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19 de noviembre de 2018
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Ramón Estalella y Manso de Zúñiga, el genio que hay detrás del Centro Comercial de Cuesta Blanca

Escrito el en Arte Diseño y Arquitectura

Si quisiésemos hablar de una persona brillante, interesante, aventurera, educada, amable, artista y probablemente genio, estaríamos hablando de Ramón Estalella y Manso de Zúñiga. Él, al igual que su padre, el pintor y diplomático Ramón Estalella Pujolá, se labró una carrera profesional y personal única, trabajando como arquitecto por todo el mundo y codeándose con intelectuales y compañeros de profesión de la talla de Miguel Fisac. Te contamos un pedacito de su Gran historia.

Sólo analizando sus apellidos, ya podemos intuir el ambiente en el que creció, probablemente su gran inspiración. Su padre, hijo de un terrateniente español en Cuba, hizo la carrera diplomática y estuvo al frente de la embajada cubana en Madrid durante la Guerra Civil española. Con valentía y mucha generosidad, dio asilo a centenares de personas de ambos bandos. También era pintor, teniendo contacto asiduo con artistas e intelectuales de la época como Joaquín Sorolla, Dalí y Ortega y Gasset, en las famosas tertulias del Café Pombo, del que era habitual. Ramón Estalella hijo creció en este ambiente, una mezcla cultural, artística e intelectual inmensa.

La familia de su madre no se queda atrás. Ella, Ana Manso de Zúñiga, era biznieta del príncipe de Vergara. Aún conserva un gran patrimonio de objetos, documentos y recuerdos de Baldomero Espartero, con una brillante carrera militar con la que consiguió ganarse los favores de la Regente María Cristina, siendo dos veces presidente del Consejo de Ministros y llegando a la jefatura del Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. Ha sido el único militar español con tratamiento de Alteza Real. Toda una leyenda que ostentó los títulos de príncipe de Vergara, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana y vizconde de Banderas, todos ellos en recompensa por su labor en el campo de batalla, en especial en la Primera Guerra Carlista.

El Centro Comercial de Cuesta Blanca
Después de cinco años trabajando como director de la inmobiliaria del Ministerio de Educación y Ciencias (participó en el proceso de construcción de la Universidad Autónoma de Madrid), y de haber cerrado su estudio de arquitectura pues lo consideraba incompatible con el cargo, Estalella se convierte en promotor. Hablamos de los setenta. Fue entonces cuando compró el cerrete que rodea el Colegio Suizo y los terrenos hasta Los Peñotes.

En su estudio de la céntrica calle de Núñez de Balboa, en un edificio que lleva su firma, podemos ver la maqueta original del proyecto del Centro Comercial de Cuesta Blanca, ubicado en este cerro. También se ocupó de la construcción de las primeras casas que hay yendo hacia el invernadero y de la residencia de mayores. Aunque lamenta no haber estado al frente de la obra, pues tuvo que irse a México por trabajo, recuerda con nostalgia el lugar, con un arroyo donde pescaba truchas y hasta unos hoyos de golf. Vemos en sus caídos pero inmensos ojos azules esa emoción al recordar aquellos tiempos.

También nos habla del impulso tan importante que tuvo La Moraleja mucho antes, inteligentemente llevado -según don Ramón- cuando se celebró un Campeonato del Mundo de Tiro de Pichón en 1949, al que asistieron muchos extranjeros e importantes personalidades de todos los ámbitos. Desde ese momento empezaron a invertir en la urbanización. Contándonos esta historia -tiene muchas que contar y no da abasto- descubrimos que Ramón Estalella y Manso de Zúñiga también ha sido Campeón de España de Tiro. No deja de sorprendernos.

Arquitecto y trotamundos
Volviendo a su maravilloso estudio en Núñez de Balboa, donde nos recibe, vemos nada más entrar una lámpara Fase, todo un icono del diseño español de los años sesenta y setenta, y un lujo que se vende al mejor postor, ya que dejaron de fabricarse en la década de los noventa. Sólo un buen arquitecto y artista como Estalella podría tener una en su recibidor. Las paredes están llenas de desnudos y óleos pintados por él y por su padre. También vemos fotos de sus proyectos, títulos y algunos artículos enmarcados sobre sus bonanzas como Campeón de España de Tiro. Todo un portento que no tiene un estudio, sino un gran museo de arte, antropología y arquitectura al que humildemente llama “Zulo”. Casualmente, grandes genios de la pintura y de la arquitectura llamaban “Zulo” a sus estudios, ¿por qué será?

