La mañana de la inscripción de campamentos de verano se ha convertido en una pesadilla recurrente en San Sebastián de los Reyes. Este año, más de 500 familias han dicho basta. La iniciativa ciudadana ‘Mi peor día en Sanse’ ha recogido ya ese número de quejas formales contra el sistema de adjudicación de plazas, y amenaza con llevarlas hasta el Ayuntamiento si no se adoptan soluciones urgentes.
El detonante fue la jornada de apertura de las inscripciones, hace apenas unos días, donde más de 4.000 personas se vieron atrapadas en una cola virtual interminable. Según relatan los afectados, el sistema municipal no guarda los datos de usuarios, por lo que cada año deben rellenar todos los campos desde cero. Y el cronómetro corre: solo 10 minutos para seleccionar actividades, datos personales y realizar el pago. Quien se pasa del tiempo, vuelve al final de la fila.
“Colas de tres horas y pánico a ser expulsado”: así fue el infierno de la plataforma
La plataforma municipal, a la que se accede desde la web del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, colapsó el primer día con picos de espera que, según varios padres, llegaron a las tres horas. “La estimación inicial era de 55 minutos, pero mi número apenas avanzaba cada media hora”, contó un vecino afectado a este medio.
Una vez dentro, la presión se multiplica. El sistema obliga a elegir el campamento, escribir nombre, apellidos, DNI, número de cuenta y teléfono, aceptar las condiciones y confirmar el pago por SMS en menos de 10 minutos. Si la pasarela bancaria se demora o el SMS no llega a tiempo, la expulsión es inmediata. “Es como un concurso de televisión, pero lo que te juegas es la conciliación de todo el verano”, nos han dicho varios padres en la puerta del CEIP Antonio Machado.
La discriminación que sufren las familias numerosas y los niños con necesidades especiales
La queja principal de los más de 500 firmantes va más allá de las colas: denuncian que el sistema limita a dos las inscripciones simultáneas, lo que obliga a las familias con tres o más hijos a repetir todo el proceso. “Si tienes cuatro hijos, tienes que hacer cuatro colas distintas, con el riesgo real de que los pequeños se queden sin plaza mientras haces la del mayor”, explica una madre de la urbanización Dehesa Vieja que prefiere no dar su nombre.
A eso se suma la falta de plazas adaptadas. Solo 75 están reservadas para menores con necesidades educativas especiales, a través de un convenio con la Fundación FDI. Si se agotan —y suelen hacerlo en minutos, no hay alternativa. “Mi hijo necesita apoyo y nos hemos quedado fuera dos años seguidos. No hay plan B”, lamenta otro vecino.
“Lo que pedimos es tan sencillo como que la plataforma guarde nuestros datos y permita inscribir a todos los hermanos en un solo trámite. No es ciencia de cohetes.” — Miembro de ‘Mi peor día en Sanse’
Lo que Sanse no ha resuelto (y Alcobendas ya aplica desde hace dos años)
La sorpresa para muchos es que el problema no es nuevo ni exclusivo. En 2024, el Ayuntamiento de Alcobendas reformó su sistema de campamentos para incluir perfiles de usuario con datos precargados, selección múltiple y un sorteo previo que evita las colas virtuales masivas. Ese modelo ha reducido las quejas a casi cero. Sanse, sin embargo, mantiene una plataforma que los propios vecinos califican de “obsoleta”.
El colectivo ‘Mi peor día en Sanse’ ha propuesto cinco medidas concretas: crear perfiles estables de usuarios, implantar un formulario de selección múltiple, habilitar la inscripción conjunta de hermanos, automatizar el cruce de datos con el padrón y ampliar las plazas adaptadas. Son, de hecho, las mismas soluciones que ya funcionan en otros municipios de la zona norte.
En declaraciones a este medio, fuentes del Ayuntamiento aseguran que “están revisando el proceso” pero no se ha concretado ningún cambio para las próximas campañas. Desde el área de Educación se remiten a la “alta demanda” y a la “complejidad técnica”. Mientras, los padres siguen organizándose en grupos de WhatsApp y en la plataforma change.org para hacer presión.


