Imagínese la escena: está disfrutando de un café en su terraza un domingo por la mañana. De repente, un destello rojizo cruza el césped. Es una ardilla roja, con su característico pincel en las orejas, haciendo acrobacias entre las ramas de un pino piñonero. O quizás, al volver a casa de noche, la luz de los faros ilumina a un zorro cruzando la calle con elegancia, inspeccionando el territorio antes de desaparecer en la oscuridad del jardín de un vecino.
No es un episodio de un documental de naturaleza lejano; es La Moraleja en estado puro. La baja densidad de edificación, la abundancia de arbolado maduro y la conexión con grandes espacios naturales protegidos hacen de esta zona residencial un refugio perfecto para diversas especies que han sabido adaptarse a la vida periurbana.
«La fauna no entiende de límites de parcelas. Para ellos, el conjunto de La Moraleja es un gran corredor verde que conecta el monte del Pardo con la cuenca del río Jarama», explica Elena S. Ibáñez, bióloga y técnica de gestión ambiental consultada por esta redacción. «Que tengamos zorros, ardillas o rapaces es una excelente noticia: significa que la cadena trófica está funcionando y que el ecosistema tiene salud».
El Zorro: El controlador silencioso de plagas
El zorro rojo (Vulpes vulpes) es, quizás, el habitante más carismático y, a la vez, el más incomprendido de la fauna local. Son animales tímidos, huidizos y nocturnos por naturaleza. Su presencia en los jardines no debe alarmarnos.
«El zorro es un oportunista y un omnívoro. Se alimenta de roedores (como ratones y topillos), insectos, frutos caídos y, lamentablemente, de la comida que dejamos fuera para mascotas o en cubos de basura mal cerrados», aclara Carlos Díez, biólogo de campo especializado en fauna urbana.
¿Cómo gestionar su presencia? La clave es no atraerlos.
- Alimentos de mascotas: Nunca deje comida de perros o gatos en el exterior durante la noche.
- Basuras: Asegúrese de que los cubos de basura estén bien cerrados y no desborden.
- Controles de roedores: Evite el uso de raticidas químicos. Un zorro puede ingerir un roedor envenenado (bioacumulación) y enfermar gravemente. Los zorros son, de hecho, el mejor control natural de plagas de roedores que podemos tener.
Si se encuentra con uno, mantenga la distancia. No son peligrosos para los humanos (no hay casos de ataques de zorros sanos a personas en España), pero son animales salvajes y nunca debemos intentar alimentarlos ni tocarlos.
La Ardilla Roja: La acróbata del jardín
A diferencia de los zorros, las ardillas rojas (Sciurus vulgaris) son diurnas y mucho más visibles. Son la alegría de los jardines con coníferas. Sin embargo, su adaptación al entorno urbano conlleva riesgos.
«En zonas muy urbanizadas, las ardillas pueden sufrir mucho por el tráfico rodado al cruzar las calles, o por los ataques de gatos domésticos», advierte Elena S. Ibáñez.
¿Cómo ayudarles?
- Conectividad: Si tiene una valla alta o setos, intente dejar pasos entre las ramas para que puedan moverse sin bajar al suelo.
- Agua y Comida: En verano, un pequeño bebedero a cierta altura (para evitar gatos) les salvará la vida. Puede instalar comederos específicos para ardillas con frutos secos (nueces, avellanas, piñones sin sal), pero colóquelos en lugares donde no sean presa fácil.
- Cuidado con los gatos: Si tiene gatos, trate de que no estén sueltos en el jardín, especialmente si hay crías de ardilla.
Las Rapaces: Los cazadores desde el cielo
Sobrevolando las copas de los pinos de La Moraleja, es habitual ver siluetas majestuosas. El cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) es frecuente, cerniéndose sobre los prados en busca de insectos y pequeños roedores. También es posible avistar, sobre todo en zonas más abiertas o colindantes con el golf, al milano real o incluso al búho real durante la noche.
«Las rapaces juegan un papel fundamental en el equilibrio ecológico», subraya Carlos Díez. «El búho real, por ejemplo, es un gran controlador de conejos y palomas».
¿Cómo gestionar su entorno?
- Raticidas, el enemigo número 1: Al igual que con los zorros, el uso de venenos para ratas es letal para las rapaces. Cuando un ave rapaz depreda a un roedor envenenado, el veneno la mata.
- Cuidado con los cristales: Las grandes cristaleras de muchas mansiones modernas pueden ser trampas mortales para las aves. Existen vinilos adhesivos (invisibles para el ojo humano a simple vista, pero visibles para las aves) para evitar colisiones.
Convivencia es respeto
La moraleja de esta historia es que la biodiversidad enriquece nuestra calidad de vida. Disfrutar de la observación de estos animales en nuestro propio jardín es un privilegio. La gestión se resume en una frase: «Déjelos ser salvajes».
Observar, admirar y mantener la distancia es la mejor política de buena vecindad. Si alguna vez encuentra un animal herido, no intente manipularlo. La solución es llamar al 112 o ponerse en contacto con un Centro de Recuperación de Fauna Silvestre (en la Comunidad de Madrid, el teléfono es el 91 276 06 26).
Resumen: Decálogo para una buena vecindad salvaje
- No alimente a los animales salvajes (especialmente zorros y jabalís). Ellos saben buscarse la comida; la nuestra les hace dependientes y puede enfermarles.
- Retire la comida de las mascotas del exterior por la noche.
- Asegure los cubos de basura.
- Evite el uso de raticidas y pesticidas químicos.
- Instale bebederos de agua en alto para ardillas y aves.
- Conduzca con precaución al amanecer y al anochecer.
- Controle a sus mascotas (perros atados en zonas de monte, gatos con cascabel o dentro de casa).
- Proteja sus cristaleras para evitar colisiones de aves.
- Mantenga la distancia de seguridad si se cruza con un zorro.
- Disfrute de la naturaleza a la puerta de su casa.


