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La moraleja
30 de noviembre de 2020
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Chechu Biriukov, el ex jugador de baloncesto se reinventa

Sencillo, cercano y todo un caballero. Así nos recibió Chechu Biriukov en su restaurante de Las Tablas. Con un español casi perfecto y un ligero acento que delata sus orígenes, nos habla de su vida y trabajo sin tapujos. Este ex jugador de baloncesto llevó durante años la camiseta del Club Blanco y se codeó con grandes como Corbalán, Romay o los hermanos Martín. De esta etapa tiene muy buenos recuerdos, sobre todo de sus entrenadores, que le guiaron desde sus comienzos ya que vino a España con sólo 20 años desde la antigua Unión Soviética.

Un drástico cambio cultural que nunca fue un obstáculo para él, era un joven intrépido y muy independiente con una historia personal bonita e interesante que comenzó con su madre, una española que emigró a la URSS y se enamoró de un taxista ruso. De ella recuerda una gran frase: “haz deporte y hazlo bien, y así algún día podríamos volver todos a España”. Y así ha sido.

Biriukov nos cuenta cómo se reinventa un deportista profesional cuando se retira del juego, cómo se adaptó a España y lo importante que es su familia. Junto a su mujer ha emprendido un nuevo camino en el mundo de la hostelería abriendo Biriukov Bistró by Chechu, un espacio inundado de fotos de su vida, amigos, hijos, compañeros de baloncesto, de sus libros y recuerdos… Un restaurante preparado para que te sientas como en su casa. En cuanto a su carta, platos españoles, mexicanos y alguna sorpresa de la gastronomía rusa, como la famosa ensaladilla, ¡la auténtica!

Lamoraleja.com.- Qué hace un jugador profesional cuando deja el baloncesto. ¿Cómo se reinventa?

Chechu Biriukov.- Se renace como persona, por decirlo de alguna manera. Generalmente los profesionales siguen un poco el camino del deporte. Normalmente se convierten en entrenadores, algunos en agentes… Pero en mi caso ha sido distinto. Yo tenía unos amigos que trabajaban en el mundo de la televisión y montamos una agencia de representación que llevaba a actores y presentadores. Estuvimos activos durante 17 años pero con la crisis tuvimos que cerrar.

Hace unos 7 años mi mujer y yo nos vinimos a vivir a Las Tablas, y siempre pensamos en abrir algo juntos. Fue entonces cuando nos enfocamos en la hostelería y decidimos abrir un restaurante gracias al asesoramiento de un amigo y experto en el sector: Federico Fritzsch. Así se reinventa un jugador de baloncesto.

L.M.- ¿Qué personas marcaron especialmente tu etapa en el Real Madrid?

C.B.- Por supuesto, mi primer entrenador cuando llegué al Real Madrid en 1983. Lolo Sáinz me ayudó a adaptarme a España, al estilo de juego del equipo y lo más importante, confió en mí.  Gracias a él comencé a jugar, ¡y mucho! Otro entrenador que me marcó por su conocimiento del baloncesto fue el americano George Karl. A lo largo de toda mi vida deportiva una de las cosas que agradezco es que siempre he tenido buenos entrenadores. Y esto es muy importante para cualquier chaval que empieza, yo vine con veinte años y me dedico al baloncesto desde los diez.

L.M.- ¿Cómo ves ahora el baloncesto?

C.B.- Ha cambiado mucho todo. Nosotros entrenábamos en la ciudad deportiva y ahora son cuatro torres. El otro día vi un reportaje sobre las instalaciones para entrenar de los primeros equipos de baloncesto del Real Madrid y eran alucinantes. En nuestra etapa de deportistas no teníamos nada de esto. Sobre todo el área médica, la zona de recuperación de lesiones… Ahora el Real Madrid vive un dulce momento. ¡Llevamos un tiempo disfrutando de un equipo favorito!

L.M.- ¿Qué papel juegan tus padres a la hora de convertirte en jugador de baloncesto?

C.B.- Mi caso es un poco especial porque yo comencé mi carrera muy jovencito en la antigua Unión Soviética. Mis padres trabajaban, mi padre era taxista y mi madre como ayudante en un instituto de pediatría. No tenían tiempo para ocuparse de mí y una de las cosas que hacían las familias soviéticas era llevar a sus hijos a practicar algún deporte. Yo iba solo a mi escuela, a mis entrenamientos… tenía mi propia vida. Una de las frases que yo recuerdo de mi madre y que finalmente se cumplió fue: “haz deporte y hazlo bien, y así algún día podríamos volver todos a España”.  Y así ha sido.

