Vivir en los límites de una gran ciudad suele venderse como una ventaja gracias a la tranquilidad de la periferia con el acceso a los servicios de la capital. No obstante, para los vecinos de la Carretera del Mediodía, en El Encinar, la realidad se ha transformado en una pesadilla de jurisdicciones cruzadas. Mientras el Ayuntamiento de Madrid y el Ayuntamiento de Alcobendas se pasan la patata caliente de las competencias, una banda orzanizada de ladronas ha encontrado el lugar ideal con total impunidad.
En este sentido, el escenario que dejan en El Encinar es dantesco, con hechos que se repiten a diario. Los vecinos bajan a sus coches para comenzar la jornada laboral y se encuentran con una oleada de cristales rotos sobre el asfalto. Lo más graves es que no son hechos aislados, ya que se repite el mismo patrón diariamente.
Según denuncian los propios vecinos afectados, una banda de delincuentes recorre la zona con total libertad, sabiedno que la vigilancia es deficiente, y muchas veces inexistente. Asimismo, la sensación que dejan es un ‘pueblo sin ley’ de unos vecinos que ven cómo su seguridad personal y su patrimonio quedan desprotegidos por un fallo en el sistema administrativo que ni el Ayuntamiento de Madrid ni el de Alcobendas se hace cargo.
UN CONFLICTO EN EL ENCINAR QUE PAGAN LOS CIUDADANOS
El núcleo del problema reside en una paradoja cartográfica. Técnicamente, la Carretera del Mediodía pertenece al término municipal de Madrid. No obstante, por su ubicación geográfica y la trama urbana, existe un acuerdo de prestación de servicios con el Ayuntamiento de Alcobendas. En la teoría, este convenio debería garantizar que los servicios públicos lleguen con eficiencia; en la práctica, ha creado una zona gris donde nadie asume la responsabilidad final.
Cuando los vecinos llaman a la policía o solicitan mejoras en la iluminación y patrullaje, se encuentran con el clásico «ping-pong» institucional. Si contactan con Madrid, se les remite a Alcobendas por el acuerdo existente. Si contactan con Alcobendas, se les recuerda que el suelo es competencia madrileña. En mitad de este cruce de reproches burocráticos, los delincuentes campan a sus anchas.
La falta de presencia policial constante ha convertido a los coches aparcados en esta vía en objetivos fáciles, un autoservicio para los amigos de lo ajeno que saben que la respuesta oficial será lenta o se perderá en un laberinto de papeles
Este abandono no es solo una cuestión de seguridad ciudadana, sino también de dignidad urbana. La denuncia vecinal recalca que la Carretera del Mediodía parece haberse quedado fuera del mapa de mantenimiento que sí disfrutan otras zonas de El Encinar. Es la cara B de una urbanización que, en otras calles, presume de orden y estética, pero que en este punto específico muestra las costuras de una gestión negligente.

Por otro lado, la dejadez en la zona no solo se mide en delitos, sino también en el estado del mobiliario urbano y la limpieza. Los vecinos señalan con especial indignación la situación de los puntos de reciclaje. Hace un tiempo, se llevó a cabo un proceso de «embellecimiento» en la zona donde se instalaron estructuras para ocultar los contenedores y mejorar el impacto visual de la calle. Sin embargo, lo que se diseñó como una mejora se ha convertido en un foco de suciedad por la falta de mantenimiento.
El espacio donde se ubican los contenedores se ha convertido en un punto negro. La falta de limpieza regular y el descuido de estas estructuras «embellecedoras» ofrecen una imagen de abandono absoluto. Mientras el resto de El Encinar mantiene unos estándares de limpieza elevados, la Carretera del Mediodía parece ser el patio trasero donde nadie quiere mirar. «Los dejaron por fuera con el embellecimiento que hicieron para ocultarlos, pero por dentro es un desastre», lamenta un vecino afectado.
Los residentes no piden un trato de favor, sino la aplicación efectiva de los impuestos que pagan. La existencia de un acuerdo de prestación de servicios entre dos ayuntamientos de la importancia de Madrid y Alcobendas no debería ser una excusa para el abandono, sino una herramienta para la excelencia.
La solución pasa por una coordinación real y urgente. Los vecinos exigen patrullas preventivas que disuadan a los ladrones de cristales, pero también una brigada de limpieza y mantenimiento que devuelva a la Carretera del Mediodía al estándar de calidad del resto de la urbanización. Hasta que Madrid y Alcobendas no se sienten a definir quién debe apretar el botón de la acción, la calle seguirá siendo ese «pueblo sin ley» donde los únicos que se sienten como en casa son los delincuentes.


