Los vecinos de La Moraleja están obligados a cumplir con las órdenes del plan antiincendios de la Comunidad de Madrid

La primera ola de calor de 2026 ha puesto en alerta a toda España, con temperaturas de hasta 40 grados en Alcobendas y más de 1.650 municipios en riesgo extremo de incendio el miércoles 24 de junio según la AEMET.

La primera ola de calor del verano de 2026 llegó este domingo 21 de junio con avisos de la AEMET en 13 de las 17 comunidades autónomas y temperaturas que rozaron los 40 grados en el municipio de Alcobendas. El miércoles 24 se espera el pico de riesgo, con más de 1.650 municipios de toda España en situación extrema de incendio forestal según las propias proyecciones de la agencia meteorológica. En medio de ese escenario, una pregunta cobra más sentido que nunca: ¿está La Moraleja preparada para un incendio?

La urbanización más exclusiva de España no es solo un conjunto de mansiones rodeadas de setos. Es, ante todo, una masa forestal densa de encinas centenarias que ocupa cientos de hectáreas en el norte de Alcobendas. Esa misma naturaleza que da a La Moraleja su carácter de «ciudad bosque» y que justifica en parte los precios más altos del mercado residencial español, es también la que la convierte en lo que los expertos en emergencias denominan una zona de interfaz urbano-forestal: aquellas áreas donde las viviendas y las construcciones se entremezclan directamente con la vegetación forestal. Y las zonas de interfaz, como recuerda el propio Plan INFOMA 2026 de la Comunidad de Madrid, son las más peligrosas y las que más dificultan las labores de extinción en caso de incendio.

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El plan que ya está activado y lo que obliga a hacer a los vecinos

La Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 (ASEM112) envió en mayo una carta a los 179 municipios de la región, Alcobendas entre ellos, recordando las medidas preventivas obligatorias del Plan Especial de Protección Civil de Emergencias por Incendios Forestales, el INFOMA 2026. Este plan, que se activa todo el año pero eleva su nivel de alerta durante la época de peligro alto —del 15 de junio al 30 de septiembre—, tiene implicaciones directas para los propietarios de La Moraleja que pocos conocen con detalle.

La primera obligación afecta directamente a quien tenga una parcela con vegetación: los propietarios deben revisar y desbrozar la vegetación en sus terrenos y en la franja perimetral antes del inicio del periodo de riesgo alto. Los restos generados no pueden acumularse en las propias parcelas, sino que deben depositarse en puntos limpios o vertederos autorizados. En La Moraleja, donde las parcelas oscilan habitualmente entre los 2.500 y los 10.000 metros cuadrados y están pobladas de arbolado maduro, esta obligación no es menor. Una parcela con hierba seca sin tratar, ramas acumuladas o matorral bajo el arbolado se convierte, en condiciones de calor extremo y baja humedad, en combustible listo para arder.

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La normativa también prohíbe expresamente encender fuego en terreno forestal y en una franja de 400 metros a su alrededor, así como el lanzamiento de cualquier elemento pirotécnico o el uso de maquinaria que pueda generar chispas —incluyendo equipos de corte, soldaduras o maquinaria de jardín de cierto tipo— sin autorización expresa de la administración competente. En una urbanización donde las obras de reforma son habituales y los jardines privados se mantienen con maquinaria profesional, este punto es especialmente relevante.

Más aún, la ASEM112 subraya en su carta a los ayuntamientos la importancia de que las urbanizaciones aisladas o alejadas del núcleo urbano —descripción que encaja perfectamente con La Moraleja— cuenten con planes de autoprotección propios. La llegada de los servicios de emergencia puede demorarse en zonas con accesos únicos o con alta densidad de arbolado, y eso exige que la propia comunidad tenga protocolos claros de actuación antes de que los bomberos lleguen.

Un incendio forestal
Un incendio forestal | Fuente: Agencias

Una tensión que ya se vivió el verano pasado

Lo que no es nuevo es la tensión entre el riesgo real y la gestión preventiva en el distrito de urbanizaciones de Alcobendas. El verano de 2025 dejó imágenes de acumulaciones de maleza seca sin tratar en zonas como El Encinar, el Paseo del Conde de los Gaitanes y varios puntos del propio distrito, con vecinos que denunciaron formalmente la situación ante la Junta de Distrito sin obtener respuesta durante semanas. La plataforma ciudadana Alcobendas Sin Más documentó entonces el estado de abandono con fotografías que mostraban vegetación espontánea, ramas secas y restos vegetales en zonas residenciales. El Ayuntamiento respondió poniendo en marcha una campaña de desbroce sobre 34 parcelas municipales con una superficie total de más de 300.000 metros cuadrados, movilizando dos cuadrillas de la empresa Acciona y hasta 24 operarios en total. Pero los vecinos señalaron que, cuando los trabajos comenzaron, varias de esas zonas ya llevaban semanas en riesgo.

Este verano de 2026, con la ola de calor llegando antes y el suelo más seco tras una primavera irregular, la pregunta sobre si la respuesta preventiva llegará a tiempo vuelve a estar sobre la mesa. El INFOMA 2026 contempla para este ejercicio una inversión total que supera los 52,5 millones de euros en toda la Comunidad de Madrid, con 6.110 profesionales y voluntarios coordinados y 22 parques de bomberos activos. La Comunidad ha ampliado además los servicios de desbroce mediante pastoreo fuera de las áreas cortafuegos y trabaja en elaborar fichas específicas de las zonas de interfaz urbano-forestal más significativas de la región. Pero los medios regionales no sustituyen a la prevención local, y en una urbanización como La Moraleja —con miles de parcelas privadas, arbolado histórico y accesos perimetrales con vigilancia—, la responsabilidad de la preparación recae también, y de forma muy directa, en los propios propietarios y en la Entidad de Conservación.

La Moraleja invirtió en 2026 un presupuesto histórico en seguridad inteligente, con sistemas de respuesta ante incidencias en menos de tres minutos. Pero la seguridad frente a un incendio forestal tiene una lógica diferente a la de la seguridad contra intrusos. Las cámaras térmicas y los sensores de última generación que vigilan los accesos no apagan fuegos, y el arbolado centenario que da valor a esta urbanización puede convertirse, en cuestión de minutos, en el mayor riesgo para quienes viven en ella.

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