La Comunidad de Madrid acaba de aprobar 791.000 euros para estudiar el transporte público de la zona norte durante 15 años. La pregunta que nos hacíamos esperando el 151 en la Avenida de España sigue en el aire: ¿servirá para que dejen de ir como van?
El Consejo de Gobierno ha licitado los trabajos técnicos del Plan Estratégico de Infraestructuras y Servicios de Transporte Colectivo 2027-2042. El contrato tiene un calendario de 30 meses y analizará la evolución demográfica, los nuevos barrios y la demanda real de movilidad. Vamos, que quieren saber por qué el bus que coges para ir a Plaza Castilla tarda lo que tarda.
Qué va a mirar exactamente la Comunidad en la zona norte
El plan funcionará como una guía vinculante para priorizar inversiones durante la próxima década y media. Los equipos técnicos van a estudiar posibles ampliaciones de Metro y, sobre todo, la reordenación de los autobuses interurbanos que conectan Alcobendas, San Sebastián de los Reyes y Sanchinarro con el intercambiador de Plaza Castilla.
Aquí es donde la cosa se pone interesante para cualquiera que dependa del 151, del 152C o del 153 para entrar y salir de Madrid. El pliego habla de «cosido viario» de los nuevos sectores residenciales, algo que en nuestra zona suena a Tempranales, Dehesa Vieja o los desarrollos de Sanchinarro. Los estudios examinarán si esos barrios necesitan conexiones troncales nuevas o si basta con reforzar las líneas actuales.
Por qué tu autobús a Plaza Castilla puede cambiar de recorrido o frecuencia
La gran novedad metodológica es el uso de big data. La Comunidad quiere abandonar los cálculos teóricos y basarse en los flujos reales de viajeros: millones de datos anónimos de tarjetas de transporte, aplicaciones de movilidad y sensores de carretera. Eso significa que las decisiones de líneas y frecuencias se tomarán según cómo nos movemos de verdad, no según un mapa de 2015.
Para los vecinos de La Moraleja, por ejemplo, esto puede traducirse en frecuencias más pensadas para los horarios de oficina y de colegios. Para los que viven en Arroyo de la Vega o Fuente Hito, quizá aparezca una línea que los saque de cabeza sin depender siempre del coche. O quizá no, porque el plan solo define prioridades, no ejecuta obras.
El transporte público de la zona norte lleva años esperando una radiografía que diga, con datos, dónde aprieta el zapato.
Lo que la planificación a 15 años no arregla mañana
La noticia suena bien, pero conviene aterrizarla: el estudio se adjudica ahora y necesita 30 meses para completarse. Eso nos sitúa en 2029 con el diagnóstico sobre la mesa. A partir de ahí habrá que redactar proyectos, licitar obras y buscar financiación. Vamos, que la reordenación de autobuses no llegará a la parada de la Avenida de la Unión Europea antes de que el más pequeño de la casa acabe la ESO.
Ya pasó algo parecido con la ampliación del Metro a San Sebastián de los Reyes: cuando se inauguró Valdelasfuentes en 2007, la promesa llevaba más de una década atascada en planes y revisiones. La diferencia ahora es que el crecimiento de Alcobendas y Sanse no espera. Sin ir más lejos, los nuevos desarrollos de Tempranales ya generan tráfico hacia la A-1 y Plaza Castilla cada mañana.
Nos parece bien que se use big data y se piense en quince años, pero la Administración acumula retrasos históricos en materia de transporte en el norte. El riesgo es que este plan se convierta en otro documento más mientras los vecinos seguimos apretados en el 151 a las 8:10. La Comunidad debería publicar avances parciales y no esperar a 2029 para contarnos qué va a pasar con las líneas más saturadas.
En fin, cosas de la planificación madrileña.