Vinimos todos a España gracias a que mi madre era española y ese fue un poco el argumento, el retorno a su país. Porque si se hubiesen enterado (URSS) que tenía un contrato con el Real Madrid no me hubiesen dejado salir. Nosotros vivíamos bien, éramos privilegiados para esa época en Rusia, pero mi madre quería volver y cuando salió esto vimos la oportunidad de hacerlo.

Después tuve que esperar tres años para jugar en partidos internacionales, pero para volver a Rusia no tuve ningún problema. De hecho la familia regresaba de vacaciones.

L.M.- El cambio cultural cuando viniste a España fue importante. ¿Añoras Rusia?

C.B.- Cuando llegué no hablaba español y tenía que apañarme yo solito. Me pusieron una profesora que me iba explicando todo. Sigo teniendo acento pero aquí todo el mundo lo tiene: los catalanes, los extremeños… (Risas) Pero leo, escribo y domino el idioma, ¡porque me gusta!

En lo cultural era absolutamente distinto, no tenía nada que ver la vida en España con la vida de la Unión Soviética. De hecho, aquí se está mucho mejor que ahí.

Hace poco viajé a Moscú, llevaba siete años sin ir, y recordé porque me fui de ahí. Por el tiempo, la gente, la situación del país. Aquí las personas son mucho más alegres. Mi madre adora Rusia, pero una de las cosas con las que no podía era el tiempo.

L.M.- En esta última etapa has abierto un restaurante en Las Tablas: Biriukov Bistró by Chechu.

C.B.- En el restaurante tenemos fotos y recuerdos de nuestro pasado, de la familia, amigos, mis hijos, etc. Es todo muy familiar, como en mi casa. Hay muchos libros porque nos encanta leer. Aquí la gente puede ver cómo es mi entorno. Es la casa de los Biriukov.

En cuanto a la carta: tiene platos españoles y un par de propuestas rusas muy tradicionales, como los pelmenis, una especie de tortelinis rusos artesanos rellenos de carne de cordero, de pollo, de ternera o de cerdo; o la ensaladilla rusa, que es una de nuestras especialidades, pero la ensaladilla rusa que hay que hacer. Porque aquí se prepara con atún, pero eso no existe en Rusia. Ahí de toda la vida se hace con ternera o pollo, pero en la Unión Soviética era difícil encontrar carne, por lo que pasó a prepararse con mortadela. Así es como la hacemos aquí, es una receta de mi infancia, como la hacían nuestras madres y abuelas. También hay quesadillas mexicanas, huevos rotos… En el menú del día a veces incluimos alguna sopa rusa y estamos planeando meter nuevos platos de mi país en la carta.

Escrito por María Couso – Fotos de Luis Benolier

Carlos Tejedor y Kiko Simarro, las caras visibles del Grupo La Máquina

Carlos Tejedor y Kiko Simarro, las caras visibles del Grupo La Máquina, hacen un repaso por tres décadas de historia donde prima la cocina española, los platos de siempre, recetas sencillas ajenas a técnicas de vanguardia. En los últimos años su restaurante de la Plaza de La Moraleja se ha convertido en uno de los más populares de Madrid. Ahora se atreven con un gastrobar en el local contiguo: La Butiq.

¿Por qué el nombre de La Máquina?
Carlos Tejedor.- La historia comienza hace unos cien años, cuando se fundó en Asturias una casa de comidas. Su propietario era “Pepe el de la máquina”, fresador de explosivos sin vinculación alguna con las máquinas de tren que sirven de enseña en nuestros restaurantes. En 1982, su sucesor y mi padre abrirían La Máquina de Sor Ángela de la Cruz. Ahora tenemos quince en Madrid… y a Pepe, pero en este caso “El fabes”, nuestro cocinero experto en fabada asturiana.

¿Cuál es la historia del Grupo, tradición familiar?
C.T.- Sí, la historia se remonta a los años 30, cuando los abuelos Nemesio y Narcisa ponen en marcha una pequeña casa de comidas. Pero el verdadero iniciador es mi padre, Carlos, que con once años comenzó a trabajar. Viajó, vivió y trabajó en Suiza, Palma de Mallorca, Bilbao y Madrid, en distintas empresas del sector de la hostelería, la distribución y la alimentación. Hombre de principios, recto, observador y trabajador. Y así hasta hoy, que sigue controlando y atendiendo todos los días el negocio familiar.

