Si vives en Sanchinarro o te mueves por Valdebebas, igual ya has notado que no solo la A-1 da guerra. El lunes, a las 10.52 de la mañana, un sonómetro calibrado colocado en una vivienda de la calle Francisco Umbral registró 102,7 decibelios de media. El límite legal para una zona residencial en horario diurno es de 55 decibelios.
El dato lo ha difundido la Plataforma Stop F1 Madrid, que agrupa a colectivos de Barajas y Hortaleza. No fue una medición puntual: ese día circulaban cinco monoplazas y la lectura se tomó en una casa próxima al trazado. La diferencia no es anecdótica.
Qué significan 102,7 decibelios en una vivienda de Valdebebas
La escala de decibelios no es lineal: pasar de 55 a 102,7 decibelios no es el doble, sino muchísimo más. De hecho, el oído humano lo percibe como un ruido 27 veces superior al permitido, según los expertos que cita la plataforma. Y no hablamos de un concierto al aire libre: hablamos de motores de competición girando a pocos metros de viviendas.
La calle Francisco Umbral tiene casas situadas a 34 metros del trazado. Para hacernos una idea, los monoplazas de Fórmula 1 superan los 350 km/h y los 1.000 caballos; los de F3, que fueron los que se probaron, alcanzan cerca de 300 km/h y rondan los 380 caballos. Es decir, lo que se midió el lunes era la categoría menos potente de las que rodarán en septiembre, al menos según la plataforma vecinal.
El Ayuntamiento de Madrid defiende que estas pruebas cuentan con licencia y con una autorización específica de la Dirección General de Sostenibilidad. En total participaron unos 30 vehículos de motor. Puedes consultar la normativa de ruido en la web del Ayuntamiento de Madrid.
El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, aseguró este martes que los ensayos son “imprescindibles” para la homologación de la Federación Internacional del Automóvil. El consistorio insiste en que los F3 generan más ruido que los F1 y que el Gran Premio, por tanto, debería ser menos escandaloso.
Una autorización administrativa no borra los derechos de los vecinos ni los obliga a soportar cualquier nivel de ruido.
El pulso entre el Ayuntamiento y los vecinos por los ensayos del Madring
El abogado Javier Flores, muy activo en esta batalla, ha sido tajante: “No es una anécdota de vecinos molestos”. Según la plataforma, Ifema reconoció por escrito en su propio informe que sería imposible reducir el ruido por debajo de los límites establecidos. Es decir, sabían que iban a superar los 55 decibelios y lo dejaron documentado.
Flores insiste en que una suspensión temporal de los objetivos de calidad acústica no elimina los derechos de los residentes. Su consejo es concreto: medir el ruido en el interior de las viviendas y pedir una inspección municipal. Para la plataforma, las pruebas del lunes demuestran que la F3, la categoría menos ruidosa, rebasó el límite con creces.
Por qué la ordenanza no lo resuelve todo: lo que viene con la F1
El Ayuntamiento sostiene que una actividad puede superar los niveles ordinarios de ruido si cuenta con autorización para un acto de especial proyección. Es el argumento que se usará para blindar el Gran Premio. Pero el propio consistorio introduce un matiz: los F3, en su lectura, generan más ruido que los F1. La plataforma cree justo lo contrario.
Aquí es donde la cosa se pone tensa. No hablamos de un evento puntual: Madrid tiene contrato para acoger el Gran Premio de España al menos hasta 2035. El circuito de Madring mide 5,47 kilómetros entre Ifema y Valdebebas e incorpora 1,5 kilómetros de vías públicas del distrito de Hortaleza. El proyecto, de hecho, ya ha tenido que modificar la Vereda de los Leñeros y pelear por los derechos de diseño. Para los vecinos de Sanchinarro, la duda no es si el ruido volverá, sino si habrá un protocolo claro para reclamar.
Cualquiera que haya intentado salir de Sanchinarro un día de feria en Ifema sabe de qué hablamos: los atascos no son nuevos, pero el ruido sí. El precedente pesa: cada macroevento en Ifema tensa la M-11 y la A-1, y ahora se añade un factor acústico que ninguna obra de insonorización ha resuelto todavía.
La próxima cita es el 11 de septiembre. Ese día, más que los motores, se comprobará si las promesas de control acústico aguantan. O si, como temen los vecinos, la excepción se convierte en norma.


