¿Casualidad o reacción ante el clamor vecinal? Las máquinas de asfaltado han hecho acto de presencia finalmente en el Distrito Urbanizaciones, un hito que, tras meses de silencio administrativo y deterioro progresivo de la vía pública, invita a preguntarse si el Ayuntamiento de Alcobendas ha empezado, por fin, a «despertar» y ocuparse de sus zonas más olvidadas.
La maquinaria pesada —incluyendo extendedoras de asfalto y apisonadoras— está operativa en una calle residencial del distrito. Los vecinos asisten con escepticismo a este despliegue, preguntándose si es el inicio de una verdadera solución o un mero espejismo coyuntural.
Una «tirita» mínima e insuficiente ante un estado lamentable
Si bien es cierto que cualquier intervención es bienvenida, este periódico debe subrayar que la actuación iniciada resulta a todas luces insuficiente para el estado lamentable y vergonzoso en el que se encuentran la mayoría de las calzadas de nuestras urbanizaciones.
El caso de la Plaza de la Moraleja sigue siendo paradigmático: su situación actual es insostenible y constituye un motivo de queja constante por parte de residentes y comerciantes. Entrar con un coche de perfil bajo es rozar los bajos de forma constante, indigno para una de las urbanizaciones más representativas del país, en una zona que precisamente es la cara visible de la urbanización. Esta mínima fase de asfaltado palía apenas el descontento vecinal acumulado contra un consistorio que ha desatendido sistemáticamente al Distrito Urbanizaciones.
Tres días de asfalto para un deterioro de años
Según los avisos oficiales instalados en la zona, las labores de reasfaltado se ejecutan los próximos días en las siguientes calles:
- Caléndula
- Camino Ancho (entre Avenida de Bruselas, y Paseo de Alcobendas y entre Paseo de Alcobendas y Conde de los Gaitanes)
- Forsitia
- Nardo
- Paseo de Antonio García Fernández
- Paseo de Alcobendas
- Pensamiento (entre Begonia y Hiedra)
Sin embargo, para los residentes, esta intervención es una «tirita» insuficiente. Mientras se presume de estas obras menores, el estado de puntos neurálgicos como la Plaza de la Moraleja sigue siendo una auténtica vergüenza, con socavones y un pavimento impropio de un municipio con la carga fiscal de Alcobendas. Este «plan» llega tarde y se percibe como una respuesta mínima ante el profundo descontento vecinal con la gestión del distrito urbanizaciones.
Mientras se parchean metros de alquitrán, los verdaderos problemas estructurales del distrito siguen sin resolverse:
- Atascos crónicos: Las entradas y salidas siguen siendo ratoneras diarias. Entrar o salir a las 8.30 por red eléctrica es un espectáculo.
- Caos del tráfico: Sin una estrategia de movilidad, el asfalto nuevo no soluciona la congestión.
- Mantenimiento deficitario: El deterioro acumulado requiere una inversión masiva, no intervenciones cosméticas.
Tres días de asfalto para empezar a paliar un deterioro de años. ¿brotes verdes? ¿Al fin el Ayuntamiento responde al HARTAZGO del vecino?
El trío calavera: Algunos concejales poco afines a las urbanizaciones y en especial a La Moraleja
Las dudas sobre la voluntad política y la capacidad de gestión de la incapaz Alcaldesa Rocío García Alcantara y su equipo no se disipan con un poco de brea. En los pasillos del consistorio se sabe quién concentra el poder decisorio en materia presupuestaria y de infraestructuras.
Más allá de la Alcaldesa, los únicos concejales que «mandan algo» en el municipio son Marta Martín García, – que maneja el cotarro con el coordinador general Sergio Rabazas, y es quizás de los pocos miembros del consistorio con currículo medianamente interesante y algo experiencia público y privada de gestión- y Jesús Montero Saiz. De este último su perfil profesional y político, licenciado en Ciencias Ambientales, y sin más experiencia que seis años en el apasionante sector del reciclaje de aparatos eléctricos, se percibe entre los vecinos de La Moraleja y El Soto como claramente anti urbanizaciones. Según fuentes vecinales y municipales actúa a menudo como un obstáculo a las reivindicaciones históricas del distrito.

Cristina Capdevila: Una concejal de distrito sin voz ni voto
En el extremo opuesto del espectro de poder encontramos a la Concejal del Distrito Urbanizaciones, Cristina Capdevila. Su situación es de total y absoluta impotencia si nos atenemos a lo que ella misma va pregonando.
Capdevila, con formación en Derecho, llamativo currículo -que merece capítulo aparte- y mínima experiencia en el sector privado antes de su entrada en la gestión municipal, se encuentra atada de pies y manos dentro del núcleo duro liderado por Jesús Montero y la Alcaldesa:
- Sin peso político: Su voz apenas cuenta en el diseño de las prioridades de gasto.
- Impotencia confesa: La concejal se queja amargamente ante los propios vecinos de que ella no puede hacer nada porque no tiene apoyo entre sus propios compañeros, que además «no se preparan los temas por lo que no se pueden tomar decisiones», para solucionar los problemas específicos de las urbanizaciones.
- Sin dignidad: Si no te dejan trabajar, como pregonas, dimites por decencia y te vas a casa. Seguir cobrando un sueldo público si de verdad no puedes hacer nada es indigno. No se puede nadar y guardar la ropa a la vez, es imposible quedar bien con los vecinos y con tus compañeros que torpedean las medidas que desde hace años reclama sin éxito La Moraleja. Esto no va de teórica voluntad, va de capacidad. Y no la tiene.
El inicio de estas obras de asfaltado, aunque positivo al fín después de mil retrasos, no puede ocultar la falta de un plan estratégico y la subordinación de las necesidades de nuestras urbanizaciones a la agenda política de un equipo de gobierno que, de momento, sólo ofrece respuestas mínimas a demandas críticas. Mientras el poder real siga en manos de Montero Saiz, Marta Martín García y Capdevila siga llorando por las esquinas por ser una figura decorativa, el futuro del mantenimiento de nuestra urbanización está en el aire.



El deterioro de los viales en Alcobendas, pero sobre todo en el distrito urbanizaciones, es una indignidad para sus vecinos. No parece que el cambio de gestores (partido político) en la alcaldía haya servido de nada lo que demuestra que el problema radica en las personas y no tanto en la formación en la que militan. Gente sin empatía hacia vecinos y lugares.