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24 de septiembre de 2018
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Javier Girón de Velasco nos enseña la nueva clínica de Moonz en La Moraleja

Escrito el en Noticias

Pioneros en hacer que los niños vayan felices al dentista, ahora van más allá con un nuevo y espectacular espacio de fantasía en La Moraleja, a pocos metros de la antigua clínica, en Miniparc I. Aquí encontrarás la tecnología más puntera, los mejores profesionales y, por supuesto, el mágico mundo de Moonz para pequeños y mayores.

Un proyecto familiar que lleva más de 12 años en La Moraleja, y que cuenta con otros cuatro centros en la Zarzuela (Madrid), Marbella, Bilbao y Fulham (Londres). Es más, ésta última ha sido galardonada durante dos años consecutivos como la Mejor Clínica en Atención al Paciente y Mejor Equipo de Londres.

Javier Girón de Velasco Sada -odontólogo, director y alma máter de Moonz– nos explica los detalles de este nuevo proyecto haciendo un repaso por su trayectoria, filosofía y los tratamientos más innovadores.

Lamoraleja.com.- ¿Moonz acaba de reinaugurar una nueva clínica en La Moraleja?
Javier Girón.- Efectivamente es una reinauguración, porque es la evolución del centro de La Moraleja en el que ya llevamos 12 años. Nos hemos traslado a este espacio nuevo pero en el mismo complejo. La finalidad del cambio era ganar una amplitud que íbamos necesitando, pero además introducir las mejoras que queríamos.

Además, nos hemos trasladado a un edificio de carácter claramente infantil donde ya hay una guardería y habrá una escuela de idiomas, y muy probablemente un centro médico infantil. Teníamos que estar ahí. Nos sentimos centro de referencia de ortodoncia y esto implica, mucho orgullo por un lado, y autoexigencia por el otro.

LM.- Ya lleváis 12 años. ¿Han cambiado muchas cosas desde entonces?
J.G.- La realidad es que se han pasado muy rápido estos 12 años, y parece ayer cuando llegamos a La Moraleja. Yo venía de una clínica anterior y cuando llegué era perfectamente consciente de lo que quería y lo que no quería. En este periodo hemos ido creciendo y nuestros pacientes han sido partícipes de este crecimiento, viendo cómo se apuntaba más gente o cómo íbamos introduciendo aparatología -como los escáneres o la radiología en 3 dimensiones-, y ahora este nuevo centro. No podemos estar más agradecidos a la zona y a la gente que ha confiado en nosotros. Y verdaderamente no tratamos bocas, sino personas, y en la mayoría de los casos familias. Llevamos ya 12 años, pero es sólo el principio. Vamos a por muchos más.

LM.- ¿Cómo resumirías los beneficios de este nuevo centro?
J.G.- Es evidente que lo primero es la amplitud, y ese era uno de los motivos pero no el único. Al tener más espacio hemos podido radicalizar la zona de los niños y a la vez desarrollar la zona de adultos, donde tengan un momento de relax en las jornadas tan complicadas y estresantes que tenemos todos. Hemos podido ofrecer una sala mucho más preparada para la odontopediatría, y hemos podido introducir la sedación como solución a pacientes con miedo o situaciones complicadas. Estoy muy orgulloso de la zona de registros y estudio que hemos preparado, con todos los avances tecnológicos necesarios, y para ello necesitábamos espacio. Y por supuesto, influyó el hecho de que estábamos creciendo. Otro aspecto crucial para nuestros pacientes son detalles como el aparcamiento. Hemos garantizado 15 plazas de aparcamiento para los pacientes en la puerta del edificio.

LM.- ¿Qué valor añadido ofrecéis a vuestros pacientes?
J.G.- Precisamente la frase que creo que mejor define a Moonz es la de valor añadido. Todos los años hacemos un gran esfuerzo en estar a la última en aspectos científicos y técnicos o en servicio al paciente, que son las cosas que más les importan a los padres, pero también en la experiencia del paciente (niño o adulto). Esto sólo se puede conseguir en centros supraespecializados, que ha sido la apuesta arriesgada de Moonz en su día, y que nos ha dado tan buenos resultados.

Dicho esto, lo que comenzó como una demanda de los padres de nuestros pacientes ha acabado en una exigencia nuestra. Hace 3 ó 4 años la demanda más común en las encuestas rutinarias fue la de un odontopediatra (dentista infantil) para los niños que teníamos en ortodoncia. En este nuevo centro hemos conseguido poner horarios mucho más amplios, con todas las técnicas posibles en niños, incluida la sedación con un equipo fantástico de anestesistas, todo ello liderado por la Dra. Carmen León, con la que llevo más de 15 años trabajando de una forma o de otra.

Todo ello en un mundo diseñado para los niños, pero compartiendo valores con ellos como el compromiso o el esfuerzo. Valores por los que ellos obtienen recompensas en forma de regalos que incluso a veces donan a los que menos pueden. Para mí, todo esto es valor añadido.

LM.- Un camino lleno de éxitos y aperturas.
J.G.- Sinceramente, yo diría que es un camino lleno de ilusión y de esfuerzo. Es un modelo muy especial, con un nivel de implicación altísimo de todos los que estamos dentro, y que sólo valoramos si es éxito o fracaso cuando miramos para atrás… y no lo hacemos mucho. Sólo nos queda evolucionar, y en esa evolución nace Moonz como proyecto familiar. No puedo estar más orgulloso de Moonz y de la gente que lo compone.
LM.- Supongo que tu madre -la Dra. Myriam Sada-, fue tu fuente de inspiración.
Supones perfectamente. Es carisma y liderazgo y, siendo muy distintos en muchos aspectos, nos compenetramos perfectamente. Tenemos una relación materno-filial muy normal y muy sana, y a la vez tenemos una relación muy profesional.

