Si el otro día pasaste por el centro de salud de Dehesa Vieja o pegaste un vistazo al tablón de anuncios de la estación de Cercanías, seguro que te topaste con un código QR y un titular que corta el hipo. El Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes acaba de poner en marcha un estudio-diagnóstico sobre salud mental y prevención del suicidio, y quiere que participes. Da igual si vives en la calle de la Granja, en Tempranales o pegado a la M-50: a partir de los 12 años, cualquier vecino puede contestar la encuesta. Y aunque suene a telefonillo, la cosa va en serio.
La cifra nacional asusta: casi 4.000 personas se quitan la vida cada año en España. Pero hasta ahora, en Sanse nos movíamos con estadísticas generales y poca foto real de lo que pasa en el bloque de al lado. Este estudio quiere saber qué factores de riesgo hay en cada barrio —Dehesa Vieja, el casco, la zona de la estación— y, sobre todo, qué elementos de protección funcionan para que alguien pida ayuda a tiempo. El Ayuntamiento lo dice claro: no se trata solo de contar casos, sino de entender cómo vive la gente su día a día.
Lo que el Ayuntamiento no sabía (hasta ahora) sobre sus propios vecinos
El estudio es totalmente anónimo y confidencial. Puedes rellenarlo desde el móvil mientras esperas el autobús 151 en la avenida de España o desde el sofá de casa. Hemos entrado en la web del Ayuntamiento de Sanse y también lo han dispuesto en varios puntos presenciales para quien prefiera el papel. La idea es que nadie se quede fuera, sobre todo los colectivos más vulnerables, que a menudo no aparecen en las estadísticas oficiales.
Una de las preguntas que más nos han hecho en la redacción es por qué ahora. La respuesta está en el Plan Municipal de Prevención del Suicidio que el consistorio aprobó en octubre de 2025. Aquel plan nació con buena voluntad, pero se quedó cojo sin un diagnóstico fino de lo que ocurre realmente en las calles de Sanse. Así que este cuestionario es la segunda pata: primero se escucha, luego se actúa.
De la consulta del médico al grupo de WhatsApp de la urbanización
Los responsables municipales no buscan solo respuestas individuales; quieren mapear la salud mental por zonas. Y tiene lógica: no es lo mismo el estrés de una familia que llega justa a fin de mes en un piso de la calle de la Libertad, que la soledad no elegida de un jubilado en un chalé de Fuente Hito. Con los datos en la mano, el Ayuntamiento espera afinar los recursos: desde talleres de prevención en institutos como el IES Juan de Mairena hasta un refuerzo de la atención primaria en los centros de salud.
Lo que no se mide no se puede mejorar, y en salud mental Sanse ha decidido medir con nombre y apellidos de barrio.
De hecho, fuentes municipales nos confirman que ya están peinando las primeras respuestas y que la participación está siendo desigual: los barrios más cercanos a la A-1 responden más que los del extrarradio. Algo que quizá tenga que ver con el perfil sociodemográfico, pero también con la facilidad de acceso a la información. Por eso van a reforzar los carteles en paradas de autobús y en las marquesinas del centro.
El plan de 2025 que fracasó sin datos, y por qué ahora sí puede funcionar
Contextualicemos: el Plan de Prevención del Suicidio de Sanse se aprobó en octubre de 2025 con bombo y platillo, pero en los meses siguientes apenas se notó en los presupuestos. Sin un mapa claro, las medidas se diluyeron en acciones genéricas. Ahora, con esta encuesta, el Ayuntamiento se juega poder demostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera. Y, de paso, presionar a la Comunidad de Madrid para que financie más plazas de psicólogo clínico en los centros de salud de la zona norte.
No es un caso único: en Pozuelo de Alarcón hicieron algo parecido en 2024 y lograron aumentar un 30 % las derivaciones tempranas a salud mental. Aquí, el precedente local más cercano es el programa de atención psicológica que se implantó en los institutos de Sanse tras el confinamiento, pero que se quedó corto por falta de seguimiento. Este estudio, en cambio, nace con vocación de continuidad y con un plazo de recogida de datos que se alargará al menos todo el verano.


