Este lunes 24 de agosto, la Policía Local de Alcobendas ha detenido a cuatro personas por tráfico de tusi —la sustancia conocida popularmente como cocaína rosa— en el marco de un control preventivo a un vehículo. Los agentes de las Unidades Integrales de Distrito y el grupo PUMAs interceptaron el coche, lo registraron y localizaron casi 21 gramos de la sustancia. Los cuatro ocupantes han sido puestos a disposición de la autoridad judicial por un presunto delito contra la salud pública. Es la última operación de una serie que, en los últimos dos meses, ha convertido a Alcobendas y al conjunto del norte de Madrid en escenario de varios golpes policiales contra el tráfico de drogas.
El episodio de hoy no es un hecho aislado. Más allá de los episodios de principios de año, este verano de 2026 deja en el norte de la Comunidad de Madrid un rastro de intervenciones que dibuja un mapa de la distribución de estupefacientes bastante más complejo de lo que los vecinos pueden percibir desde la calle.
En julio, la Guardia Civil desarticuló una organización criminal que llevaba meses operando simultáneamente en Alcobendas, Colmenar Viejo y Tres Cantos, con una estructura jerarquizada que distribuía cocaína y anfetaminas desde un piso en Alcobendas que usaban como laboratorio y guardería de la droga. La operación, cuyos primeros indicios habían llegado a la Benemérita en octubre de 2025, se saldó con once detenidos, 2,8 kilos de cocaína, 430 gramos de anfetamina, 40.000 euros en efectivo y ocho vehículos intervenidos. Los tres cabecillas de la red ingresaron en prisión provisional tras valoración judicial.
Y a eso se suma que el 11 de agosto, apenas dos semanas antes de la detención de hoy, la Policía Nacional efectuó una operación en Alcobendas que se saldó con cinco detenidos y 44 teléfonos móviles incautados, relacionados con actividades delictivas en el municipio. El norte de Madrid no es solo el corredor residencial y empresarial más rico de España. Es también un territorio donde las redes de menudeo y distribución de drogas tienen actividad constante y bien documentada.

El tusi: por qué la ‘cocaína rosa’ preocupa especialmente a médicos y policías
La detención de hoy pone sobre la mesa una sustancia que lleva meses generando alarma entre los profesionales sanitarios. El tusi —cuya denominación deriva del nombre en inglés del compuesto 2C-B, «tusibi»— es conocido popularmente como cocaína rosa por su color característico y por la forma en que se comercializa, pero la denominación es engañosa en términos químicos. La Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES) alertó en junio de 2026 de que la cocaína rosa, el óxido nitroso y el policonsumo son retos emergentes para los profesionales de Urgencias. Y Antena 3 publicó en junio de este año que la sustancia ya estaba llegando a los servicios de urgencias hospitalarios con una frecuencia creciente.
Lo que hace al tusi especialmente peligroso no es una sola sustancia, sino la imprevisibilidad de su composición. Lo que se vende en la calle como tusi rara vez contiene únicamente el compuesto 2C-B del que deriva su nombre. Según los análisis realizados en España y recogidos por centros especializados en tratamiento de adicciones, la mayoría de las muestras son una mezcla de ketamina (anestésico veterinario), MDMA, cafeína, colorante rosado y, en algunos casos, benzodiacepinas, metanfetaminas o incluso opioides sintéticos. El porcentaje de cada componente varía de un lote a otro, lo que convierte cada dosis en lo que los especialistas definen como una «ruleta química»: el consumidor no puede saber qué está tomando exactamente ni en qué cantidad.
Los efectos que la Policía Local de Alcobendas advierte en su comunicado de hoy no son menores: ataques de pánico, ansiedad aguda, alucinaciones, desorientación, hipertensión, taquicardia y pérdida de conocimiento son los efectos adversos más documentados. A estos se añaden riesgos cardiovasculares graves, en especial en personas con condiciones previas, y el riesgo de síndrome serotoninérgico cuando la mezcla incluye MDMA combinado con otros estimulantes. Según estudios recogidos por National Geographic España, el precio en la calle oscila entre 60 y 100 euros el gramo, lo que la convierte en una droga cara que se ha posicionado como producto de ocio de ciertos círculos sociales con poder adquisitivo. Un perfil de consumidor que no casa mal con la zona norte de Madrid, donde la vida nocturna y el ocio de alto standing tienen una presencia significativa.
Un municipio con datos de criminalidad bajos pero con una actividad de menudeo persistente
Es importante situar estos datos en contexto. Alcobendas registró en el primer trimestre de 2026 uno de los descensos de criminalidad más significativos de los últimos años: la delincuencia cayó un 5,6% respecto al mismo periodo de 2025, los robos en viviendas bajaron un 58%, y la ciberdelincuencia descendió un 6,6%. El municipio es estadísticamente uno de los más seguros de la Comunidad de Madrid. Pero los datos también reflejan que el número de detenciones por delitos contra la salud pública —el tráfico de drogas— aumentó en el primer trimestre: 15 personas detenidas por menudeo frente a 13 en el mismo periodo del año anterior. Es decir, mientras la delincuencia convencional baja, la actividad policial contra el tráfico de drogas se intensifica.

La Policía Local de Alcobendas lleva meses combinando las Unidades Integrales de Distrito con el grupo PUMAs precisamente para este tipo de operaciones de proximidad, los controles vehiculares y la vigilancia de puntos de venta al menudeo. El dispositivo del verano de 2026 responde también a una pauta conocida: las fiestas patronales y el ocio estival generan un aumento de la demanda de sustancias recreativas, especialmente en los entornos de edad joven y mediana que frecuentan festivales, conciertos al aire libre y espacios de ocio nocturno. El Open Sky de Alcobendas, que este verano registró más de 10.000 espectadores, o las fiestas de Sanse que arrancan hoy mismo, son el contexto en el que la prevención policial cobra mayor sentido.
La Policía Local ha señalado que continuará con este tipo de actuaciones. La detención de los cuatro individuos con 21 gramos de tusi en el habitáculo de un coche es la imagen más visible y local de un fenómeno que tiene dimensiones nacionales y cuya peligrosidad sanitaria los médicos de urgencias llevan meses poniendo sobre la mesa. Para los vecinos de Alcobendas y La Moraleja, la lección que deja este verano es que la seguridad de un municipio no se mide solo por los robos en viviendas, sino también por la capacidad de sus cuerpos policiales para detectar y frenar redes de distribución que operan, muchas veces, con una discreción que las hace invisibles hasta que caen.


