Hay frases que se repiten en la parada del 151 a las siete y media de la mañana, y esta semana todas empiezan igual: «¿tú has visto lo de Sol?». La acampada de la Puerta del Sol cumple ya dos semanas —las primeras tiendas se levantaron el sábado 26 de septiembre— y se ha convertido en el decorado de fondo de las generales del 29 de noviembre.
Hemos leído con calma lo que cuentan desde la plaza y lo hemos contrastado con los grupos de vecinos de Alcobendas, San Sebastián de los Reyes y Sanchinarro. El diagnóstico coincide. Lo que cambia es la factura.
Qué pide exactamente la acampada de Sol (y qué se queda fuera)
La lista es más larga de lo que parece. Además de meter la vivienda en el centro del debate, la asamblea reclama un tope al número de casas por propietario —dos inmuebles para un casero particular—, un portal inmobiliario estatal, frenar la expansión de fondos y grandes tenedores, eliminar las guardias médicas de 24 horas, reformar la Ley de Extranjería, derogar la Ley Mordaza y dar la vuelta a los resultados del informe PISA en comprensión lectora. Son cerca de 2.000 tiendas y dos semanas de asambleas abiertas.
Hay además una demanda de método que ha pasado más desapercibida: que la ciudadanía tenga voz en las decisiones troncales mediante consultas públicas, para que lo aprobado no dependa del humor de un grupo parlamentario. Traducido al idioma de la escalera: menos pacto de despacho y más acuerdo a la vista de todos.
Lo llamativo, y lo contamos tal cual porque nos ha sorprendido, es que buena parte de los acampados no tiene claro a quién votar el 29N. Preguntamos en el barrio y pasa lo mismo: el cabreo está definido, la papeleta no.
La vivienda ha dejado de ser un debate ideológico para convertirse en la nómina del mes, y en eso no hay bandos.
Lo que esta lista significa en tu escalera
De todo lo que se pide en Sol, buena parte no se decide ni en Sol ni en el Congreso. El tope de pisos por propietario toca la Ley de Arrendamientos Urbanos, que es estatal. El suelo, la vivienda protegida y las licencias son municipales, y ahí el Ayuntamiento de Alcobendas y el de Sanse tienen margen propio.
Traducido a nuestro mapa: si en tu bloque de Sanchinarro o de Tempranales hay pisos en manos de un gran tenedor, lo que se apruebe en Madrid cambia quién tienes de vecino y cómo se gestiona la comunidad. Y si eres inquilino, el tope de dos inmuebles por casero es la diferencia entre negociar una subida o tragar con ella.
El punto flojo, en nuestra opinión, es que la lista habla de «ciudades como Madrid» y no baja al detalle de la segunda corona. Alcobendas, Sanse, y Sanchinarro entran de lleno ahí, y ninguna de las demandas menciona el alquiler por habitaciones, que es la puerta de entrada para quien acaba de llegar.
Por qué esta vez el enfado no se parece al del 15M
La última vez que la Puerta del Sol amaneció llena de tiendas fue en mayo de 2011. Aquel movimiento del 15M se escribió con el «no nos representan» y con la indignación ante la clase política. Quince años después el cabreo ha cambiado de objeto: ya no es solo quién manda, sino cuánto cuesta el mes.
La otra novedad es el calendario. El adelanto electoral convierte la plaza en escaparate: los partidos pasarán por delante de las tiendas durante la campaña más pendientes de la foto que de la propuesta. Toca vigilar qué de lo prometido llega al Boletín Oficial del Estado después del 29N y qué se queda por el camino.
Y hay un tercer ingrediente, el que menos titulares da. El Ayuntamiento de Alcobendas no puede topar el alquiler, pero sí decidir cuánta vivienda protegida entra en el próximo plan de urbanismo y a qué velocidad se tramitan las licencias. Ese es el terreno donde el vecino tiene algo que decir: el pleno, las alegaciones, la comisión de urbanismo. Ese día, casi nunca hay cámara.
Qué tienes que hacer tú antes del 29N
Poco, pero importante. Comprueba que tus datos del censo están en orden —se revisan en el Ayuntamiento y en las oficinas del INE— y, si vas a votar por correo, pide el certificado en cuanto se publique la convocatoria, porque el plazo se cierra pocos días antes de la cita. Y apunta la fecha del próximo pleno municipal: casi siempre hay algo de suelo o de licencias, aunque no salga en los titulares.


