernández, jefa de servicio de Neurología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Qué te piden antes de ponerte el primer gotero

El filtro es serio. Antes de la primera infusión hay que cumplir criterios clínicos rigurosos, confirmar la patología amiloide y hacerse un genotipado ApoE, que mide el riesgo de efectos adversos. Se añade una resonancia cerebral realizada en los seis meses previos. Y ahí está la trampa: si el diagnóstico llega tarde, la puerta se cierra. Quien ya está en un estadio avanzado queda fuera de la indicación.

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La administración tampoco es una pastilla en el desayuno. El donanemab se pone por vía intravenosa cada cuatro semanas y se mantiene hasta confirmar el aclaramiento de las placas amiloides, con un máximo previsto de 18 meses. El lecanemab va cada dos semanas y no tiene plazo máximo: sigue hasta que haya una indicación de suspenderlo. En ambos casos hay pruebas de imagen y valoración clínica periódicas.

La enfermedad no entiende de prisas, pero el tratamiento sí: llegar un año antes al neurólogo puede decidir si entras o no en el protocolo.

Todo se coordina desde la Unidad de Deterioro Cognitivo del servicio de Neurología, con neurorradiología, neuropsicología, farmacia, medicina nuclear y enfermería formada en terapias intravenosas. Traducido al idioma del vecino: no es una consulta de diez minutos, sino un circuito con varias pruebas y varios especialistas mirando el mismo caso.

La pregunta que nadie responde: ¿y en la sanidad pública?

Aquí viene lo incómodo. El centro que ya administra estos fármacos es un hospital de gestión privada, y el acceso real depende de cada centro. Los medicamentos se aprobaron en Europa en 2025 y hasta hace pocos meses no se han podido utilizar en España, con el respaldo de la Confederación Española de Alzheimer y la Sociedad Española de Neurología. Para quien se trata en en la pública, la duda es razonable: ¿cuándo llega esto a mi hospital?

No hemos encontrado confirmación oficial de que el protocolo esté ya activo en el hospital público de referencia de la zona, el Infanta Sofía, en Sanse. Las decisiones sobre qué centro incorpora cada terapia dependen de la Comunidad de Madrid, y ahí sigue la pelota.

Dónde se atasca de verdad el tratamiento

El cuello de botella no está en el fármaco, está en el camino hasta él. Estos medicamentos exigen un diagnóstico en fase inicial, y eso depende de que alguien detecte los primeros olvidos en la consulta de atención primaria, de que haya hueco en neurología y de que se pida la prueba adecuada. Si el circuito falla en el primer paso, no hay anticuerpo que valga. Es el patrón de otras terapias hospitalarias que han ido llegando por goteo: primero unos pocos centros, después el resto.

moraleja hospital
Fuente: Hospital La Moraleja

El Día Mundial del Alzhéimer, que se celebra cada 21 de septiembre y acaba de pasar, deja cada año la misma foto: la demencia más común sigue diagnosticándose tarde en demasiados casos. Que ahora exista una terapia que solo funciona si se llega a tiempo convierte esa demora en algo más que una estadística.

La otra cara es que La Moraleja, una de las urbanizaciones más conocidas del norte de Madrid, se coloca entre los pocos entornos de España con acceso a tratamiento antiamiloide con anticuerpos monoclonales. Para una zona donde la sanidad privada convive con la pública, es un activo, sí. Y también un recordatorio de que la innovación llega desigual. La próxima prueba de fuego será el lecanemab en las próximas semanas: si se queda en unos pocos centros, tendremos el fármaco pero no el diagnóstico precoz que lo hace útil. En fin, cosas de la sanidad.

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