El otro día, mientras nos tomábamos el café de media mañana, alguien sacó el móvil y media terraza se giró. Divinity acababa de repasar la infancia de Penélope Cruz y el nombre de Alcobendas aparecía ya en el segundo párrafo. Otra vez. La vecina más famosa del municipio tirando del hilo de casa.
Lo que cuenta el reportaje es, en el fondo, una historia de las de aquí. La actriz nació y se crió en Alcobendas, en plenos años setenta y ochenta, y la familia no nadaba en la abundancia. Encarna, su madre, era peluquera. Eduardo, su padre —fallecido en 2015 a los 62 años—, trabajaba como comercial y también en el sector del automóvil. Tenían 21 años cuando nació Penélope, la mayor de los tres hermanos. Su nombre, por cierto, sale de una canción de Joan Manuel Serrat.
Esa juventud tiene su parte de deuda. «Cuando tienes padres tan jóvenes te sientes un poco en deuda porque hay una parte de su juventud que nunca vivieron», contaba ella en unas declaraciones recogidas por Elle.
«Nos dieron todo en los años en los que era más difícil», añadía. Leído desde un portal de Valdelacasa o desde la panadería de la calle de la Granja, suena a muchas casas del municipio: dos sueldos, tres bocas, y mucha imaginación.
La peluquería de su madre fue su primera escuela de interpretación
Penélope Cruz lo ha contado varias veces: su primera escuela de interpretación fue la peluquería de Encarna. Ella fingía que hacía los deberes y se dedicaba a observar a las clientas. «Su comportamiento me cautivaba», ha reconocido. Un negocio de barrio, una cortina de salón y una niña de diez años aprendiendo a leer a la gente sin que nadie le hubiera dado un guion.
A esa edad su mundo era Alcobendas, «Sanse» y el mostrador de su madre. Ya en el instituto empezó con las clases de danza y a pensar en serio en lo de ser actriz. Sus padres no la frenaron, pero le pusieron un plan B encima de la mesa: que no dejara los estudios. «En la adolescencia llegó un momento en el que tuve que elegir», ha reconocido después. Más tarde se formaría con Cristina Rota.
Nadie le regaló un guion: le dieron una peluquería, un instituto y la libertad de elegir su propio camino.
Alcobendas y Sanse, dos municipios que a ella le suenan a una sola cosa
Hay un detalle del reportaje que a más de uno le habrá hecho sonreír: para Penélope Cruz, Alcobendas y Sanse son la misma cosa. «Me emociono hablando de mis barrios», confesaba a Vogue. Y añadía: «Me han hecho ser quien soy y no dar por sentado poder dedicarme a esto».
Entre los dos municipios solo hay una avenida de por medio, así que la frontera administrativa importa poco cuando lo que se comparte es el autobús, el ambulatorio y el instituto. Los valores que le transmitieron sus padres —el esfuerzo, el respeto por las decisiones ajenas— son los que dice intentar inculcar ahora a Leo y a Luna. La historia completa del municipio está a un clic en su entrada de Wikipedia.
Pues eso.
Y hay un momento que ya forma parte de la historia local. Corría 2009 cuando recogió el Oscar por «Vicky Cristina Barcelona», la película que Woody Allen rodó en Barcelona, y en el discurso de agradecimiento nombró a su familia y al lugar en el que creció. Ese día Alcobendas salió en televisiones de medio mundo y no precisamente por un polígono.
El día que el municipio salió en un discurso de los Oscar y lo que hemos hecho con eso
Conviene pararse un segundo. Alcobendas presume de tejido empresarial y de estar bien conectada por la A-1, pero su vecina más internacional lleva desde 2009 apareciendo en las quinielas de Hollywood y el municipio nunca ha hecho gran cosa por convertir ese momento en relato de ciudad. En Madrid hay localidades que han usado a sus vecinos ilustres como marca y otras que han preferido el perfil bajo. Aquí, digamos, hemos elegido la discreción.
Mientras tanto, la historia que repasa Divinity apunta a algo que se nos escapa a menudo: los oficios de barrio son canteras. La peluquería de Encarna fue una escuela de observación antes que un negocio, y cada vez que cierra una peluquería o un quiosco de barrio se cierra también un pequeño observatorio de la vida ajena. Eso no sale en los presupuestos municipales, pero es patrimonio igual.
Tampoco vamos a pedir un monumento. Simplemente, la próxima vez que el nombre de Alcobendas suene en una gala, estaría bien que sonara también en el pueblo. Las quinielas de los próximos Oscar apuntan a una nueva nominación por «La bola negra», la misma película en la que debuta su hijo Leo, así que la ventana se abre a comienzos de 2027. Ahí lo dejamos.


