La política de Alcobendas se condensó para la eternidad en el Pleno Extraordinario Urgente del 6 de julio de 2023. Los políticos del municipio madrileño firmaron un punto histórico de cinismo institucionalizado. Pasará a la historia como el espectáculo de cinismo más puro del politiqueo local, donde el Ayuntamiento de Alcobendas dio una lección magistral de cómo las élites políticas se blindan mutuamente.
Todo corría con normalidad aparente, aprobándose cada uno de los puntos del acta, hasta que llegó el punto 7 del orden del día, minuto 11:50 del vídeo, con toda la solemnidad democrática que cabe en una sala llena de sillas cómodas y micrófonos caros: «Aprobación de la autorización a tres corporativos para la pertenencia a consejos de administración de las empresas municipales».
La Junta de Gobierno de Alcobendas, con impecable sincronía, ordenó que los afectados abandonaran el salón para la votación de esta medida estrella. «Tienen que abandonar el salón de plenos, los corporativos que se encuentran dentro de este acuerdo: la alcaldesa, Miguel Guadalfajara y Eva Arranz», se escuchó con claridad cristalina. Se había aprobado la «dispensa» al límite legal que prohíbe a un concejal percibir dietas de más de dos empresas.
¿Los agraciados? La alcaldesa en funciones, y dos concejales de Vox, esos que llegaron prometiendo «cambiar la política» con su discurso de moralidad inflexible. Se levantaron al unísono, dejando que PP, PSOE, Más Madrid y Ciudadanos les entregarían unanimidad absoluta para saltarse el límite legal de dietas de dos empresas. ¡Qué ejecución perfecta de privilegio institucional!
Ese instante preciso del vídeo –tras aprobar retribuciones y personal eventual– no fue espontáneo: fue el mecanismo reglamentario activado por la Junta de Gobierno para blindar multidietas en EMVIALSA, EMARSA, SOGEPIMA y SEROMAL (350-450 euros/sesión x4 consejos).
El gobierno del PP, con su maestría en pactos, y la oposición –PSOE, Más Madrid–, dieron su bendición unánime. Ni un no valiente, ni una abstención digna. Todos salieron ganando, menos los contribuyentes. Bravo por ellos. O sea, que la alcaldesa y sus fieles podrán seguir presidiendo sociedades que todos pagamos con nuestros impuestos, percibiendo dietas jugosas de más de dos entidades. ¿Regeneración? Más bien regeneración selectiva, solo para los elegidos. El momento entra en los libros de historia local.
Alcobendas, cuna de la «nueva política»
El pleno del 6 de julio de 2023 no es un hecho aislado. Es el síntoma de un Ayuntamiento donde la regeneración es un broma de mal gusto. Mientras bizum llega para pagar impuestos, los concejales se autorregalan dietas ilimitadas. Los ciudadanos, ese rebaño electoral, deben enterarse: vuestros representantes votan por sus bolsillos, no por los vuestros.
La alcaldesa Rocío García lidera todos los consejos, cobrando 4.950 euros brutos anuales por cada una de las cuatro empresas, una subida del 29% respecto a legislaturas anteriores –tres veces la inflación–. Vox (Eva Arranz y Miguel Guadalfajara) se sienta en hasta tres consejos cada uno, rompiendo su promesa de «cero chiringuitos». PSOE y Más Madrid aplauden desde la grada.

En EMVIALSA (vivienda), SOGEPIMA (patrimonio) y SEROMAL (limpieza, jardinería y mantenimiento), los concejales acumulan 450 euros por reunión, sumados a sueldos de 77.500 euros (alcaldesa), 74.500 euros (tenientes) o 45.000 euros (concejales). Rocío García cambió las reglas de PSOE y Ciudadanos, que limitaban a una dieta mensual. Ahora, todo vale. ¡Progreso municipal!
En Alcobendas, la política no ha mutado: sigue siendo un chiringuito, pero ahora ultramoderno. Con dispensa oficial desde el punto 7 de 2023 aprobado en el Peno Extraordinario, los campeones de la regeneración selectiva celebran su victoria perpetua. La nueva política no es más que la vieja política, pero con mejores sillas ergonómicas, micrófonos de alta fidelidad y dietas que ignoran la inflación real. ¡Enhorabuena a los arquitectos de este modelo! Han convertido el Ayuntamiento en una máquina de imprimir privilegios, donde los vecinos son clientes cautivos y los ediles, accionistas VIP. La lección es clara y amarga: mientras los impuestos locales financian distracciones doradas, las prioridades ciudadanas languidecen.



