En el mundo de la comunicación política, suele decirse que lo que no se comunica no existe. Sin embargo, la alcaldesa de Alcobendas, Rocío García Alcantara (PP), parece haber llevado esta máxima a un extremo inédito y, para muchos, algo cómico. Según filtraciones recientes provenientes del corazón del consistorio, la regidora ha dado instrucciones estrictas para que su resumen de prensa diario —el conocido clipping— sea sometido a una «limpieza de impurezas».
La alcaldesa del Partido Popular ordena a su equipo de comunicación filtrar cualquier mención negativa, a raíz de la polémica de su vivienda. La estrategia del «avestruz» desata las burlas en los pasillos municipales ante el intento de ignorar la crisis mediática. García (conocida como Pitita Instagrammer) no quiere ver, leer ni saber nada de las noticias negativas que circulan sobre ella, especialmente aquellas vinculadas a la reciente controversia sobre su vivienda.
La orden, que ha caído como un jarro de agua fría (y con un toque de surrealismo) en el departamento de comunicación, es taxativa. La alcaldesa habría manifestado su hartazgo por el goteo constante de informaciones que cuestionan su gestión y, sobre todo, su ámbito privado y residencial. La solución propuesta no ha sido dar explicaciones adicionales o comparecer ante los medios, sino simplemente borrar la realidad de su mesa de despacho.
Fuentes internas confirman que Rocío García atraviesa un estado de profundo malestar y enfado. La percepción en su entorno es que la regidora cree firmemente que, cerrando los ojos y mirando para otro lado, los problemas desaparecerán por arte de magia. Esta actitud ha provocado un cachondeo generalizado entre el personal del Ayuntamiento, que no da crédito a la petición de una dirigente que, por definición, debería estar al tanto de todos los ángulos de la actualidad municipal, gusten o no.
El «Filtro de la Felicidad» de la Alcaldesa de Alcobendas
El clipping de prensa es la herramienta básica de cualquier político para pulsar el estado de opinión. Es el termómetro que indica si hay un incendio que apagar o una oportunidad que aprovechar. Al exigir que se eliminen las críticas, Rocío García Alcantara está pidiendo, en esencia, que le rompan el termómetro para no saber que tiene fiebre.

Es como si quisiera que el periódico del día siguiente solo trajera los crucigramas y las fotos de las inauguraciones. La crítica más repetida es la desconexión total con la realidad que esta orden implica. Mientras los vecinos comentan en redes sociales y los medios de comunicación analizan los detalles de su situación personal y pública, la máxima autoridad de Alcobendas recibirá un documento donde todo es armonía y gestión impecable.
La vivienda: el elefante en la habitación
El origen de este «blindaje» informativo reside en el tema de su casa, un asunto que ha generado incomodidad en las filas populares y que la oposición ha utilizado para cuestionar la transparencia de la alcaldesa. La respuesta de García no ha sido el contraataque dialéctico, sino la negación sistemática.
Esta estrategia de «ojos que no ven, corazón que no siente» resulta especialmente arriesgada en la era de la información inmediata. Aunque la alcaldesa no lea las críticas en su despacho, estas siguen existiendo en el espacio público. Los asesores de comunicación, atrapados entre la lealtad profesional y el sentido del ridículo, se ven obligados a realizar un ejercicio de equilibrismo diario para cumplir las órdenes de una jefa que parece haber confundido la gestión pública con una red social donde se puede «bloquear» al disidente.
«Realidad filtrada»
El clima en Alcobendas es de estupor. No es habitual que un cargo público de una ciudad de tal importancia —uno de los motores económicos de la Comunidad de Madrid— decida aislarse de tal manera. Los expertos en comunicación política advierten que este tipo de comportamientos suelen preceder a crisis mayores, ya que el líder pierde la capacidad de reacción ante ataques que no ve venir. El «cachondeo» no es solo por la orden en sí, sino por la ingenuidad que destila: en 2026, intentar ponerle puertas al campo de la información es una tarea condenada al fracaso.
Rocío García parece convencida de que su paz mental está por encima del análisis estratégico. El enfado de la alcaldesa es tal que, según las mismas fuentes, cualquier intento de sugerir que es necesario conocer la opinión crítica es visto como una deslealtad. Por ello, mientras el equipo de prensa se afana en recortar y pegar solo las noticias amables, el resto de Alcobendas seguirá leyendo lo que la alcaldesa prefiere ignorar. Al final del día, Rocío García podrá dormir tranquila pensando que nadie la critica, siempre y cuando no cometa el error de abrir un navegador web o salir a la calle sin sus gafas de «realidad filtrada«.