Indagando un poco en sus proyectos profesionales, nos habla de sus trabajos en los sesenta. Por aquel entonces dirigió una serie de viviendas y edificios públicos en las provincias españolas en África, concretamente en el Sáhara Occidental y en Sidi Ifni. Estalella nos enseña sus maquetas y nos fijamos especialmente en las viviendas hexagonales que hizo en El Aaiún, para alojar a los nómadas y que irónicamente se empezaran a asentar. Fue todo un éxito que llamó la atención de otros países como Guinea Ecuatorial, que recelosos de este proyecto, llamaron a Estalella para que dirigiese “Poblados Modelo”, construidos durante la década de los sesenta promovidos por el Instituto Nacional de Vivienda de España y dirigidos por el arquitecto.

Formaban parte del Plan de Desarrollo para Guinea Ecuatorial y, por primera vez, se proyectaron conjuntos de viviendas y edificios comunitarios para la población autóctona, como una iglesia, la casa de la palabra, los locales comerciales, un edificio para correos y una fuente. Actualmente estas intervenciones forman parte indisociable de las ciudades y han logrado mantener la singularidad de su tejido urbano y su arquitectura.

Homenaje a su padre, Ramón Estalella Pujolá
Abrimos un libro con imágenes de Ramón Estalella Pujolá que procede de su Fundación, de la que precisamente su hijo es vicepresidente. Este terrateniente catalán ​se estableció en Cuba en los años veinte y se graduó en la carrera diplomática, cuando le destinaron a la embajada de Cuba en España con el grado de canciller. Anteriormente había estudiado pintura en Madrid.

Durante su etapa en la capital española entró en contacto con diversos pintores e intelectuales de la época, entre ellos Joaquín Sorolla (su primer referente en pintura), Federico García Lorca, Dalí, José Ortega y Gasset, Ramón Gómez de la Serna. Con todos ellos debatía y se divertía en interesantes tertulias en el Café Pombo. Ramón Estalella hijo nos enseña fotos de su padre con el cineasta Edgar Neville; y con Gómez de la Serna, íntimo amigo suyo. Una etapa en la que también colaboró como dibujante y portadista con las revistas La Esfera y Blanco y Negro.

Pero al estallar la Guerra Civil española, Estalella quedó al frente de la Embajada de Cuba como Jefe de Misión, por fallecimiento del embajador Pichardo. Su humanidad y coraje ha sido recogida documentalmente por Antonio Manuel Moral Roncal en Cuba ante la Guerra Civil Española: la acción diplomática de Ramón Estalella (Biblioteca Nueva). Y es que como diplomático cubano, dio asilo a muchas personas, se calcula que estuvieron asilados en la Embajada cubana unas 700 personas y durante la posguerra un centenar. Leyendo una crónica sobre esto en El País (26 noviembre 2003), coincidiendo con la presentación de este libro, el historiador Antonio Moral declaró: “Ramón Estalella era un hombre muy humilde, que no quería brillar por lo que consideraba una dedicación profesional y humana, que ayudó a mucha gente de derechas y republicanos, e incluso llevó a Portugal en el maletero de su coche a condenados a muerte”.

De esta anécdota, Estalella hijo recuerda viajar con un hombre escondido en el maletero, y de su madre dando golpes de vez en cuando detrás para verificar que seguía vivo, hasta que consiguieron pasar la frontera. Muchos años después, casualidades de la vida, en un campeonato de tiro coincidió con uno de esos hombres a los que su padre salvó la vida.

Fallecido en Madrid en 1986, un año después de su muerte se constituyó la Fundación Ramón Estalella para la recopilación y difusión de su legado -destacó por sus paisajes impresionistas, sus bodegones y desnudos- y la promoción de jóvenes artistas y pensadores de cualquier ideología y nacionalidad.​

Una vida llena de aventuras, conocimiento, arte, humanidad. Gracias, Ramón Estalella y Manso de Zúñiga, por contarnos su Gran historia y la de su padre.

Texto: María Couso – Fotografía: Luis Benolier.



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