La supuesta «humanización» de las calles en Alcobendas se ha convertido, en la práctica, en un calvario diario para los residentes. Lo que desde las oficinas municipales se vende como un éxito de movilidad, en el asfalto es una suma de errores de bulto que demuestran una falta absoluta de conocimiento sobre el funcionamiento real de un barrio.
En este sentido, las fotos que nos hacen llegar los vecinos no mienten, la reforma es un retroceso en toda regla. El primer error estratégico ha sido la eliminación masiva de plazas de aparcamiento bajo la bandera de ensanchar aceras. No obstante, el diseño ha ignorado la logística más básica de una ciudad, como es la gestión de residuos. Al no prever espacios específicos para los contenedores de basura, estos han terminado invadiendo las pocas plazas de estacionamiento que habían sobrevivido a la obra.
«Que no se olvide que cuando recortas en aparcamientos para ‘ampliar aceras’ no pueden faltar los contenedores de basura, etc. quitando aún más plazas. Además de dejar un espacio perfecto para que aparquen los vehículos de reparto, y en dirección contraria, claro…», señala una vecina a LA MORALEJA, mostrando una vez más el descontento generalizado que están provocando los grandes planes de Rocío García Alcántara en Alcobendas.

LAS OBRAS DE ALCOBENDAS CASTIGAN A LOS VECINOS
En este contexto, ya hemos señalado el grave problema con las plazas de aparcamiento públicas que denuncian los vecinos. Sin ir más lejos, el resultado es un balance desastroso para el vecino, «pagamos los mismos impuestos, pero tenemos la mitad de sitio para aparcar y el doble de obstáculos visuales y físicos. Es un vaciado sistemático del espacio del residente que nadie parece haber calculado«.
No obstante, la indignación no se queda en la falta de parking. La nueva configuración de las aceras ha creado, paradójicamente, un espacio «perfecto» para que los vehículos de reparto campen a sus anchas. Tal y como denuncian los afectados, las furgonetas no solo invaden el espacio peatonal recién estrenado, sino que lo hacen circulando en dirección contraria con total impunidad por parte de los cuerpos de seguridad locales.
LOS VECINOS DE ALCOBENDAS APUNTAN A UNA GESTIÓN QUE PRIORIZA LA ESTÉTICA DE LOS PLANES SOBRE LA VIDA DE SUS RESIDENTES
Si bien, en este caso llegamos a la paradoja del nuevo urbanismo en Alcobendas, donde se quita sitio al coche del vecino, que cumple escrupulosamente con las normas, para regalárselo en bandeja a camiones que bloquean la visibilidad y ponen en riesgo la seguridad vial al realizar maniobras prohibidas sobre el bordillo. La acera, que debería ser sagrada para el peatón, se ha convertido en un muelle de carga improvisado ante la pasividad de las autoridades.
A estos dos graves inconvenientes se les suma un paisaje con alcorques que permanecen como agujeros negros en el pavimento. Se supone que allí deberían ir árboles que aporten sombra y mejoren el entorno, pero la realidad es que hoy solo son huecos llenos de suciedad y peligrosos para los peatones. Estos alcorques vacíos son la prueba irrefutable de una obra ejecutada sin ritmo, sin orden y, sobre todo, sin respeto por el acabado final, ni por sus vecinos.

Una cosa tiene clara los vecinos, y es que un proyecto de urbanismo serio debe contemplar dónde se pone la basura, cómo se gestiona la carga y descarga sin molestar al vecino y, sobre todo, cómo se garantiza que las nuevas aceras no sean el parking privado de quienes se saltan las señales de tráfico. El vecindario no está en contra de las mejoras urbanas; está en contra de la chapuza sistemática.
No se puede eliminar el aparcamiento sin ofrecer alternativas reales. No se puede «regalar» el espacio público al reparto ilegal a costa de la seguridad y el descanso vecinal.
Lo que el vecino de Alcobendas exige es coherencia, vigilancia contra las infracciones de los repartidores y que, de una vez por todas, dejen de diseñar las calles desde un despacho «sin haber intentado aparcar en ellas ni una sola vez». «Alguien debe bajarse del coche oficial y pisar el asfalto para entender que una acera no es sostenible si sirve para que un tráiler aparque en dirección contraria frente a la ventana de un vecino que acaba de perder su plaza de parking».


