Qué ha pasado con Gavin Bonnar, el abogado relacionado con la reina Letizia que ha sido desalojado de su chalet de La Moraleja

El excuñado de la reina Letizia dejó La Moraleja con una deuda de 60.000 euros.

El martes 30 de junio Robert Gavin Bonnar terminó de sacar sus enseres del chalet adosado que llevaba ocupando en El Soto de La Moraleja desde que comenzó su relación con Telma Ortiz, hermana de la reina Letizia. Al caer la noche de ese día, los propietarios recuperaron las llaves y la posesión del inmueble. Así lo confirmó El Español tras el adelanto de la periodista Isabel González en el espacio radiofónico Es la mañana de Federico. Cerraba de ese modo uno de los episodios inmobiliarios más insólitos que ha protagonizado La Moraleja en mucho tiempo: el de un abogado irlandés que acumuló cerca de 60.000 euros en impagos de alquiler mientras mantenía una vida aparentemente sin sobresaltos dentro de la urbanización, conduciendo un todoterreno de alta gama y con su hija escolarizada en uno de los colegios de la zona.

Gavin Bonnar, conocido como Robert Gavin Bonnar, es un jurista irlandés de 59 años licenciado en Derecho por la Queen’s University de Belfast. Desarrolló una carrera ligada a la consultoría estratégica internacional que le llevó a ocupar la dirección general en Europa de Infinity Women’s Golf, a fundar y dirigir la firma RGB Corporate con presencia en Londres, Madrid y Ciudad del Cabo, y a trabajar para la multinacional tabaquera Imperial Brands PLC. También es autor del libro El cuarto poder. Su presencia en España se hizo pública a través de su relación con Telma Ortiz, hermana menor de la reina Letizia, con quien se conoció en Andorra en 2017. En aquel momento, Bonnar todavía estaba casado con Sharon Corr, violinista del grupo irlandés The Corrs, para quien también ejercía como abogado. Se separó de Corr en 2019 y formalizó su relación con la hermana de la reina Letizia, que se prolongaría durante seis años y de la que nació en 2021 una hija, Erin.

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La pareja eligió El Soto de La Moraleja para establecer su residencia. Alquilaron un chalet adosado en esa urbanización privada del norte de Alcobendas, con una renta mensual de 5.000 euros. Los propietarios aceptaron condiciones más laxas de lo habitual al formalizar el contrato, omitiendo los avales bancarios estándar que se exigen habitualmente en contratos de ese importe. El argumento fue sencillo: la posición social y profesional de la pareja, vinculada directamente a la familia real española, parecía garantía más que suficiente.

Los impagos de Gavin Bonnar

Lo que nadie anticipó es que los problemas comenzarían antes incluso de que se conociera la ruptura. Según la información publicada en su momento por la revista Lecturas, el impago del alquiler arrancó en mayo de 2025. La separación entre Ortiz y Bonnar no se hizo pública hasta septiembre de ese mismo año, lo que significa que la deuda ya acumulaba varios meses antes de que la ruptura sentimental fuera noticia. Telma Ortiz abandonó el domicilio el 11 de agosto de 2025 y se trasladó a un piso en el barrio madrileño de Tetuán. Bonnar, en cambio, permaneció en el chalet.

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Gavin Bonnar
Gavin Bonnar | Fuente: Agencias

Desde ese momento, la deuda fue creciendo mes a mes. Con una renta de 5.000 euros mensuales y más de un año de impagos, la cantidad adeudada ascendía a aproximadamente 60.000 euros en el momento en que la situación saltó a los medios en abril de 2026. Los propietarios habían intentado recuperar el inmueble en plazos anteriores, fijados primero en agosto y luego en septiembre de 2025, sin éxito. La fecha definitiva para el lanzamiento —la ejecución formal del desahucio— quedó establecida el 21 de abril de 2026.

Ese día no llegó a ejecutarse. Telma Ortiz, que también figuraba en el contrato de alquiler, presentó un recurso de apelación que frenó el proceso in extremis. Bonnar, por su parte, se había declarado formalmente en situación de vulnerabilidad económica, alegando que se encontraba en desempleo y que tenía a cargo a una hija menor de edad. La combinación de ambos factores —el recurso de Ortiz y la declaración de vulnerabilidad— suspendió provisionalmente el lanzamiento y prolongó la permanencia de Bonnar en el inmueble durante varios meses más. Luis Pliego, director de Lecturas, describió la situación con precisión: «Llevaba más de un año sin pagar, pero el ex sigue ahí. Ese dinero la propiedad no lo va a cobrar.»

Lo que llamó la atención de quienes seguían el caso desde fuera fue el contraste entre la situación económica que alegaba Bonnar y su vida cotidiana en La Moraleja. Fuentes próximas al entorno contaron al citado semanario que el abogado aparcaba habitualmente a las puertas del chalet un todoterreno de alta gama valorado en torno a los 70.000 euros, que su hija seguía asistiendo a un colegio privado de la zona y que entraba y salía de la vivienda con total normalidad. El propio Bonnar negó públicamente la cifra de los 60.000 euros y aseguró que las informaciones publicadas eran falsas.

El desenlace llegó estos últimos días, cuando los vecinos del entorno observaron movimiento de enseres en el adosado. El 30 de junio, Bonnar completó la mudanza. Quienes compartieron espacios con él durante ese proceso lo describieron como un hombre «muy correcto y educado», sin señales externas de dramatismo. La misma tarde en que terminó el traslado, la casa quedó vacía y los propietarios recuperaron el control del inmueble. Su intención, según informó Luis Pliego, es reformarlo y ponerlo de nuevo en el mercado de alquiler.

A fecha de hoy, se desconoce si existe algún acuerdo privado entre Bonnar y los propietarios o si el procedimiento de reclamación de la deuda sigue activo por la vía judicial. Tampoco ha trascendido a qué dirección se ha mudado el abogado ni en qué situación se encuentra su vida profesional actualmente. El caso deja además una historia paralela que merece mención: Sharon Corr, la exmujer de Bonnar, plasmó la ruptura de su matrimonio en la canción The Scorpion and the Fool, con referencias directas a «la hermana retorcida de la reina» y a alguien que llegó a «jugar a los papás y las mamás con mis hijos». Una letra que en 2021 fue interpretada ampliamente como una respuesta artística a su separación y a la relación posterior de su exmarido con Ortiz.

El chalet adosado de El Soto de La Moraleja que fue hogar de una de las parejas más mediáticas del entorno de la Casa Real española durante los últimos años está hoy vacío y a la espera de reformas. La urbanización sigue siendo la misma, discreta y protegida. Pero la historia que transcurrió entre sus calles arboladas durante seis años ha cerrado su último capítulo de la forma más inesperada: con una deuda impagada y una mudanza de la que los vecinos fueron los únicos testigos.

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