El escenario político en Alcobendas de cara a los próximos comicios municipales revela una profunda brecha de comportamiento electoral y de percepción ciudadana entre las zonas residenciales de las Urbanizaciones y el casco urbano tradicional, denominado en los estudios demoscópicos como el «Resto del Municipio» o coloquialmente como el «pueblo».
Mientras el Gobierno municipal mantiene niveles de apoyo sumamente sólidos en los núcleos residenciales de mayor renta, los barrios del centro de la ciudad dibujan un panorama mucho más disputado y crítico para la gestión de la actual alcaldesa, Rocío García Alcántara, según se observa con precisión milimétrica en el reciente Estudio Sociológico Municipal de Alcobendas, realizado por NC Report en abril de 2026.
El mapa de las urnas en el casco urbano
La primera gran conclusión del estudio sociológico apunta a una notable erosión del margen de ventaja del Partido Popular en el tejido urbano tradicional. El PP lidera pero con menor margen en el casco urbano, una realidad que contrasta vivamente con lo que sucede al otro lado de la autopista. Mientras que en las Urbanizaciones (que agrupa a La Moraleja, El Soto, El Encinar y Arroyo de la Vega) la formación popular roza la mitad de los apoyos concentrando el 49.0% de los votos válidos, en el «Resto del Municipio» la candidatura de Rocío García Alcántara se queda en un 44.8%. Aunque sigue siendo la fuerza más votada de forma destacada, este porcentaje abre una ventana de alta competitividad frente a la suma del bloque progresista, el cual encuentra en los barrios tradicionales su principal bastión electoral de resistencia.
Por su parte, el arco de la oposición y de las fuerzas minoritarias muestra dinámicas de fuerte polarización en este ámbito puramente urbano. El Partido Socialista (PSOE), liderado a nivel local por Ángel Sanguino, se estabiliza como la segunda opción preferida por los vecinos de los distritos del casco urbano, alcanzando un 28.1% de la estimación de voto válido, una cifra muy similar al 29.2% que cosecha en las Urbanizaciones de Alcobendas.

Sin embargo, el verdadero movimiento tectónico dentro del electorado del «pueblo» lo protagonizan los extremos del tablero político. VOX y Más Madrid son las fuerzas que más crecen entre los vecinos del centro urbano, aunque con motivaciones y perfiles de votantes radicalmente distintos. El informe demoscópico subraya de forma explícita que VOX sube de manera contundente hasta el 16.1% de la intención de voto en el casco urbano, superando de manera significativa el 13.9% que registra en los sectores residenciales periféricos. La formación derechista parece rentabilizar de forma directa las demandas vecinales ligadas a la seguridad y el descontento de ciertos sectores urbanos.
En el espectro de la izquierda alternativa, el crecimiento de Más Madrid en el casco urbano es igualmente llamativo. La formación encabezada por Mariano Cañas duplica su fuerza respecto a las Urbanizaciones, un entorno donde apenas registra un 4.9% de los votos emitidos, para dar un salto cuantitativo de relevancia y alcanzar un 9.6% en el resto de la ciudad. Con estos datos, Más Madrid se consolida como una fuerza eminentemente joven y de arraigo urbano dentro del municipio, capitalizando de manera directa la preocupación ciudadana por cuestiones estructurales como el acceso a la vivienda pública.
Examen a los líderes: Notas ajustadas en los barrios
Esta división de carácter territorial y urbano no solo se refleja en las siglas de las papeletas, sino que también determina de manera directa la valoración de líderes y gestión por parte de los ciudadanos de Alcobendas. La valoración media de los líderes políticos cambia de forma drástica según el código postal del encuestado.
La regidora de la ciudad, Rocío García Alcántara, mantiene el aprobado raspado en el casco urbano. La alcaldesa popular obtiene una nota media de 5.46 sobre 10 entre los vecinos que habitan en el «pueblo», un dato sensiblemente inferior a la calificación de 5.69 que le otorgan los residentes de las Urbanizaciones. Esta caída en la consideración de la primera autoridad municipal se asocia directamente a una mayor exigencia fiscalizadora de los distritos urbanos, donde los problemas de los servicios cotidianos se perciben con mayor agudeza. Elementos básicos como el servicio de limpieza viaria —que en el casco urbano puntúa con un modesto 5.13 frente al 5.45 de las zonas residenciales— o la seguridad ciudadana —que cae en los barrios centrales a un suspenso de 4.84 frente al 5.14 de la periferia— lastran la calificación de la gestión del equipo de gobierno popular.

En contraposición, los líderes de la oposición buscan hacerse un hueco en los barrios y registran allí dinámicas de aceptación mucho más amables. Aunque ningún candidato de la oposición logra rebasar la barrera del aprobado general a nivel global, es precisamente en el entramado urbano central donde mejor defienden sus liderazgos.
El socialista Ángel Sanguino (PSOE) obtiene su mejor valoración relativa en el casco urbano con una nota de 4.79, un dato que contrasta con el severo rechazo que experimenta en las zonas residenciales de mayor poder adquisitivo, donde cae hasta un 4.49. Una tendencia idéntica dibuja el candidato de Más Madrid, Mariano Cañas, quien encuentra su mayor espacio de confort político entre el vecindario del casco urbano tradicional con una nota de 4.05, desmoronándose su valoración media hasta un pálido 3.50 cuando se pregunta en el Distrito Urbanizaciones. Mientras que VOX, al mando de Fernando Montenegro, obtiene un 4.32.
En definitiva, el estudio evidencia que el casco urbano de Alcobendas opera bajo claves sociopolíticas diferenciadas. La brecha territorial sitúa al «pueblo» como un entorno mucho más exigente con el poder institucional, más permeable al discurso de los partidos en crecimiento y con una oposición que, bloqueada en los grandes núcleos residenciales, fía todas sus opciones de futuro a consolidar su influencia en las calles del centro urbano de la localidad.


