La reforma era necesaria si se pretende dinamizar el mercado laboral.
Hay que pensar más en los que no trabajan, para darles más oportunidades de encontrar un trabajo que en los derechos que devenguen los afortunados que ya tienen ese puesto de trabajo, para el hipotético caso de que les despidan en el futuro.
Los costes de despido disuaden la implantación de empresas extranjeras en España y también disuade la contratación de personal por parte de las pymes. Nuestros costes sociales, tanto por los despidos como por las cotizaciones, son de los más elevados de Europa. Y eso no podía seguir así. Todo el mundo económico y financiero llevaba años diciendo que había que dar a esto un giro de 180º. Porque estaremos de acuerdo en que el actual marco laboral, no funcionaba, ¿No, ayr?, ¿O alguien piensa que todo iba muy bien y que la cifra de parados era asumible?
Por otra parte, las deducciones que plantea la reforma son muy atractivas para los empleadores, que ahora tienen un acicate para contratar que les puede hacer vencer las resistencia de la incertidumbre económica.
La reforma también facilita que las empresas más pequeñas puedan establecer acuerdos con sus tarbajadores, sin sometimiento a convenios colectivos, que flexibilicen su relación y faciliten la sustitución de despidos por otras medidas menos traumáticas, tendentes a proteger los empleos y la subsistencia de la empresa.
Todo comentado a grandes rasgos, pues la reforma es muy ambiciosa y muy profunda. Yo apuesto porque traerá resultados, si bien no de manera inmediata, sí en el medio plazo.