Villafranca del Castillo se levanta al oeste de la Comunidad de Madrid, en el término municipal de Villanueva de la Cañada, a poco más de treinta minutos en coche de La Moraleja. Es allí, entre parcelas de más de mil quinientos metros cuadrados y calles flanqueadas de encinas, donde Rodrigo Hernández Cascante, capitán de la selección española en el Mundial 2026, pasó su infancia y buena parte de su adolescencia antes de convertirse en el mejor centrocampista del planeta.
La urbanización, con una extensión que ronda las 170 hectáreas y más de 600 parcelas, figura entre los enclaves con mayor renta per cápita de toda España. No comparte la exposición mediática de La Moraleja ni de La Finca, los dos grandes referentes del lujo residencial madrileño, pero su perfil de seguridad, amplitud y naturaleza la convierte en una alternativa igual de codiciada para quienes prefieren mantenerse alejados del foco.
El complejo limita con Villanueva del Pardillo, Las Rozas y Majadahonda, y ofrece a sus residentes zonas verdes que superan los 200.000 metros cuadrados repartidos en distintas praderas comunitarias. A ellas se suman instalaciones deportivas de primer nivel, entre las que destacan escuelas de tenis y pádel, centros hípicos y campos de golf cercanos, un entorno que, según ha reconocido el propio jugador en diversas entrevistas, marcó su forma de entender la disciplina desde niño.
Rodri nació en Madrid el 22 de junio de 1996, aunque su familia se instaló pronto en Villafranca, y fue en ese entorno donde dio sus primeros toques al balón. Empezó a jugar en el CD Villanueva de la Cañada, el equipo del municipio, y a los ocho años dio el salto al Rayo Majadahonda, donde coincidió con Lucas Hernández. Aquellos partidos de infancia, disputados a pocos minutos de su casa, fueron el germen de una carrera que acabaría llevándole hasta el Atlético de Madrid, el Villarreal y, finalmente, el Manchester City.
La seguridad ha sido siempre uno de los grandes reclamos de Villafranca del Castillo. La urbanización cuenta con vigilancia privada permanente y un sistema de videovigilancia perimetral que, según distintas fuentes vecinales, sitúa la zona entre las de menor tasa de incidencias de toda la Comunidad de Madrid. Ese ambiente protegido y discreto encaja con el carácter reservado que sus padres, Antonio, ingeniero, y Elena, directora de marketing, inculcaron al futbolista desde pequeño.

El propio Rodri ha reconocido públicamente que mantiene inversiones inmobiliarias en la capital, y que el ladrillo madrileño ocupa un lugar destacado en su patrimonio. «Invierto en lo que entiendo y el sector inmobiliario en Madrid es algo que siempre va a estar», explicó recientemente el jugador, licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universitat Jaume I de Castellón, carrera que compaginó con sus primeros años como profesional mientras militaba en el Villarreal.
La adolescencia de Rodri
No todo fue sencillo pese al entorno privilegiado en el que creció. En una entrevista concedida a El Hormiguero, Rodri relató uno de los episodios más duros de su trayectoria, el momento en que tuvo que abandonar Villafranca del Castillo y a su familia para instalarse en una residencia de jugadores en Villarreal, con apenas diecisiete años. Aquella decisión, según sus propias palabras, fue la más importante de su vida deportiva, y llegó acompañada de dudas sobre si merecía la pena seguir persiguiendo el sueño futbolístico lejos de casa.
Ese contraste entre la comodidad de la urbanización familiar y la exigencia del vestuario profesional forjó buena parte del carácter que hoy define al capitán de la selección. Compañeros y técnicos que lo conocieron en esa etapa coinciden en señalar una madurez precoz, la misma que le permitió compaginar los entrenamientos con los exámenes universitarios, viajando en ocasiones desde Manchester a Castellón solo para presentarse a una prueba y regresar el mismo día a Inglaterra.
Así es la casa de Rodri en Mánchester
Lejos del entorno donde se crio, Rodri ha optado por un estilo de vida mucho más sobrio en su ciudad de adopción. Su vivienda actual se encuentra en Salford, muy cerca del centro de Mánchester, en el edificio City Suites, un aparthotel de cinco estrellas donde también reside su entrenador, Pep Guardiola. Se trata de un apartamento de dos habitaciones con piscina cubierta comunitaria de dieciocho metros, spa, gimnasio disponible las veinticuatro horas y servicios propios de un hotel de lujo, muy alejado de las mansiones a las afueras que suelen elegir otros futbolistas de su nivel.
La elección responde, de nuevo, al perfil discreto y funcional que caracteriza al centrocampista desde sus años en Villafranca del Castillo. Allí vive junto a su pareja, a quien conoció durante sus estudios en Castellón, mientras el futbolista madrileño sigue manteniendo, según ha trascendido, parte de su patrimonio inmobiliario repartido entre Madrid y la costa española, un vínculo con su tierra que nunca ha querido romper del todo.