Muchas veces es difícil en tu desarrollo personal tener progenitores potentes. Nosotros tuvimos nuestra catarsis cuando decidí volar por mi cuenta -sin que nos oiga- para intentar imitarla. La catarsis de entonces es lo que nos ha permitido juntarnos luego para crear este proyecto.

LM.-
Un negocio familiar que ya cuenta con cinco centros y un equipo de más de 30 personas, ¿cómo se gestiona eso?
J.G.- Es increíble cuando reflexiono sobre estos números. Son cinco centros (La Moraleja y la Zarzuela en Madrid, Marbella, Bilbao y Londres), todos ellos ya con mucha entidad, además de una oficina que hace un trabajo enorme y un laboratorio que si antes no tenían tiempo para comer, desde que mandamos todo de forma digital no sé si tienen tiempo para respirar. Esto hace un equipo de más de 40 personas para conseguir que cada paciente sea único. Te diré que creo que gestionamos francamente bien la parte de la familia en la empresa, en la que todos conocemos perfectamente bien nuestras funciones y hay confianza plena entre nosotros.

LM.- Acércanos al Método Moonz, podríamos decir que sois pioneros en hacer que los niños vayan felices al dentista.
J.G.- El Método Moonz no es más que elaborar el mejor producto que podamos hacer y verlo desde el mundo de los niños. Esto que parece tan sencillo exige mucha elaboración y esfuerzo, formación de todo el mundo para estar a la última en técnicas de ortodoncia e ir interpretando hacia dónde evoluciona nuestra especialidad, reinversión constante para poder aprovecharnos de las mejores tecnologías y equipos, y mucha psicología y cariño para que nuestros pacientes entiendan que este entorno está preparado para ellos.
Por ejemplo, en este centro de La Moraleja hemos instalado la zona de registros más evolucionada que yo conozco. Hemos invertido mucho en eso porque parte de un buen tratamiento comienza con un buen diagnóstico, y ahí no podemos escatimar. Incluso estamos elaborando ahora el MDS (Moonz Diagnosis System), que en breve tendremos en nuestros centros y que nos ayudará a sofisticar el diagnóstico y la comunicación con los padres.
La tecnología es sólo tecnología, y aunque haya mucha, la mayor parte del éxito del tratamiento depende de los profesionales, de los pacientes y de la relación entre ambos. Por eso es crucial también reinvertir constantemente en crear un espacio singular para los niños, en entender sus miedos y en desarrollar la flexibilidad necesaria para conseguir nuestros objetivos.
En definitiva, detrás de todo hay ciencia, publicaciones, investigación… pero lo que el niño ve es donde le apetece estar.

LM.-
¿Qué tal la experiencia de abrir en Londres?
J.G.- Tremendamente enriquecedora. Tengo que confesar que la curva de aprendizaje fue más dura de lo esperado, ya que nos tuvimos que adaptar a una legislación nueva y a costumbres distintas. No es que sea otro país, es que el mundo anglosajón es muy distinto. Pero una vez adaptados, vimos muchas cosas que aquí no hacíamos y que hemos incorporado a los centros de España y viceversa, hay muchas cosas que en ellos es impensable y que las hemos exportado. Creo que en ese aspecto hemos ganado muchísimo. Gracias al esfuerzo tan grande del equipazo que tenemos allí estamos disfrutando de unos momentos muy dulces en este centro.

LM.- ¿Vuestros tratamientos más innovadores?
J.G.- Las innovaciones vienen desde un punto de vista técnico, filosófico y médico. Probablemente la última gran revolución técnica es el escáner en 3 dimensiones. Ya es historia tomar las medidas con la pasta tan desagradable en la boca del paciente. Ahora mismo se hace con un escáner que toma miles de fotos por segundo y lo mandamos al laboratorio, donde tenemos unas impresoras en 3 dimensiones que lo imprimen y hacen el aparato oportuno. Si esto es revolucionario en odontología, imagínate en niños y mucho más si tienen alguna discapacidad o limitación.

Técnicamente también estamos muy contentos con la sedación en la consulta, que permite tratamientos complejos. Esto es tremendamente habitual en odontopediatría en Reino Unido y, sin embargo, por algún motivo en España se hace muy poca. Probablemente en el término medio esté la virtud. Filosóficamente, tenemos que adaptarnos a las exigencias de nuestros pacientes y tenemos que hacer tratamientos más estéticos, más rápidos y más cómodos. Esto significa ser conscientes del mundo en el que vivimos.

Es muy común que en pacientes adultos, para poder colocar alineadores invisibles, los preparemos antes con técnicas fijas como 2 ó 3 braquets o incluso unos microtornillos, de forma que luego se puedan corregir todos los dientes rápidamente.

También somos mucho más exigentes con nuestras fases ortopédicas entre 6 y 9 años, de forma que si posteriormente hay una fase de braquets sea lo más rápida posible, y que la adolescencia la pasen con la menor aparatología posible.

En lo que se refiere a nuestra relación con otros especialistas, la tecnología ha mejorado mucho la comunicación, conseguimos registros más precisos y en otros tratamientos como la cirugía somos capaces de coordinar las vacaciones de los pacientes -por ejemplo- para operar.
Como leí en una ocasión a un gran empresario español: “Calamar que no se mueve, se lo lleva la corriente”. Y en eso estamos en Moonz, y más que un cambio constante, me gusta pensar que es una evolución constante.

Moonz La Moraleja
C/ Azalea, 1 – Miniparc 1 (Edificio E, 2ª Planta)
El Soto de La Moraleja – Alcobendas
Tel.: 916 585 089
www.moonz.es



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