¡La Maquina ya es toda una institución en la zona!
C.T.- Creo que todo arranca con la compra del producto, y eso se evidencia en el resultado final. Después hay que elaborarlo y hacer posible el milagro de que un simple chopito quede jugoso, fresco y suelto. Primero hay que saber comprar y segundo, el prodigio del cocinero, la sencillez de la excelencia, la mano sabia, la medida exacta… ¡Este es nuestro secreto!

¿Cómo definirían su cocina?
C.T.- Como un ejercicio de transparencia y un homenaje a la sencillez mediante la grandiosidad del producto. Somos defensores a ultranza de la cocina y las materias primas españolas. Los platos de siempre, recetas sencillas ajenas a técnicas de vanguardia, sin utilizar tecnología para alterar los productos. Como decía Néstor Luján: “La lubina no debe saber a solomillo, ni la alcachofa a cangrejo. Si así fuere, no estaríamos hablando de gastronomía, sino de magia o encantamiento”.

¿La especialidad de La Máquina?
Kiko Simarro.- Sin lugar a duda la ensaladilla y las colas de cigala, y una gran selección de mariscos y fritura.

Acaba de inaugurarse La Butiq en la Plaza de La Moraleja.
C.T.- Se trata de una coctelería donde tomar un trago a cualquier hora y acompañarlo de un picoteo informal, desde unas ostras o foie, hasta unas croquetas o bocatines.  Este nuevo espacio va dirigido a todos los bolsillos y edades. Empresarios, ejecutivos, universitarios… Ahora bien, el que lleve la cartera más llena posiblemente se lo pase algo mejor.

¿Y su decoración?
C.T.- Destacan los tonos dorados y una enorme lámpara que se extiende a lo largo y ancho de la gran barra cuadrada. Somos pioneros en abrir una barra en la que caben más camareros dentro que clientes fuera. ¡A veces también somos innovadores!

En los últimos años ha crecido la oferta gastronómica de la zona.
K.S.- Siendo una plaza gastronómica bastante joven, creo que podían haber sido más exquisitos en la repartición de los locales. Tal vez haber aportado más grupos consagrados y negocios menos parecidos para aumentar la oferta.

Tienen más de una docena de restaurantes, ¿algún otro proyecto a la vista?
C.T.- Este año llevamos cinco aperturas, las últimas, La Máquina de Gran Vía, en la novena planta de El Corte Inglés de Callao, con unas vistas espectaculares; y en Ponzano 39, lo que antes era Alborán, que ahora es La Máquina de Chamberí.

Escrito por María Couso – Fotos de Luis Benolier

Emotivo y multitudinario afterwork de El Sueño de Vicky en José Luis El Estudiante

Vecinos de La Moraleja y la zona norte de Madrid asistieron el pasado miércoles al afterwork solidario que organizó El Sueño de Vicky, para recaudar fondos para la investigación del cáncer infantil. Laura García Marcos, el alma de la Asociación, estuvo acompañada de su familia y amigos en un evento que fue todo un éxito, celebrado en el restaurante José Luis del Club El Estudiante, en Alcobendas.

No faltaron corners de sushi, nachos mexicanos, golosinas o animación infantil. Además de la emotiva intervención de su presidenta, que nos recordó la importancia de la investigación del cáncer en niños y del trabajo de El Sueño de Vicky a través de diferentes proyectos, pudimos disfrutar de actuaciones en directo como la del humorista Dani Delacámara.

Adriana Iglesias y Jorge Hilario, enlace idílico en El Encinar

Un lugar mágico con castillos hinchables, carritos de golosinas y una decoración elegante y muy romántica a cargo de  The Workshop Flowers. Así fue la boda de Adriana Iglesias y Jorge Hilario en Cabaña Marconi, El Encinar de los Reyes.

El 30 de junio se casaban acompañados de sus hijos y rodeados de amigos y familiares en una celebración que reunió a más de 180 invitados. La novia llevaba vestido y sandalias de Dior; y el novio, impecable, vestía un traje de Dolce & Gabbana. Entre los detalles, innumerables, destacamos las dos tartas de The Jewel Cake Company.

Escrito por María Couso – Fotos de Luis Benolier